Filipinas: en pie frente a la adversidad

Por Diana Valcárcel, portavoz de UNICEF en Filipinas

Publicado en elmundo.es

 
En el camino entre el centro de la ciudad deTacloban y el aeropuerto se levanta un gran edificio amarillo; es San Jose Elementary School, la escuela más grande de Tacloban. Antes del tifón, eran 4.500 alumnos. En los últimos días están asistiendo en torno a 1.200. Unos han muerto, otros se han visto obligados a huir a otras ciudades y muchos alumnos no están viniendo por las condiciones climáticas de estos días. Se espera que el número de asistencia incremente a medida que deje de llover.
 
Tras pasar la entrada del colegio se accede a un gran espacio abierto, lo que antes era el lugar del recreo. Hoy en día es un lodazal que pelea por quitarse el agua de encima, pero la lluvia de los últimos 20 días hace muy difícil que se cumpla este deseo. Losniños cruzan de un lado a otro con el agua por las rodillas.
 
Monina Ezquierdo Grabino, de 43 años, es ladirectora del colegio. Es una mujer guapa, sonriente y positiva. Cuando le pregunto sobre el número de alumnos que murieron en el tifón me dice "75. 22 de ellos eran de infantil. Eran niños listos, lo estaban haciendo tan bien... Lloramos por ellos. Les echamos de menos". Pero su sonrisa sigue ahí, su fuerza sigue ahí.
 
Me pregunto muchos días de qué madera están hechas las personas en Filipinas. Me pregunto y también se lo pregunto a ellas. Su capacidad de resistencia, de aceptación, de lidiar con el dolor, su paciencia, humildad, su respeto, su educación y su agradecimiento a la vida son para mí cada día una meditación, un aprendizaje. "Yo creo que mucho tiene que ver en la manera que nos han educado en nuestras familias. Lo han hecho de una forma positiva, nos han enseñado a compartir, a ser fuertes. Hemos vivido muchos tifones, momentos muy difíciles".
 
Me sigue pareciendo milagroso el modo en el que cada persona que conozco ha asumido lo que le ha sucedido. La manera en que ha lidiado con estos sentimientos tan fuertes de pérdida, de desgarro, de dolor profundo.
 
"El marido de una de nuestras profesoras murió en el tifón. Un día soñó que estaba vivo. En sueños le vio de pie delante de la puerta, cubierto de heridas y él le decía a ella 'no te preocupes, estoy bien'. Ella corrió a abrazarse a él. A la mañana siguiente se dio cuenta que había sido un sueño. Ahorasolo desea soñar para verle otra vez".
 
Las historias de dolor y de pérdida en Tacloban son tan infinitas como las gotas de lluvia estos días. Son realidades difíciles de escuchar, digerir, compartir. Sonvidas rotas, pero no están rotas del todo. Para los filipinos, no todo acaba en esta vida. Viven con la esperanza de encontrarse con sus seres queridos en la vida futura, aceptan lo que les sucede aunque duela, piensan que alguien tiene planes mejores para ellos. Y sobre todo, sonagradecidos.
 

"SOMOS SUPERVIVIENTES"

"We are survivors. Somossupervivientes, no podemos más que dargracias por estar vivos", dice Monina con su habitual sonrisa en los labios.
 
El día que la visitamos habíamos ido a organizar una actividad con sus alumnos: pintar unos murales de agradecimiento a unos niños de un colegio de Liberia que habían recaudado fondos para los afectados por el tifón. Fue una mañana preciosa; presenciar elagradecimiento de los alumnos deSan José que pintaban preciosos murales para los niños de uno de los países más pobres de África. Niños que ayudan a niños.
 
En una de las aulas donde Monina explicaba la actividad a los niños, había goteras. Miré al techo: la mitad ya no está, se lo llevó el tifón y de momento está cubierto con lonas que no siempre aguantan una lluvia tan fuerte como la de estos días. Muchos niños van al colegio con botas katiuskas. Los que tienen, claro.
 
Antes de marcharnos, Monina nos invitó a su despacho. Tenía unregalo para nosotros y para los dos niños de Liberia que lideraron la iniciativa. Uno de mis compañeros, siguiendo puntualmente las reglas, dijo que no podíamos aceptar regalos. Yo dije que por supuesto aceptaba el mío, supe que no era un momento para contemplar reglas. "Pero esto no es un regalo", dijo Monina. "Este es un gesto de agradecimientodesde lo más profundo de nuestro corazón porque habéis venido a nuestro país a ayudarnos y nunca olvidaremos lo que estás haciendo por nosotros".
 
El regalo eran unas tazas en las que está escrito "Tindog Tacloban". Es el lema que la ciudad ha adoptado tras el tifón. Tindong significa en waray-waray, la lengua local, "ponte en pie". Monina es un claro ejemplo de personas que se han puesto de pie después de la tragedia. Un ejemplode lucha, de agradecimiento, deesfuerzo, impulso y de no mirar atrás. Gracias Monina. Gracias de corazón. Gracias por compartir el tesoro que llevas dentro.