La caracola de Evan

Por Lola Huete Machado, periodista de El País Semanal

No se oyen las olas del mar en el Guggenheim de Bilbao, pero se podría, por la cercanía. Se podría, siguiendo las líneas de la caracola que el niño maya Evan Cal sujeta en su mano; siguiendo las curvas del propio edificio de Gehry; siguiendo la ría, o el eco de las voces de los niños participantes de un taller en el museo que ahora mismo nos preguntan por la vida de Evan y la de los otros menores que aparecen en las fotografías de Isabel Muñoz, dentro de la exposición Infancia que ahora se abre (aunque reducida). “¿Qué oye él en la caracola? ¿Por qué los niños de Filipinas no miran a la cámara? ¿Por qué aquel de Níger lleva turbante? ¿Por qué Victoria abraza a su muñeca?... ”, nos dicen. La imagen de Evan, que es el cartel de la muestra, preside una de las salas del museo y se ha convertido en símbolo del estado de la infancia en el mundo.

Al mirarle no queda más remedio que pensar en el poso que estas imágenes dejaron en nosotros. Para mí, que estuve con Evan un día (y con otros muchos niños en el continente americano), es verle y visualizar de inmediato las montañas de San José, en Belice, allí donde Isabel Muñoz tomó su fotografía. Evan y sus amigos acababan de bañarse en la poza junto a sus casas. Él agarró la caracola y dijo: “Voy a escuchar”. Y nació ese instante.El instante. Fue un gozo estar allí, formar parte de este proyecto organizado por UNICEF y EL PAÍS Semanal durante seis meses de 2009. UNICEF puso a nuestra disposición la urdimbre para hacerlo posible en cada lugar, sirviéndose de esas redes de personas y ONG que son como tejidos compactos, eficientes. Sin su existencia y resistencia nada habría sido posible.

La idea era llamar la atención sobre el 20 aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño. Y se llamó. El monográficoNuestro pequeño mundo de El País Semanal se publicó en noviembre de 2009 recogiendo el trasiego constante de cinco periodistas junto a Isabel Muñoz por cuatro continentes tras los pasos de niños que habitan en 20 países. La exposición ha visitado ya cinco ciudades españolas. Y aquí estamos, Isabel Muñoz, Quino Petit y yo, años después, aun contándolo.

A veces revivir el pasado es un privilegio. Eso es lo que sucedió el pasado día 17 en el Guggenheim. Los niños de aquí, tiernos, despistados y preguntones, como los de las fotografías, nos escuchan y luego fabrican sus propios cuadernos de viaje. Viajan. Igual que nosotros hicimos un día. Van creando itinerarios e historias. Algunos inventan países imaginarios y les dan nombre: Afriropa, Eurofrica, Amerasia, Asiamérica… Recortan y pegan trozitos de las fotos en sus libretas. Uno de ellos destaca la caracola de Evan. Y le dibuja, al lado, las olas.