Post-2015: el mundo comienza a tomarse en serio las desigualdades

Post de Sara Collantes, responsable de Políticas de infancia y desarrollo.

La distancia que separa alrico y al pobre es cada vez másgrande en todo el mundo. Y eso también afecta a nuestro país. La crisis económica que estamos sufriendo está haciendo que cualquiera entienda qué significa esto de la brecha de la desigualdad.

Creo que por eso el título del encuentro internacional al que asistí la semana pasada en Salamanca, La desigualdad en el debate post-2015, no precisa grandes definiciones.

Quizá solo habría que recordar que “post-2015” es el nombre dado al proceso del que se espera saldrá el nuevomarco internacional para luchar contra la pobreza y las desigualdades y avanzar hacia un desarrollo sostenible.

Decía que el mundo empieza a tomarse en serio las desigualdades porque, como recordaron algunos participantes en Salamanca, hace tan solo un año este tema no estaba en el corazón de los debates. Ahora sí. 

Yo comprendo que cuesta valorar los pequeños-grandes avances políticos, los que se producen en las grandes mesas, en los despachos de los primeros ministros o en encuentros internacionales como este. Pero hay que hacer un esfuerzo.

En este punto del proceso, existe un consenso mundial sobre la necesidad de hincarle el diente a la desigualdad.

194 países que están tomando conciencia de que, además de ser insultante, hablar de desarrollo sostenible con estos niveles de desigualdad es una auténticaquimera. Entre estos países estánGhana y El Salvador, pero tambiénReino Unido y España. Es una agenda de todos.

El cómo reducir las desigualdades viene después. A eso se consagraron expertos de Naciones Unidas, académicos, políticos y organizaciones de la sociedad civil durante estos dos días en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca.

La importancia de tener datos para abordar la desigualdad

Se habló intensamente cómo medir ladesigualdad y de la importancia de contar con datos que nos digan en qué situación vive la gente. Porque si no, ¿cómo asegurarnos de que las medidas que se toman benefician a todo el mundo y contribuyen a reducir las distancias?

No se trata de hacer diagnósticos grosso modo, a través de cifras absolutas y redondas. Se trata de usar multitud dedatos que nos permitan saber quiénes y dónde se encuentran las personas que todavíano beben agua potable, que no tienen acceso altratamiento del VIH o que no cuentan con un trabajo digno ni subsidio por desempleo.

¿Cuántas mujeres y hombres? ¿Cuántos viven en ciudades y cuántos en aldeas rurales?¿Están relacionadas sus carencias con el nivel de ingresos? ¿Afectan más a las personas indígenas? ¿Y a las que tienen alguna discapacidad?

Y el aspecto que subrayamos incansablemente desde UNICEF en el encuentro… ¿cuántas de estas personas son niños y niñas?

Estudios que hemos realizado recientemente en España ponen de manifiesto que las brechas de desigualdad son mucho más grandes en la población infantil. Esta realidad es fácilmente trasladable a muchos lugares del mundo.

Es impensable que nos planteemos atajar seriamente el problema de la desigualdad sin medidas específicas dirigidas a lograr que todos los niños y niñas disfruten de sus derechos. Sin exclusión ni excluidos.

Estamos en el buen camino, como comunicaba en Salamanca la Agencia de Naciones Unidas para el Desarrollo, pero no podemos bajar la guardia.

Todavía queda más de año y medio de negociaciones (hasta septiembre de 2015) para que los gobiernos fijen los “deberes” concretos que ellos mismos se van a poner para reducir las desigualdades.

Hay muchos ámbitos que hacen el mundo desigual (género, empleo, salud, educación, acceso a la energía, nutrición, vivienda, etc.) y demasiadas personas afectadas, especialmente niños. Por eso el esfuerzo será grande y nos implicará a todos. Ojalá nadie se baje de este tren en marcha