Crisis en Siria: "Echo de menos a mis amigos, mi casa, mi escuela"

Melanie Sharpe, del equipo de UNICEF Canadá, está dando apoyo a la crisis de Siria desde la oficina de UNICEF en Jordania. Desde ahí nos escribe esta entrada especial para nuestra web en la que cuenta lo que han visto sus ojos y la historia de una niña que conoció en el campo de refugiados de Za’atari. El campo se abrió a finales de julio y actualmente acoge a 25.000 refugiados sirios. Cada día continúan llegando cientos de familias.

Campo de refugiados de Za’atari, Jordania, 10 de septiembre de 2012

Conocí a Malak, una niña de diez años, en la puerta de la tienda de campaña de su tía en el campo de refugiados de Za’atari, norte de Jordania.

Malak es como la mayoría de las niñas de diez años; le encantan los dibujos animados, jugar en el parque y sueña con ser profesora algún día. También recuerda los enfrentamientos violentos, misiles y aviones de cuando estaba en Siria.

Me contó que huyó de su casa de Dara’a con más de 50 familiares y vecinos. Dara’a es la ciudad en la quecomenzó el conflicto de Siria y donde continúa una fuerte violencia más de un año después. El viaje de Malak a la frontera de Jordania fue largo y difícil. Dice que tenían miedo de no poder llegar o de que les sorprendieran más enfrentamientos en el camino.

Cuando conocí a Malak era su quinto día en el campo de refugiados, situado en medio del desierto. El calor y las tormentas de arena constantes son, en algunos momentos, insoportables. El día que la conocí hacían más de 40 grados y las tormentas de arena eran tan fuertes que no se podía ver a más de dos metros. Todas las personas y todas las cosas estaban cubiertas con una capa gruesa de polvo.

Malak dijo que por fin se sentía segura. Le pregunté qué echaba más de menos y me dijo “mis amigos, mi casa y mi escuela”.

Cientos de niños como Malak han sufrido la interrupción en sus estudios por el conflicto de Siria. Ella terminó su cuarto curso el año pasado y, como la mayoría de los niños que están en Za’atari, está preocupada porque no sabe si podrá volver a estudiar. Gracias a UNICEF, el Ministerio de Educación y otros colaboradores en Jordania, lo hará.

UNICEF y sus aliados van ahora carpa por carpa en Za’atari para registrar a miles de niños en edad de ir a la escuela. Se construirá una escuela en el campo de refugiados y UNICEF va a formar a profesores y proveerá libros y otros suministros.

No obstante, a medida que aumenta el número de familias que llega a Za’atari, atender al número creciente de estudiantes no es fácil. Pero facilitar la vuelta a la escuela a niñas como Malak es un asunto crítico, no solo para su futuro, sino también para devolver una especie de sentido de normalidad a la vida de estos niños que han sufrido demasiado.