“Mamá, Daniel grande, Daniel alto”

Por Laura Rubio, Técnico de Alianzas de Comunicación de UNICEF España. El 17 de noviembre es el Día Mundial del Niño Prematuro.

Esta semana es especial en casa de Daniel, el mediano de tres hermanos. Por fin ha llegado el día de la revisión de los dos años en un hospital de Madrid. Es una revisión de protocolo, porque hace 27 meses nació a las 30 semanas de gestación y se quedó a unos gramos del kilo y medio. 
 
En el trayecto hacia el hospital Daniel está tranquilo y sonriente; sus padres, tranquilos… y pensativos. La ocasión remueve los duros recuerdos de aquel verano de 2010: la rotura de membranas en la semana 28 de gestación, el posterior “periodo de incubación” sin apenas poder bajar de la cama, el imparable nacimiento en la semana 30, la separación del bebé inmediatamente después de nacer, el reencuentro de madrugada en la UCI…
 
Tengo grabada la imagen de la recogida de la primera gota de leche materna con una jeringuilla diminuta, para luego verla, como quien contempla una gota de oro, viajando por la angosta sonda que llegaba hasta el pequeño e inmaduro estomago del recién nacido.
 
Después vinieron cinco semanas de ingreso hospitalario, con sus idas y venidas a todas horas para darle calor y alimentarle con leche materna; el bip, bip, bip, del monitor de saturación de oxígeno, el motor del extractor de leche materna, los nervios al cruzar el umbral de la puerta del nido por temor a que algo se hubiese complicado durante las horas de ausencia.
 
De todo ello no se habla ni se lamenta en la familia. Sólo se celebra el nacimiento y el progreso positivo. Quizás sea una forma de demostrar agradecimiento porque todo haya ocurrido en un hospital público de Madrid, donde los médicos están capacitados y cuentan con los medios necesarios para controlar complicaciones en el embarazo y el parto, donde lo normal es salvar vidas.
 
Si todo esto hubiera ocurrido en otro país, como en el que nací yo, México, quizás mi pequeño Daniel no estaría correteando ahora por los pasillos.
 

NACIMIENTO PREMATURO: Segunda causa de mortalidad infantil

Las complicaciones del nacimiento prematuro constituyen la segunda causa más frecuente de muerte en los niños menores de cinco años. Alrededor de un millón de niños prematuros mueren cada año (2.600 al día). Sin embargo, tenemos los medios para salvar a más del 75% de los bebés prematuros que fallecen, con soluciones sencillas y asequibles como el uso generalizado de los corticoides prenatales (ANC), que ayudan a los recién nacidos a respirar.
 
La revisión de Daniel fue un éxito: excede las expectativas para un niño de su edad, cronológica y corregida. Yo creo que él ya lo sabía, porque a menudo me mira y me dice: “Mamá, Daniel grande, Daniel alto”.
 
Muchos de los niños que sobreviven a un nacimiento prematuro, enfrentan una vida de discapacidades, incluyendo problemas de aprendizaje, y problemas visuales y auditivos.
 
Orgulloso porque sabe que lo ha hecho muy bien, el pequeño disfruta del premio que le ha dado la especialista: un chupa chups naranja.  Salimos del hospital todos juntos, cogidos de la mano, esta vez tranquilos y sonrientes.