'Fútbol para la vida': el poder de un balón

Por Laia Ruich, Responsable de Comunicación de UNICEF Comité Cataluña

En Tegucigalpa el fútbol no es sólo un deporte. Como sucede en otros rincones del mundo, es pasión y pura energía, y así lo sienten grandes y pequeños.

En Tegucigalpa, el fútbol también significa cambio. Y significa derechos. Varias veces por semana, en los barrios y colonias de esta ciudad se reúnen los chicos y las chicas  para jugar al fútbol. Todos ellos participan en Fútbol para la Vida, el proyecto que en 2002 fundó el exfutbolista de la selección hondureña Héctor Zelaya y que cuenta con el apoyo de UNICEF y una gran red de voluntarios. Un proyecto que llega a 15.000 niños y niñas de Tegucigalpa.

Héctor Zelaya es conocido en Honduras como Pecho, y nos recibe en el primer barrio que visitamos. Se llama La Joya y es uno de los barrios marginales de Tegucigalpa. Medio centenar de niños nos esperan tras una enorme pancarta: “Bienvenidos amigos. Fútbol para la Vida les saluda”, gritan entre risitas y aplausos. Tras este saludo, corren a preguntarnos sobre el Barça, el gran referente futbolístico en Honduras, y sobre Messi. Todos quieren ser Messi.

Nos sonríen, un poco avergonzados, y me invitan a jugar al fútbol con ellos. Jugamos y me dejan marcar algún gol.

Héctor Zelaya me cuenta que lo más importante es que mientras juegan no deambulan por la calle. El fútbol les hace desconectar de lainseguridad que se vive en sus barrios y aumentasu autoestima. Los hace más fuertes; es decir, no juegan sólo a fútbol, también aprenden y crecen.  

Al acabar el partido, los pequeños futbolistas se reúnen entorno a José Luis, Erica Nicole y Cristian. Son tres de los chicos de laRed de Comunicadores Infantiles –un proyecto enmarcado en los programas municipales de Infancia, Adolescencia y Juventud a los que apoya UNICEF-.

Los comunicadores realizan un taller de formación donde promueven los derechos de la infancia. También les hablan de lapeligrosidad de las maras, de laprevención del VIH/SIDA y de losembarazos no deseados. Estos tres chavales se convierten en los referentes del resto y los pequeños atienden sin pestañear. Escuchan y asienten. Y es en este preciso momento cuando el partido se gana, cuando la pelota entra en la portería, cuando todos juntos marcan un gol y el fútbol muestra todo su poder.