Mirelle y muchos más...

Post de Almudena Olaguibel, responsable de derechos de infancia UNICEF Comité Español
 
La semana pasada mientras participaba en el seminario Niñez en movimiento,organizado por la ONG Tierra de Hombres , no se me quitaba de la cabeza la sonrisa de Mirelle, la niña camerunense de 15 años que se ha convertido en la primera mujer en saltar la valla de Melilla.
 
Su historia pone cara a los 33 millones de niños, niñas y jóvenes menores de 20 años que según La Federación Internacional Terre des Hommes dejan sus hogares para cruzar fronteras y migrar.
 
El deseo de dejar tu hogar para buscar un modo mejor de vivir ha acompañado siempre a la humanidad. No sé si realmente el número de menores de edad que migra ha aumentado, o es que, gracias a la Convención sobre los Derechos del Niño de 1989, hemos tomado conciencia de que la edad sí importa, y que la especial vulnerabilidad de los niños, niñas y adolescentes “en movimiento” les hace merecedores de un tratamiento y una protección especiales.
 
A lo largo de la historia la comunidad internacional se ha querido dotar de herramientas para, por lo menos, llegar al consenso en una cuestión: el ser humano, por el sólo hecho de serlo, tiene una dignidad que debe ser respetada. No es casualidad que la Declaración de los Derechos Humanos se aprobara en 1.948, poco después de la II Guerra Mundial, una barbarie que avergonzó a los Estados, quienes se prometieron unos a otros, y a sí mismos, que esto no podía volver a ocurrir.
 
Es cierto que las barbaridades han seguido, y siguen, ocurriendo, pero por lo menos tenemos un papel firmado al que poder recurrir y que nos recuerda los límites que acordamos no íbamos a sobrepasar.
 

¿Y por qué una Convención sólo para los menores de 18 años?

Algunos consideraron que esta Declaración era suficiente para todos los colectivos, y por tanto que los niños y niñas no necesitaban un tratado especial sólo para ellos. Otros, en cambio, lucharon porque se reconociera que, tanto por la especial vulnerabilidad de los menores de edad, como por la importancia que tienen los años de infancia para el desarrollo de la persona, era necesaria una herramienta especial.
 
La aprobación de la Convención sobre los Derechos del Niño (1989) significa ni más ni menos que todos los niños en nuestro país (incluidas todas las Mirelles y todos los que intentan entrar) deben ver cumplidos sus derechos a la salud, educación y protección.
 
Quizá la historia de Mirelle nos ha conmovido porque ha puesto cara e historia a un drama cotidiano; pero también quizá ha sido por ese “algo” que hace 25 años consiguió el consenso internacional: la certeza de que ver a un niño o niña de quince años, que se encuentra lejos de su familia y en condiciones miserables, es algo que no podemos ni debemos tolerar.
 
Este post fue publicado en el blog de Campus 89, la comunidad universitaria aliada con UNICEF.