Cumbre de la Niña: unidos contra la Mutilación Genital Femenina

Post de Sara Collantes Mateos, responsable de Políticas de Infancia y Desarrollo UNICEF Comité Español

“La única forma que tengo de compensar las cosas que hice es convirtiéndome en activista y animando a todas las mujeres a unirse para acabar con esta práctica”. Sadjo ‘Kobaie’ Nyabaly, practicante tradicional de mutilación genital femenina en Gambia.

Está claro que ante la Mutilación Genital Femenina, no nos podemos quedar parados. Ni siquiera cuando nos invade la impotencia o la vergüenza. Hay que actuar.

Cumbre de la Niña: en Somalia 98 de cada 100 niñas mutiladas

Por eso hoy se celebra en Londres la “Cumbre de la Niña” organizada por el gobierno británico y UNICEF. Expertos y responsables políticos de todo el mundo discutirán cómo acabar con ella y con el matrimonio infantil. Dos auténticas lacras capaces de engullir la infancia - y en ocasiones también la vida - de millones de niñas en el mundo. Tenemos esperanza en que esta cumbre sirva para triplicar los esfuerzos, porque hacen falta.

En el caso de la mutilación genital de las niñas, la tendencia demográfica no juega en nuestro favor. Aunque la práctica esté disminuyendo, en 2050, 500 millones más de niñas y mujeres estarán viviendo en los 29 países de África y Oriente Medio donde se concentra. En países como Somalia, en el que 98 de cada 100 niñas son sometidas a este horror de tradición, el número de víctimas será prácticamente el doble. Pasaremos a nivel mundial de 133 a 325 millones de niñas y mujeres malviviendo con sus genitales mutilados. De verdad que esto no puede esperar.

La mutilación genital no sólo tiene que ver con corte y manipulación de tejidos corporales. Es un daño tan profundo, que lo invade todo. Es un daño que llega para quedarse.

Más allá del extremo dolor físico y psicológico que origina, las niñas que han sufrido la mutilación de sus genitales están en grave peligro de hemorragias, infección (también de VIH) infertilidad, enfermedades debilitantes, e incluso de muerte. Esta tradición ancestral hace añicos la infancia, pisotea los derechos de las niñas a la salud y a la supervivencia, y compromete el bienestar en la vida adulta.

Y mucho más, frena en seco el progreso. Una sociedad que permite esto no conseguirá jamás ser próspera. Sea esto o sea cualquier otra forma de violencia o discriminación contra las niñas y mujeres.

Leyendo los últimos informes de UNICEF sobre este tema, me sorprende mucho que en la mayoría de países, un altísimo número de personas de los dos sexos piensan que esta práctica tiene que acabarse. ¿Qué pasa entonces?

Cumbre de la Niña: cada año 3.600.000 niñas, sometidas a esta práctica

Entre otras cosas, pasa que la gente no comparte lo que piensa. La opinión se queda en el foro interno y nada más. Pocos lo van contando por ahí e implicándose en su erradicación. Y, mientras tanto, cada año, 3.600.000 niñas más continúan pasando por la peor pesadilla, la mayoría antes de cumplir los 5 años.

Hay muchas razones detrás y los padres suelen estar convencidos de que están haciendo lo mejor para sus hijas y sus familias. De otra manera, sería imposible comprender la resistencia al dolor de una madre en semejante escenario del horror. Hay miedo a ser rechazado socialmente, interés por preservar la virginidad, creencias religiosas o visión equivocada sobre la higiene… También se asocia a veces con ritos de pertenencia a la comunidad y paso a la edad adulta.

Todas y cada una de las razones son injustificables y ninguna debe prevalecer frente al respeto escrupuloso por la salud, la integridad, la vida y el derecho a ser feliz y desarrollarse de las niñas y mujeres. Se trata de un daño profundo, permanente y absolutamente innecesario.

Cumbre de la Niña: leyes tajantes contra esta práctica

Nos contó Meaza Garedu, una chica etíope de 14 años, que la operación le hizo mucho daño, le traumatizó y le llevó a no confiar en sus propios padres. Pero no se quedó ahí. Meaza se dedica ahora a sensibilizar en su comunidad sobre el sinsentido y consecuencias de esta práctica. Nos relataba emocionada cómo consiguió que una chica de su pueblo no la sufriera gracias a una conversación que ella mantuvo con sus padres.

El rol que juegan de las mujeres y niñas afectadas sensibilizando a las comunidades está siendo fundamental. Pero no basta. Hay que actuar en muchos frentes, por ejemplo, mejorando el acceso y la calidad de la educación para conseguir que los niños y niñas sean el motor que traiga el cambio definitivo. También es necesario que se adopten leyes tajantes contra esta práctica y, como están diciendo en la Cumbre, que nos impliquemos todos en programas e iniciativas globales que luchan contra la Mutilación genital realizada a las mujeres y contra la lamentable inercia social a pisotear a las niñas sus derechos.