Otro hito vergonzoso: un millón de niños refugiados de Siria

Por António Guterres, Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados  y Anthony Lake, Director Ejecutivo de UNICEF

Hoy, otro niño sirio ha cruzado la frontera, huyendo del horror de una guerra que se encuentra en su tercer año de destrucción. 
 
Y en ese momento alcanzamos un hito global vergonzoso. Éste era el millonésimo niño forzado a huir de Siria desde que empezó el horror. 
 
 
Imagina a ese niño. Proveniente de una comunidad que está bajo la línea de fuego. Caminando, en ocasiones durante días, en busca de seguridad. Después, en el exilio, obligado a vivir en una tienda de campaña o en una chabola o en una tienda abandonada con su familia –si es que siguen teniendo una. Dependiendo del apoyo de las agencias humanitarias internacionales para sobrevivir. Torturado por los recuerdos de este terrible conflicto, vulnerable a la explotación, marcado por el trauma de una infancia que ha sido testigo de cosas que ningún niño debería ver. 
 
Esas cicatrices aparecen en forma de pérdida del habla, interrupción del sueño y comportamiento agresivo. La presión financiera puede llevar a los padres a mandar a sus hijos a trabajar en lugar de ir a la escuela, o, si es una niña, a casarla a una edad temprana. Este niño podría estar solo, separado del resto de su familia durante la huida. O quizás él o ella se convierten, de repente, en el cabeza de familia, con hermanos más pequeños a su cargo. 
 
Ahora imagina el futuro de ese niño, y el futuro de todos esos niños inocentes atrapados en medio del terror. Privados de poder ir a la escuela –privados, de muchas maneras, de su infancia. ¿Cómo se van a recuperar, e incluso desarrollarse algún día, para apoyar a sus familias y contribuir a su sociedad?
 
Muchos de estos niños están cabreados por la difícil situación que están soportando. Es triste para ellos y peligroso para la región. Porque son niños y jóvenes cuya ira y frustración probablemente reproducirán, en la siguiente generación, las divisiones y los odios de hoy.
 
Esa es una razón por la que, a principios de este año,ACNUR y UNICEF advirtieron de que toda una generación está en riesgo en Siria. Hoy repetimos esa alerta.
 
Más de la mitad de los refugiados que huyen de Siria son niños. Estamos haciendo todo lo posible para ayudar a todos y cada uno de ellos, sus familias y las comunidades que los acogen. También trabajamos para llevar ayuda a los 3 millones de niños vulnerables que están en especial riesgo dentro de Siria. Junto a los aliados de las organizaciones no gubernamentales y los grupos de la sociedad civil, seguimos trabajando para satisfacer las necesidades urgentes en los campos de refugiados y para ayudar a las generosas familias de acogida de los países vecinos.
 
Sólo este año, dentro y fuera de Siria, más de 10 millones de personas han recibido agua potable. Unos2 millones de niños han sido vacunados contra enfermedades mortales. Más de 250.000 niños han podido acceder a alguna forma de educación. Casi 170.000 han recibido atención psicosocial. Hemos registrado a miles de niños -dándoles una identidad-, y ayudado a los niños recién nacidos en el exilio para que puedan obtener certificados de nacimiento, evitando así que se conviertan en apátridas. Ya sea en  campamentos, pueblos o ciudades, la mayoría vive en refugios básicos pero seguros.
 
Pero las necesidades están creciendo más rápido que nuestra capacidad para responder a la difícil situación de todos estos niños. El plan de respuesta regional de refugiados de Siria ha obtenido, hasta la fecha, menos del 40% de los fondos necesarios.
 
Los niños sirios necesitan la acción de aquellos que hacen posible que las agencias humanitarias que estamos en Siria podamos llegar de forma segura y rápida a los más afectados. Y también la acción de los donantes - tradicionales y nuevos - que, además de su continua generosidad, son llamados a hacer aún más, para que lasorganizaciones humanitarias podamos aliviar el sufrimiento existente. Pero más que nada, estos niños merecen la acción de aquellos que tienen el poder de poner fin de inmediato a este conflicto y de acabar con todo el sufrimiento causado.
 
Un millón de niños. Un millón.
 
Seguro que los que participan en los combates, y todos los que tienen la capacidad de influencia para detenerlo, estarán de acuerdo en considerar que un millón de niños refugiados son demasiados. Ellos tienen los medios, y por lo tanto una responsabilidad particular de poner fin a este horror.