La ayuda llega… ¡Y tanto que llega!

Por Enrique Sánchez, chef y presentador de Canal Sur TV. 

Hace 2 semanas que regresé de Senegal. Exactamente 14 días desde que mi vida cambió para siempre de la mano de UNICEF.

Y no ha habido día que no tenga presente en algún momento todo cuanto vi y, sobre todo, todo cuanto aprendí y comprendí.

Vuelvo ahora la vista atrás y debo confesarles que fueron muchas las veces en mi vida en las quedudé del correcto destino de la solidaridad de las donaciones.

De hecho, en muchas ocasiones erareacio a colaborar autoconvenciéndome del oscuro final de mi dinero.

A día de hoy y si sirve de algo…lo siento.

Siento haber dudado de que con un simple mensaje de teléfono pudiera ser capaz dedevolver la sonrisa a unniño.

Siento no haber comprendido antes que la solidaridad no entiende dekilómetros, fronteras,religiones o idiomas.

Y siento profundamente que mientras me refugiaba en mi incredulidad, laluz de miles de niños de este mundo se iba apagando.

He necesitado 38 años y caminar junto a UNICEF para descubrir y entender el mundo real en el que vivimos. Y lo más importante, que está en nuestras manos poder contribuir para mejorarlo.

Créanme que enSenegal he conocido a muchoshéroes. Héroes de verdad. No de película. Héroes anónimos que no llevan antifaz ni capa; pero que se levantan todas las mañanas convencidos que pueden cambiar el mundo. Bien desde un hospital, un centro de acogida, desde un colegio… desde donde sea.

Porque la palabra solidaridad es tan grande que nos permite ser también héroes desde nuestra propia casa.

Porque usted también es héroe cuando con sus mensajes de teléfonosalva la vida a un niño que estaba destinado a morir por desnutrición.

O cuando su mensaje vacuna a una niña de esa enfermedad que se iba a cruzar en su camino.

O cuando unos hermanos pueden dormir debajo de una mosquitera que le compró un hombre a miles de kilómetros de distancia y que, sin ni siquiera saberlo, les ha salvado de contraer la malaria.

Son cientos de miles los héroes que a diario usan un solo lenguaje: la solidaridad. Por eso, mieterna gratitud a todos y cada uno de ellos.

Y a quienes siguen desconfiando como yo lo hacía. No les culpo. Pero sí lesanimo a que cambien. Les animo a que entiendan que con un simple mensaje de teléfono estamos contribuyendo a salvar la vida a los seres más indefensos, vulnerables e inocentes de este mundo: losniños.

Y no piensen que esto ocurre lejos, no piensen en el color de su piel, no piensen que hablan otra lengua. Piensen que son niños, que se merecen jugar, aprender y reír. Pero sobre todo, se merecenvivir.

Hoy vamos a demostrar todos, en este preciso momento, que la palabra solidaridad es una palabra que todavía sigue viva en muchos de nosotros.

Y para que no quede ninguna duda, permítanme decir gritando: ¡LA AYUDA LLEGA!