Ayuda refugiados: Zahra en el espejo

Viajó miles de kilómetros y vivió durante meses en distintos campos de refugiados de Turquía y Grecia.

Ahora cuenta los últimos días que le quedan en un campo improvisado situado en la frontera entre Serbia y Hungría. Si su familia y ella tienen suerte, en pocos días podrán estar en un nuevo campamento situado en el camino que les llevará hacia Europa Occidental, quizás en algún lugar entre Szeged y Budapest.

Zahra Inajatitiene 4 años y es de Afganistán. La única vida que recuerda es la que ha vivido desplazándose entre los diferentes campos de refugiados.

Nunca ha podido tener el pelo largo. Las condiciones en las que vivía eran precarias y a menudo tenía que dormir en el suelo, lo que significaba sol, lluvia y piojos cada día. Es por eso que Zahra nunca ha podido dejarlo crecer y su aspecto parece el de un niño.

Pero Zahra es unaniña. A la pequeña le gusta mirarse al espejo y a veces posa apoyando la cabeza en su hombro y se guiña un ojo a ella misma. Cerca de uno de los espejos del campo hay un grifo que deja correr el agua por un pequeño canal que lleva hasta un bosque cercano. El canal está lleno de agua sucia y restos de jabón que nadie se atreve a limpiar. El jabón y el agua hacen espuma y se forman arcoíris a través de los reflejos de la luz.

Zahra no mira el arcoíris, ella se observa en el espejo y a menudo fija su mirada en las puertas situadas en las vallas del campo donde policías húngaros permiten, esporádicamente, el paso a pequeñosgrupos de refugiados y migrantes para poder llegar hasta Hungría.

Cerca del grifo hay una ducha improvisada. Hay cuatro mantas que cubren las ramas del suelo y dan una cierta sensación de privacidad. Las mantas están sucias, mojadas y llenas de barro.

Ayuda refugiados: La única vida que recuerda es entrecampamentos

Zahra acaba de salir de la ducha junto a su madre, mientras su pelo corto se seca con el sol. Ha vuelto a vestirse con la misma ropa que llevaba puesta antes de ducharse, pero eso no parece importarle, ni siquiera piensa en poder usar una ropa diferente. Esto no es lo más importante para ella, lo más importante es la puerta que se ubica en la valla del campo de refugiados donde vive.

Los rayos de sol han secado la tierra humedecida por la lluvia de la noche anterior, pero sigue habiendo barro y resulta difícil no quedarse atrapado en él. En otras zonas aparecen grietas mientras la tierra se va secando poco a poco.

Un todoterreno blanco recorre el camino que lleva hasta el campo donde está Zahra. Puede oírse el sonido del motor y las llantas rozando contra la carretera convertida en un barrizal. De un modo u otro el coche logra avanzar, dejando atrás las huellas de los neumáticos y guiándose por las marcas que ha dejado un tractor hasta llegar al campo.

El todoterreno viene cargado decomida y productos de higiene. Los trabajadores humanitarios se encargan de distribuir cada paquete. La gratitud se expresa de diferentes maneras: algunos agachan la cabeza, otros dan un apretón de manos o se las llevan al corazón. Las miradas y los gestos hablan por sí solos, mucho más de lo que cualquier traductor podría hacer.

Hasta que no se descargan todas las cajas del coche, los niños esperan pacientes frente a él. Están acostumbrados a hacer eso. La vida encampos de refugiados les ha enseñado a esperar. Las cajas están repletas desuministros proporcionados porUNICEF. Hay camisetas nuevas y limpias dentro de su envoltorio.

Un hombre con barba de mediana edad ayuda a los niños. Se acerca a Zahra y le da una camiseta negra. Ella la acepta, mientras posa su mira en lacamiseta roja que el hombre tiene en su otra mano.Es una niña después de todo. El hombre  lo entiende y le entrega la camiseta roja que Zahra realmente quería.

Un post de Jadranka Milanovic, Responsable de Comunicación en UNICEF Serbia