África + hambre no vende

Post de Marta Arias, Directora de Sensibilización y Políticas de Infancia de UNICEF España publicado en El País

Me disponía a redactar una entrada sobre la India para la serie sobre turismo alternativo cuando los organizadores de este blog me dijeron –con razón- que era necesario cambiar de idea para centrarnos en la emergencia alimentaria que asola el Cuerno de África. Ellos mismos han entrado de lleno en el tema planteando algunos de sus muchos frentes, que retoman varios lectores con enfoques igualmente interesantes.

¿Qué puedo aportar yo en este contexto? Puedo hablar de los800 centros nutricionales de UNICEF en Somalia, en los que se ha atendido a más de 100.000 niñosdesde el mes de enero, puedo ofrecer imágenes y testimonios que nos permitan conocer un poco más de cerca la situación, puedo por supuesto hacer un nuevo llamamiento a la solidaridad de todos… pero tengo la sensación de que eso ya no es nada nuevo.  

Ciertamente, hace unas semanas era prácticamente imposible hacerse un hueco en la agenda informativa para hablar de ello:a los medios definitivamente no les resulta atractiva la combinación de los términos “hambre y Africa”, menos aún en verano, menos si tenemos noticias jugosas con las que competir (recuerdo todavía mi frustración cuando, al inicio de la crisis, me quedé a la espera de entrar en un importante programa radiofónico eclipsada por la penúltima noticia relativa al contexto político nacional).

En este contexto, casi casi me dan ganas de decir que la declaración de hambruna -muy bien explicado en qué consiste en el post del 22 de julio- ha sido una buena noticia, o al menos una ayuda… entendedme bien, por favor: la situación es dramática yllegar al nivel de alarma que implica la hambruna es terrible, pero realmente la situación en el terreno ya venia siendo de máxima alerta desde hace meses y sin embargo nuestra incapacidad colectiva -la del sector humanitario, me refiero- para hacernos escuchar ha sido manifiesta.

La declaración de hambruna obedece como ya se ha explicado a la superación de unos indicadores concretos, indicadores que sólo pueden obtenerse a partir de los

datos disponibles, es decir, a partir de la capacidad de intervención de las organizaciones en los puntos de atención establecidos. Pero, ¿qué pasa con todas las personas que no llegan? Los que se quedan por el camino, los que están demasiado débiles para poder cruzar las largas travesías hasta los puntos de atención… la situación real es siempre peor que lo que nos indican las estadísticas, a pesar de que a menudo se nos critique de lo contrario.

Es un recurso fácil el de acusar a las organizaciones humanitarias de tremendistas. También se ha hecho cuando hemos hablado del impacto del cambio climático sobre las sequías en Africa (recordemos que la que ahora padece la región es la peor en los últimos 60 años), o de cómo la crisis financiera en el norte estaba opacando el terrible drama de la crisis alimentaria y la escalada brutal del precio de los alimentos en algunos de los países más pobres (en algunas zonas de Somalia el precio de alimentos básicos ha subido hasta un 270% en tan solo un año).

Probablemente, esta sea otra de las grandes ironías de esta emergencia: el gusto amargo de que los hechos nos den la razón.
 

Puedes donar aquí para apoyar a UNICEF en la emergencia nutricional en el Cuerno de África.