Dos días en Dadaab

Por Raquel Fernández, Directora de Comunicación de UNICEF España

Viajar a terreno siempre es una lección de humanidad y de valores. Solo hay que mirar alrededor, todo el tiempo, jugar con los niños y hablar con los refugiados y con los trabajadores de la acción humanitaria en el mayor campo de refugiados del mundo (Dadaab, Kenia).

Dadaab está en Kenia, en medio de la nada, a unos 90 kilómetros de la frontera con Somalia, y reúne varios campos que se empezaron a establecer  hace más de 20 años para acoger a los somalíes que huían de la guerra y el hambre. Ahmadina y Mohamed eran dos niños cuando huyeron, ahora tienen 26 años él y 23 ella y trabajan ocasionalmente como traductores para UNICEF. Aprendieron inglés en Dadaab. Ahmadina es preciosa, la conocimos con la cara cubierta, pero al día siguiente la descubrió. Es feliz porque toda su familia consiguió llegar a Dadaab. Uno de los días en los que ha trabajado con UNICEF España en los campamentos el ritmo de trabajo retrasaba el momento de poder comer algo y nos disculpamos con ella, "es solo un día", nos dijo. Aun tenía la cara cubierta y sus ojos sonreían.Mohamed no recuerda el camino hasta Dadaab "era muy pequeño, sólo lo recuerdo como algo muy duro". Es alegre, sonriente, y está lleno de curiosidad ante las novedades. Oírle decir "los niños de Somalia quieren a UNICEF" ha sido una de las mayores alegrías profesionales y humanas de mi vida. También nos dijo: "si un día puedo volver a Somalia quiero trabajar con UNICEF por los niños". Creo que es el mayor reconocimiento (y muy merecido) que he oído sobre el trabajo de los profesionales de UNICEF y de las ONG locales a las que apoyamos en Somalia.         Gracias a su trabajo como traductores, hemos conocido la historia de muchas personas, de todas las edades, que habíancaminado una media de 20 días hasta llegar a Dadaab, a mujeres que habían sido violadas en el camino, a niños que han sobrevivido y tienen la misma sonrisa, la misma mirada y los mismos derechos que los niños del resto del mundo. Sus historias son comunes. El conflicto armado ya había colocado a las  familias en una situación difícil y la larga sequía les ha dejado sin agricultura y ganado, sin medios para sobrevivir. No tuvieron más remedio que dejar sus casas y se pusieron a caminar, dejando a niños, abuelos, madres y padres en el camino... Los que consiguieron llegar a Dadaad, a un ritmo medio de mil personas al día desde la hambruna declarada en julio, reciben asistencia de las agencias de Naciones Unidas y organizaciones humanitarias de todo el mundo, garantizando su subsistencia, su atención médica, vacunas, y escuela para los niños. Los trabajadores de la acción humanitaria en los campos deDadaab viven en tiendas de campaña y en algunas casitas para quienes permanecen estancias largas. Su vida aquí está dedicada a los refugiados, movidos por su compromiso con el ser humano, por la responsabilidad de hacer todo lo que esté en su mano, y en la de sus organizaciones, para que la acción humanitaria llegue a más personas. En Dadaab, más de 400.000 refugiados tienen cubiertas sus necesidades básicas gracias al trabajo de estas personas. Aún queda mucho por hacer, porque la dimensión de la emergencia supera los 13 millones de afectados en el Cuerno de África y porque hay lugares, en las fronteras y dentro de Somalia, a los que no tiene acceso la ayuda humanitaria. El trabajo que realizan día a día las organizaciones que trabajan en la zona consigue que, en un desastre humanitario de tal proporción,  las cifras no sean aún peores. Y este trabajo solo es posible gracias a las personas, empresas y gobiernos de España y de otros países, que deciden hacer alguna aportación económica a las organizaciones que trabajamos en la mayor crisis humanitaria de nuestro mundo actual. A todos ellos: GRACIAS