Hablemos de salud, hablemos de supervivencia

Ines Lezama es coordinadora del Proyecto de Lucha contra la Malnutrición Infantil en UNICEF-Mauritania. Este post lo ha escrito desde Guidimakha. Resulta que, en ocasiones, nos olvidamos de que la salud es algo más que un “estado de bienestar”; es sobrevivir, es desarrollarse, es SER. Cosas que nos pueden parecer tan esenciales y de fácil acceso: como vacunarse, ser tratado de enfermedades básicas, tener acceso al agua potable y a un saneamiento adecuado, en otros sitios no están disponibles en el tiempo.

 Y es que organizar campañas especiales y desplazarse para alcanzar a un número importante de niños y de niñas no es “la única” solución. Y aquí entra en juego el concepto de supervivencia. Para sobrevivir, cualquier niño o niña necesita un paquete de intervenciones curativas o preventivas, incluso antes de haber nacido. El éxito de las acciones en supervivencia, los cuidados de salud e higiene, tienen que ser ofrecidas como paquete a lo largo del ciclo de vida y de forma continua para poder salvar la vida.  Pero esto parece algo demasiado figurado. Cuando se está cerca de la realidad de la población de la región de Guidimakha o de Gorgol, uno percibe rápidamente esta necesidad. Hace unas semanas estaba en Kenikemou, un pueblo cercano a Selibaby, junto con el equipo sanitario móvil de un puesto de salud. Allí encontramos a Naye, una niña de apenas 3 meses de edad que detectamos que tenía un bajísimo peso: 2, 400 kg. Se trataba de un caso de malnutrición, debido entre otras causas a una lactancia materna incorrecta. Pero no nos debemos parar ahí; siempre hay que intentar indagar más, conocer las causas, estudiar el caso en profundidad. Se trata del quinto hijo de esta valerosa madre. Las excesivas cargas de trabajo de las mujeres y el hecho de tener que ocuparse de todos sus hijos, hace que la práctica adecuada de la lactancia no haya tenido éxito, Naye no ha recibido el pecho, el calor de su madre a la demanda. Además, debido a que otras personas cuidan del bebé y a que no puede amamantar todo el tiempo, se le van ofreciendo otras cosas de forma precoz que tienen un impacto negativo, como es el agua, que no siempre es óptima ya que el acceso al agua potable es difícil. A esto hay que añadir que, a su quinto embarazo, Awa sufría un buen desgaste físico y no tuvo un seguimiento adecuado, sin realizar las visitas médicas pertinentes. Por todo ello, Naye nació con un peso ya insuficiente. Círculo vicioso Estas causas y otras que desconocemos, pero intuimos, como el analfabetismo de su madre, la pobreza, la inseguridad alimentaria, y el escaso acceso a los cuidados de salud básicos, hacen que Naye entre en el círculo vicioso de la malnutrición. En esta ocasión ha tenido suerte, porque el equipo sanitario móvil le va a transportar al centro de recuperación nutricional del hospital de Selibaby, donde de forma adecuada van a mejorar su estado nutricional y a restablecer la práctica de la lactancia. Este es un ejemplo de ”actividad de proximidad”, pero yo me pregunto qué hubiera pasado si la familia de Awa hubiera hecho una correcta planificación familiar, si una vez embarazada hubiera seguido las 4 consultas prenatales mínimas, si hubiera dado a luz en un centro de salud en vez de en el hogar, si el pueblo dispusiera de agua potable, si la lactancia materna exclusiva fuera adecuada, etcétera. En fin, es probable que, si todas las posibles intervenciones hubieran sido brindadas, ese caso de malnutrición no hubiera existido: evitando, como en el de otros tantos muchos niños y niñas, llegar a un posible final no deseado. Aunque no es el caso, ya que Naye ha recibido los cuidados adecuados durante 3 semanas y ahora está de vuelta en casa, recuperada. Se sabe que se salva la vida de un niño o niña por la suma de intervenciones, ya que no podemos salvar la vida a cada vez. UNICEF-Mauritania aboga, junto con el Ministerio de Salud y otros socios, por la oferta de todos los servicios o intervenciones básicas que de forma eficaz mejoran la supervivencia de las personas. Es una prioridad en Mauritania, país con tasas de mortalidad maternas e infantiles muy elevadas. Por eso se está implementando la Estrategia Nacional de Supervivencia de la Infancia, con 42 intervenciones claves que se desarrollan en las comunidades, en las estructuras sanitarias de proximidad, en los centros especializados y en los hospitales. Pero, no pensemos que todas las intervenciones son acciones de “life saving”, ya que la mitad de ellas son intervenciones que buscan el cambio de comportamientos. Hay cosas básicas, como el lavado de manos en momentos críticos, que hasta ahora no habían parecido tan importantes, pero que ahora forman una pieza clave de un puzzle complejo: el puzle de la supervivencia. El compromiso de todas las partes es grande y los progresos empiezan a ser notables, aunque hace falta pisar a fondo el acelerador para alcanzar losObjetivos de Desarrollo del Milenio. Todos formamos parte de la red de actores en pro del desarrollo y todos somos corresponsables de lo que pasa en países como Mauritania, pero debemos cambiar nuestra forma de ver las cosas; la supervivencia no solo es dar una vacuna, dar medicinas. Es rentabilizar los contactos de la sanidad con los niños y las niñas, con sus madres y ofrecer un paquete de intervenciones de forma integrada, todas  las intervenciones a la vez.