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Un arco iris donde se necesite en Haití

A Jean Gardy le gusta rap y bailar break. Sueña despierto con hacer su propio vídeo musical. Su meta es ser contador y tener su propia mansión. El piensa en chicas, en la escuela, en sus amigos y en el significado de la vida. En muchos aspectos el es el típico adolescente. Excepto por una cosa: la madre de Jean Gardy y dos de sus tres hermanos son VIH positivas. “Me impresioné cuando ella (la madre) me lo contó hace dos años: no lloré, pero estaba impresionado. Me tomó dos semanas encontrar el valor para decírselo a mi hermano”.

Jean se sienta en la cama de uno de los cuartos que él, su hermano Joseph, sus dos hermanas Jessica y Ludmilla y a su madre comparten con otra mujer y sus cinco hijos en la afuera de la capital de Haití, Puerto Príncipe. Jessica de 13 años y Ludmilla de 6, son VIH positivas. Su hermana Vanesa de 8 años, no vive con ellos.

 
Jean GardyJean-Gardy Etienne, de 17 años, a la izquierda, observa a su hermano, hermanas y amigos sentados en el salón principal de su casa mientras ven caricaturas en un viejo televisor negro.
UNICEF/Haiti/Morel/2004

 

 

 

 

La casa de Jean tiene una estructura parcial de concreto. Cocinan afuera en una cocina carbón. El cuarto principal es húmedo y frío con una sola mesa de metal y tres sillas.
 
Esta tarde. Seis niños están apretujados en las sillas viendo las caricaturas en el pequeño televisor blanco y negro. Después dormirán en colchonetas sobre el piso de cemento. ERL resto estarán apilados en tres camas en el cuarto de la made de Jean.
 
“Aunque mi madre esta enferma, nosotros todavía vivimos la misma vida que siempre hemos vivido” dice Jean. Los libros de la escuela que están regados en las camas indican que al menos ha habido un gran cambio para la  familia y para Jean: ahora todos van a la escuela.
 
El podría estar un poco apenado por el hecho de que sólo va a octavo grado, y está en clases con “niños pequeños”. Pero él se siente orgulloso de ser un estudiante en un país donde un tercio  de todos los niños nunca han pisado un salón de clases.
 
El hecho de que tengan para comer una comida caliente cada día también los coloca a un lado de millones de niños haitianos que están desnutridos.
“Creo que es cierto que nuestras vidas han cambiado un poco” admite Jean mientras busca entre un poco de folletos de una bolsa que esta colgada en las paredes. Algunos están decorados con el listón rojo del SIDA.

 

Unicef Comité Español 2006
Con la colaboración de:   Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación. Agencia Española de Cooperación Internacional