República Centroafricana: viaje al centro del olvido – Día 1

Post escrito por Marta Arias Robles, directora de Sensibilización y Políticas de Infancia UNICEF Comité Español

El camino para llegar desde Madrid a República Centroafricana es tortuoso.

Una larga espera en el aeropuerto de Casablanca, un avión en medio de la noche hasta Camerún para llegar finalmente a Bangui, donde te recibe 12 horas después de salir de Barajas una imagen dantesca: miles de tiendas destartaladas rodean la pista y dan cabida a casi 40.000 personas, más de la mitad niños menores de 16 años, que huyen de los combates permanentes que asolan algunos barrios de la ciudad.

Un viaje que es un símil perfecto de un país olvidado en el centro de un continente olvidado, asolado por un conflicto ignorado por la mayoría del planeta. Pero tristemente cercano para los 2,3 millones de niños afectados, o para el medio millón de personas desplazadas que sobrevive como puede en medio de unas complicaciones que me hacen sentir ridícula al recordar cualquiera de mis preocupaciones cotidianas.

República Centroafricana: un país olvidado asolado por un conflicto ignorado

Por eso, el equipo de UNICEF se desvive por atendernos y ayudarnos a entender su lucha diaria. Quieren que el mundo conozca el drama que aquí se está viviendo, para poder poner fin de una vez por todas a este horror.

De su mano conocemos en primer lugar el centro de desplazados de St. Saveur, donde atienden a casi 2.000 niños intentando que recuperen cierta normalidad en unos “espacios temporales de aprendizaje” en los que tratan de mantener al día sus estudios. Cabe recordar que todavía hoy casi la mitad de las escuelas permanecen cerradas por el conflicto y cientos de miles de niños seguramente nunca vuelvan a pisar un aula.

REPÚBLICA CENTROAFRICANA: LA demanda de asistencia pediátrica aumenta un 400%

De ahí nos dirigimos al hospital pediátrico de Bangui (y único en el país), que afronta el reto de ver su demanda aumentada de la noche a la mañana en un 400%, con motivo de la decisión del gobierno de brindar atención sanitaria gratuita a todos los niños de 0 a 5 años.

Lejos de asustarse, el equipo responsable del hospital recurrió a UNICEF para instalar unas tiendas de acogida provisional para los nuevos pacientes y nos enseñan orgullosos el sistema integral de tratamiento de la desnutrición, con el que han logrado reducir los niveles de mortalidad por debajo del 5%.

Pero todavía no hemos acabado y no todas las noticias son buenas. Terminamos el día volviendo al aeropuerto, esta vez a pie, para conocer por dentro el mayor campo de desplazados de la ciudad. En los peores meses del conflicto llegó a alcanzar los 120.000 ocupantes, hoy son “sólo” 37.000.

He revisado las fotos una y otra vez y ninguna logra transmitir la impresión que nos produjo a todos la visita. Familias hacinadas en medio de aviones antiguos desvencijados. Niños descalzos llenos de barro.

Y, en medio del horror, un trabajo poco visible pero esencial: agua potable accesible en media docena de puntos del campo. Letrinas y duchas para luchar contra el cólera y los ataques sexuales contra niñas y mujeres. Escuelas temporales y música que se cuela por un rincón. Porque en el centro del olvido también hay esperanza. Sólo tenemos que darles la oportunidad

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