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Sudán del Sur: las lluvias empeoran la situación de los desplazados

Fecha: 
Jue, 13/03/2014 (Todo el día)
13/03/2014 | Actualizada a las 13:36h |
Christopher Tidey, portavoz de UNICEF en Sudán del Sur

Post de Christopher Tidey, portavoz de UNICEF en Sudán del Sur. 

 
La tormenta llegó tan rápido y de una manera tan feroz que nadie estaba preparado. Me lo contaba Thot, de 20 años, al día siguiente, mientras las familias a nuestro alrededor trataban de encontrar un lugar sin agua y sin fango para poder secar sus ropas y colchones. 
 
“Estaba sentado con mis cinco hermanos y hermanas jugando en nuestra tienda de campaña, y de pronto….¡bum! La lluvia empezó a caer tan fuerte que parecía como si el cielo estuviera enfadado con la gente”.
 
“El suelo se llenó enseguida de agua y todas nuestras cosas (la ropa, la comida, los suministros…) se empaparon. Los pequeños tenían miedo, ¿pero qué podíamos hacer? Nos quedamos ahí sentados, hasta que la lluvia pasó”. 
 
Había ido a visitar uno de los campos de Juba, la capital de Sudán del Sur, donde 27.000 personas se refugiaron tras el reciente estallido de violencia en el país. Así que pude ver las consecuencias de la tormenta. La devastación causada en solo dos horas de lluvia era impactante. El suelo se había transformado en una sopa fangosa de escombros. La gente trataba de no resbalar y caer en el barro. Cada persona que miraba, niño o adulto, estaba tratando de salvar todo lo que podía.
 
Saliendo de la vía llena de fango que forma la carretera principal del campo, me aventuré entre el laberinto de caminos que discurren entre las hileras de tiendas de campaña y alojamientos. Pronto me encontré con barro hasta los tobillos, con charcos de agua sucia de por lo menos un pie de profundidad. 
 
Una constante procesión de mujeres y niños pasaba junto a mí, chapoteando en el agua mientras buscaban un terreno elevado en el que secar su ropa y sus sábanas al sol. Todos, incluyéndome ahora a mí también, estábamos sucios. 
 
Y fue en ese laberinto de caminos inundados donde conocí a Thot, que me llevó a ver qué había ocurrido en su refugio. La mayor parte del improvisado toldo que hacía de techo se había caído debido fuerza de la lluvia. El suelo estaba inundado. “No podemos quedarnos aquí, así que hemos cogido lo que ha quedado y nos hemos sentado en el camino principal del campo. No tenemos otro lugar al que ir, ni un lugar en el que dormir”. 
 
 “Nuestras casas están fuera del campo, aquí en Juba. ¿Pero quién podrá protegernos si volvemos?”. Me lo pregunta un hombre llamado Gar mientras trabaja con unos amigos apilando barro alrededor de las placas de plástico intentando hacer su refugio más resistente. 
 
Hay cerca de 740.000 personas desplazadas internas, incluyendo más de 400.000 niños, debido a la violencia, surgida tras la crisis política que estalló a final de 2013. Muchas de estas personas se han refugiado en terrenos bajos que son propensos a inundarse durante la temporada de lluvias (entre abril y octubre). 
 
Incapaces de volver a sus casas porque en ellas no se sienten seguros, los desplazados en el campo de Tomping –y cientos de miles más a lo largo de todo Sudán del Sur- se enfrentan al desastre. “Si en solo una noche la lluvia puede hacer esto”, dice un hombre mayor llamado Paul mientras señala las inundaciones en torno a nosotros, “¿qué ocurrirá cuando llueva cada día?”. 
 

Hay poco tiempo para actuar antes de que lleguen las lluvias

Lo averiguaremos pronto si no damos pasos urgentes para asegurar que los niños desplazados y sus familias pueden resistir la temporada de lluvias. 
 
La tormenta de hace una semana y el daño que ha causado en el campo de Tomping ya han demostrado que la falta de preparación ante las inminentes lluvias podría tener consecuencias catastróficas para los desplazados de Sudán del Sur. 
 
 “Con las lluvias cercanas en apenas unas semanas, nos queda muy poco tiempo para actuar”, declara el representante de UNICEF en Sudán del Sur, Steven Lauwerier.
 
“Las letrinas en los asentamientos para desplazados propensos a inundarse deben ser movidas a terrenos más altos; los suministros humanitarios, medicinas esenciales y suplementos nutricionales para los niños deben llegar antes de que las carreteras se hagan impracticables; y los niños deben ser vacunados urgentemente contra enfermedades que suelen aparecer en estas condiciones, como el cólera. Actuar ahora salvará vidas de niños en el futuro”.  
 
UNICEF y sus aliados están trabajando para ayudar a los niños vulnerables y sus familias a prepararse para la temporada de lluvias. Las acciones incluyen el pre-posicionamiento de suministros como alimento terapéutico listo para usar (un tratamiento para la desnutrición), el lanzamiento de campañas de vacunación contra el cólera y el sarampión, y el establecimiento de programas clave en lugares que probablemente quedarán inaccesibles durante las lluvias. 
 
Todavía se debe hacer más –y más rápido- para mantener a los niños desplazados sanos y seguros. UNICEF en Sudán del Sur ha hecho un llamamiento de 75 millones de dólares ( 55 millones de euros) para poder dar una respuesta humanitaria de emergencia en los primeros 6 meses de este año. Falta por cubrir el 80%. 
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Crisis de Siria: cuando la guerra no es de juguete

Fecha: 
Lun, 10/03/2014 (Todo el día)
19/03/2014 | Actualizada a las 13:58h |
Post de Blanca Carazo, responsable de proyectos de cooperación

Post de Blanca Carazo, responsable de proyectos de cooperación

El pelo repeinado hacia atrás, el gesto serio, y, entre las manos, una escopeta construida con trozos de madera. Un juguete. Samer (nombre ficticio) está listo para jugar a la guerra, ¿para jugar a matar?.

En una ciudad, Alepo, donde la guerra no es ningún juego, y en un país, Siria, donde desde hace ya tres largos años la violencia sacude sin miramientos la vida de Samer y de millones de niños y niñas, obligados a convivir con el dolor y el miedo, a abandonar sus casas y sus sueños y a contemplar como su mundo se derrumba bajo la metralla y las balas.

¿Tendrá una madre que tenga fuerzas para defender la  inutilidad de las armas?

Como una voz en “off” me escucho a mí misma diciendo: “No me gusta que juegues con armas”. ¿Se lo habrá dicho alguien a este niño? ¿Tendrá una madre, un padre, un tío, una maestra que aún tengan fuerzas para argumentar la inutilidad de las armas, y para defender la paz y el diálogo como vías para resolver las diferencias, cuando la violencia ha invadido sus vidas?

“Hay tiroteos y bombardeos todo el tiempo, al menos cuando yo estuve allí”- explica Niclas Hammarström, autor de esta y otras fotografías tomadas en Alepo – “pero la gente tiene que continuar con su vida normal.”

Siento escalofríos al pensar que “la vida normal” en la que Samer está creciendo incluye como lugar de recreo un solar destrozado por una bomba, como melodía de fondo el ruido de un tiroteo y como juguete preferido una escopeta de madera para defenderse o atacar.  Y me preocupa el punto en el que para estos niños “lo normal” sea la violencia, el miedo y la incertidumbre.

Me cuesta descifrar la mirada de Samer. ¿Qué habrán visto esos ojos oscuros? Hay una mezcla entre tristeza y resistencia, como si la ternura y la ilusión de ser niño estuvieran a punto de sucumbir ante una dureza necesaria para afrontar un mundo gobernado por la violencia.

Quiero pensar que encontraremos la manera, que no dejaremos que se pierda el brillo de la mirada de Samer y de millones de otros #niñosdeSiria, que seremos capaces de parar la barbarie y devolverles su derecho a estudiar, a crecer en paz, y a soñar con un futuro lleno de posibilidades.

Quiero pensar que no les escamotearemos la oportunidad de ser niños que puedan recuperarse del dolor y convertirse en adultos que construyan una sociedad mejor. Una sociedad en la lápices, cuadernos, balones, y bicicletas sustituyan a las escopetas (las de madera y, más aún, las de verdad).

Para empezar te propongo que, firmando aquí, unas tu voz a la de miles de personas en todo el mundo para  pedir el fin de la violencia contra los niños de Siria y sus familias.

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Crisis de Siria: sobrevivir en una ciudad fantasma

Fecha: 
Vie, 07/03/2014 (Todo el día)
07/03/2014 | Actualizada a las 14:50h |
Post de Belén Ruiz-Ocaña, editora web de UNICEF Comité Español

Post de Belén Ruiz-Ocaña, editora web de UNICEF Comité Español

Una familia deambula entre los escombros de una ciudad fantasma. 

Caminan por una calle vacía. A los lados, edificios derruidos. No hay gente. No hay casas. No hay comercios. No hay nada. 

En sus manos llevan bolsas, cestas, cajas. Tal vez todo lo que les queda. Quizá van arrastrando lo único que tienen

Están en la ciudad más grande de Siria, la más poblada del país. Alepo, que en 2006 fue nombrada capital de la cultura islámica. Hoy es objetivo de los bombardeos y la violencia

La vida es insostenible en Alepo. 

La imagen forma parte de una serie de fotografías sobre la guerra de Siria tomadas por el autor sueco Niclas Hammarström. Han recibido el Premio Foto del Año UNICEF 2013

"La gente tiene que vivir su vida como puede", recuerda el fotógrafo. "Tienen que buscar comida y comprarla. Tienen que ir al colegio, si está abierto, e ir a trabajar, si tienen un trabajo al que acudir. La gente trata de hacer una vida normal, pero es muy difícil cuando no tienes ni electricidad, ni agua, ni comida".

Por eso 2,4 millones de personas han abandonado ya Siria. Están refugiados en los países vecinos, donde tratan de reconstruir su presente y su futuro. 

No sabemos si la familia de esta fotografía se dirigía a otra zona de la ciudad. Si huían de un país en el que las esperanzas de futuro se van desvaneciendo. No sabemos dónde están ahora.

Pero sí sabemos que su imagen es el reflejo del dolor de millones de sirios que están sufriendo una guerra desde hace demasiado tiempo. Y no podemos cerrar los ojos a esa familia que deambula en una ciudad vacía, destrozada. Una ciudad que hasta hace poco se parecía a la nuestra. 

Por eso estamos alzando nuestras voces y pidiendo a la comunidad internacional que ponga fin a la barbarie y al dolor. A la violencia contra los niños de Siria y sus familias. Si quieres sumarte, déjanos tu firma aquí

 

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Bajo el fuego: una semana en Sudán del Sur

Fecha: 
Mar, 04/03/2014 (Todo el día)
06/03/2014 | Actualizada a las 18:21h |
Masumi Yamashina

Post publicado en Planeta Futuro de El País.

Por Mayumi Yamashina, de UNICEF en Sudán del Sur. 

No me había imaginado cuando empecé a trabajar con UNICEF como oficial de protección de la infancia, que enterrar cadáveres de niños sería algo que haría. Lamentablemente en Malakal, en Sudán del Sur, la semana pasada ayudé a enterrar a los muertos después de la violencia devastadora que sacudió la ciudad, penetrando incluso en el complejo UNMISS (misión de paz de Naciones Unidas en Sudán del Sur) donde los civiles se habían refugiado. 

Yo había llegado de la capital, Juba, el viernes 14 de febrero, compartiendo el sentimiento de optimismo entre mis compañeros de UNICEF y de otras organizaciones sobre lo que podíamos lograr para los niños y las familias desplazadas que viven en el espacio de Protección de los Civiles (PoC) de UNMISS y en los campos de desplazados cercanos.

Mi misión era colaborar con los trabajadores sociales para identificar a los menores no acompañados de entre los desplazados por la crisis que azotó al país en diciembre del año pasado, con el fin de ayudar a localizar a sus familias y asegurar cuidados de acogida para ellos. También nos estábamos preparando para crear espacios amigos de la infancia para que los niños estén seguros y puedan jugar. Nos sentíamos optimistas y teníamos un plan.

Eso fue el lunes. El martes, todo había cambiado.

Poco después de despertarme en mi tienda de campaña, la quietud de la mañana quedó destruida por los disparos. Los rumores que habían estado circulando sobre un posible ataque de la oposición a las fuerzas del Gobierno en Malakal, resultaron ser ciertos.

Corrimos hacia el búnker para protegernos de las balas perdidas, pero se estaba llenando rápidamente con las familias de la zona de PoC. Así que nos acurrucamos fuera esperando salvarnos. El tiroteo fue intenso y nos pareció que duraba horas. Si hubiera habido bombardeos cerca, pensamos que era probable que nos mataran.

La tensión en el campamento era alta y la lucha pronto estalló entre algunos de los hombres desplazados de diferentes grupos étnicos de la zona de PoC. Algunos utilizaban bloques de cemento y barras de metal como armas. Fue terrible.

Al caer la noche, todavía no había un lugar seguro. Nuestras tiendas de campaña no nos protegían de los proyectiles o las balas. Dormimos lo que pudimos y el miércoles por la mañana, nos despertamos de nuevo oyendo disparos fuera y peleas entre la población desplazada dentro del PoC.

Al final del segundo día del asalto, había 17 cadáveres en el interior del PoC, entre ellos, dos niños que habían muerto por causas naturales. No podíamos dejar los cadáveres sin sepultar y a la mañana siguiente me ofrecí para ayudar al personal de UNMISS a enterrarlos en el exterior del PoC. Mientras trabajábamos, vimos a niños de unos 10 años llevando armas de fuego. Estos niños soldados, sin duda habían sido testigos de la matanza brutal, o incluso ellos mismos habían matado.

Ese mismo jueves, más tarde, las fuerzas de paz que patrullan más allá del PoC y la ciudad de Malakal informaron haber visto incontables cadáveres, incluidos niños. Había cadáveres en el Nilo, donde las mujeres estaban recogiendo agua. Dijeron que algunas mujeres habían denunciado haber sido violadas.

A medida que se prolongaban los enfrentamientos en Malakal, comenzamos a quedarnos sin comida y agua. Algunos trabajadores humanitarios y mujeres que viven en el PoC arriesgaron sus vidas para coger agua del Nilo para las familias desplazadas del campamento.

El viernes, el tiroteo había disminuido y fuimos capaces de volver al trabajo. Traje agua y sales de rehidratación oral para los niños. Comenzamos a identificar a los niños no acompañados para mantenerlos a salvo, y a las víctimas de violaciones para iniciar los servicios de apoyo, incluyendo la provisión de la atención médica por parte de nuestros aliados. La adrenalina y un increíble espíritu de equipo nos hicieron seguir adelante en medio de estos terribles acontecimientos. Sabíamos que teníamos que seguir apoyando y protegiendo a los niños y familias que nos necesitan.

El domingo se autorizó finalmente un vuelo para ir a Malakal y yo pude volver a Juba. Hubiera querido quedarme, pero al mismo tiempo sabía que estaba al límite de mis fuerzas. Algunos amigos y colegas vinieron al aeropuerto de Juba cuando llegó el vuelo, y fue difícil contener las lágrimas cuando los vi.

He trabajado en Afganistán, en Sri Lanka durante el conflicto de 2009, en Zimbabwe y en China tras el terremoto de Sichuan de 2008, pero éste es el peor desastre humanitario que he experimentado. Es difícil imaginar lo terrible que es. Y, por supuesto, las mujeres y los niños son los que más están sufriendo.

La reciente devastación nos hizo perder semanas o incluso meses de trabajo en mantener seguros a las mujeres y a los niños de Malakal, y me preocupa que los combates se interpongan en nuestro trabajo por los niños.

Las necesidades en Malakal ahora son aún mayores. Tenemos que reunir a las familias que han sido separadas, identificar a los niños no acompañados para mantenerlos a salvo, y asegurar que las familias desplazadas tienen acceso a agua potable y atención médica. Tenemos que trabajar para que todo esté preparado antes de las inundaciones que la temporada de lluvias traerán en sólo seis semanas. Y tenemos que investigar las violaciones graves que se han hecho contra los derechos de los niños para que pueda haber alguna esperanza en la justicia y la reconciliación en el futuro. Es triste, es traumático y es peligroso. Pero junto con mis compañeros de UNICEF, estoy decidida a volver y pasar por ello, por los niños de Malakal, por los niños de Sudán del Sur.

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Sudán del Sur: una carrera contra el tiempo

Fecha: 
Lun, 24/02/2014 (Todo el día)
24/02/2014 | Actualizada a las 17:31h |
Ted Chaiban

Post de Ted Chaiban, director del programa de Emergencias de UNICEF. 

Es desgarrador ver la devastación sufrida por la gente de Sudán del Sur desde el estallido de la lucha hace dos meses. Más de 850.000 sur sudaneses se han visto obligados a huir de sus casas; sus familiares han sido asesinados o heridos; han perdido sus hogares y sus medios de vida. Más de 150.000 han abandonado el país.

Niños que deberían estar yendo al colegio han quedado huérfanos, perdidos, atacados y reclutados por grupos armados. Incluso los que permanecen con sus familias han visto cosas que no deberían haber visto, han experimentado una violencia de la que no deberían haber sido testigos. Cientos de miles de niños están desplazados, viviendo a la intemperie, enfrentándose a la enfermedad y a la desnutrición. No tienen un lugar al que ir y en el que sentirse seguros. No tienen un colegio que les devuelva una sensación de normalidad.

Y por si esto no fuera suficiente, la temporada de lluvias empezará dentro de unas seis semanas. En el mejor de los casos, las lluvias traen inundaciones, pero con más de 700.000 personas desplazadas a lo largo de todo el país –muchas de ellas acampadas en zonas que pronto estarán anegadas- estamos en una carrera contra el tiempo para prevenir una catástrofe.

Estamos llegando a los niños y sus familias con agua y saneamiento. Además estamos tomando medidas para elevar los pozos y las letrinas antes de que lleguen las inundaciones.

Estamos llegando a los niños con servicios de salud y nutrición. Estamos vacunándoles contra enfermedades como el sarampión, que puede ser rápidamente mortal en situaciones como ésta. Estamos proporcionándoles lugares seguros en los que aprender y jugar, y estamos reunificando a los niños separados con sus familias.

Estamos trabajando contrarreloj para llegar a más familias que necesitan nuestra ayuda. Para ello necesitamos tener suministros en el terreno, antes de que la temporada de lluvias empiece y haga las carreteras intransitables.

Sudán del Sur: se necesitan fondos

Necesitamos fondos para que esto sea posible. Necesitamos 75 millones de dólares (unos 54 millones de euros) para nuestro trabajo en Sudán del Sur, y hasta el momento solo hemos recibido el 15%. No podemos lograrlo sin estos recursos.

Puedo aseguraros que UNICEF hará su parte. Los miembros del personal de UNICEF que está trabajando en primera línea son héroes. Y no utilizo esta palabra a la ligera. Trabajan noche y día, y a menudo con gran peligro en lugares como Malakal, Bentiu y bor.

En Malakal, donde el control de la ciudad era disputado entre las fuerzas gubernamentales y antigubernamentales, nuestro personal dejó la seguridad de la base de Naciones Unidas para ir a la ciudad a conseguir suministros esenciales de nuestros almacenes, incluso cuando estos almacenes estaban sufriendo saqueos.

Hay oportunidades para Sudán del Sur. Los actores humanitarios se han unido de una manera impresionante para poder proporcionar asistencia urgente a la gente que más lo necesita. Con ayuda de nuestros donantes, UNICEF y sus aliados pueden evitar una tragedia mayor cuando llegue la temporada de lluvias.

Y a largo plazo, durante mi visita planteé la necesidad de avanzar hacia la reconciliación con los líderes políticos y de la sociedad civil con los que me reuní. Le deben al pueblo una solución pacífica

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La infancia perdida de República Centroafricana

Fecha: 
Jue, 20/02/2014 (Todo el día)
21/02/2014 | Actualizada a las 12:18h |
Pablo de Pascual, del equipo de UNICEF en República Centroafricana

Este post ha sido publicado en el blog 3500 Millones de El País 

François destaca entre la multitud de niños que se encuentran en uno de los mayores campos de desplazados de la capital de la República Centroafricana.

 
Este niño de 10 años lleva un gran coche de juguete que ha construido en dos días con materiales reciclados –madera, goma, latas y flores de plástico–. Es el único juguete que vemos durante nuestra visita.

François vive en el suelo de la iglesia más grande de la ciudad desde el 5 de diciembre, fecha en la que estalló la violencia en Bangui y casi dos tercios de los residentes tuvieron que huir a uno de los 65 campos de desplazados improvisados.

Nos cuenta qué es lo que más echa de menos de su antigua vida: sus hermanos y su hermana, que huyeron a la selva de las afueras de la ciudad; sus mejores amigos y profesores, que se dispersaron por diferentes campos de desplazados; y su escuela.

“Echo de menos aprender”, dice antes de describir el estado en el que se encuentra su colegio. “Se llevaron el tejado, ya no hay puertas y han robado todo lo que había dentro”.

En el último año los colegios de la República Centroafricana han sido saqueados, ocupados por grupos armados o personas desplazadas y dañados por balas y proyectiles.Todas las escuelas están cerradas en Bangui desde el 5 de diciembre.

Los niños como François llevan dos meses sin ir a clase, algunos incluso más, ya que la inseguridad ha provocado el cierre de muchas escuelas. UNICEF está trabajando para atajar esta situación, construyendo aulas temporales en los principales campos de desplazados para más de 20.000 niños de 3 a 18 años.

Regresar a la escuela es fundamental  para los niños atrapados en medio de un conflicto. Les permite recuperar una sensación de normalidad y estabilidad, y tener un espacio seguro para aprender, lejos de peligros como ser reclutados por fuerzas y grupos armados, el trabajo infantil, la explotación sexual y otras formas de abuso. Además, si no se recupera la educación al principio de una crisis, una generación entera puede quedar anulada para contribuir en la recuperación de su sociedad.

Los adolescentes corren mayor riesgo de dejar el colegio después de un conflicto. Niños como Benoit, a quien conocemos en una de las aulas temporales. Tiene 16 años y dejó de ir a clase hace 5 meses, cuando las fuerzas rebeldes se instalaron cerca de su casa. Debido a su edad, las probabilidades de ser reclutado por un grupo armado son mucho mayores.

Benoit, de 16 años, dejó de ir al colegio hace 5 meses debido a que los rebeldes se instalaron cerca de su casa. Por su edad, es más vulnerable al riesgo de ser reclutado por un grupo armado. “Uno de los grupos se llevó a un amigo”, cuenta. “Tenía miedo de salir de casa para ir al colegio”.

Benoit nos dice que está muy emocionado por volver a clase, aunque sea debajo de un toldo de lona en el campo de desplazados.

“Siento que estoy olvidando cosas”, afirma. “Quiero continuar estudiando y llegar a ser una persona responsable en este país”.

Las aulas temporales no son el único lugar donde los estudiantes pueden ponerse al día tras varios meses sin ir a la escuela. También son lugares seguros donde pueden expresar sus sentimientos sobre lo que han visto y donde los profesores pueden ayudarles a sobrellevarlo. Anne, una maestra experimentada lo tiene claro: “Me gustaría asegurarme de que no actúan con violencia y venganza, sino con honestidad y amabilidad. Un país sin educación no tiene futuro”.

 

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Crisis de Siria: Adnan trabaja para mantener a su familia

Fecha: 
Jue, 20/02/2014 (Todo el día)
28/02/2014 | Actualizada a las 09:21h |
Fatima Azzeh

Con trece años, Adnan tiene suerte de estar vivo. Es un superviviente de la violencia que ha asolado su ciudad natal: Homs, en Siria.

Hace casi dos años, fue disparado por un francotirador mientras jugaba frente a su casa. Fue herido en el brazo. Después del ataque, su familia decidió quedarse en Siria, pero como la escalada de violencia no cesaba, tuvieron que huir a Jordania.

Adnan y su familia han estado viviendo en el campamento de refugiados Baqa'a, a las afueras de Amman, durante los últimos 18 meses. Su padre fue capturado y torturado en Siria y no puede trabajar. Por eso Adnan ayuda a sus padres y a sus tres hermanos trabajando en una tienda local de reparación de electrodomésticos.

Adnan nos cuenta: "Yo trabajo para obtener el dinero para mi familia, para ayudarles, pero no me gusta. Me gusta estudiar. Cuando tengo algo de tiempo libre, voy a estudiar, ¿qué más puedo hacer? ".

Después de perder dos años de escuela, Adnan ha vuelto recientemente a clase. "El primer año aquí en Jordania no me aceptaron, ya que no estaba inscrito cuando se inició el año escolar. Mi madre esperó al siguiente semestre y ahora estoy matriculado. Quiero estudiar en la universidad y convertirme en ingeniero", explica.

Crisis de Siria: Adnan desea volver a casa

Este adolescente tiene un horario agotador. Va a la escuela por la mañana y trabaja por las tardes. Por lo general regresa a su casa alrededor de la medianoche, momento en que se alegra de que termine el día. "Me siento aliviado al final del día, cuando acabo de trabajar. Todo lo que quiero hacer es dormir. Cuando estábamos en Siria, nuestra situación era diferente. Yo solía estudiar y jugar. Aquí, estudio y trabajo ", argumenta Adnan.

Adnan sonríe ante la idea de tener más tiempo para jugar. "Me gustaría tener un montón de tiempo libre. Me gustaría estudiar y terminar todos mis deberes, entonces me gustaría jugar hasta que me aburrierra". Adnan solía ​​jugar en un Espacio Amigo de la Infancia de UNICEF, pero ahora rara vez tiene tiempo.

Ve a sus amigos en la escuela o durante  algún día libre. "A veces los viernes tengo tiempo para jugar al fútbol con mis amigos o voy a casa de mi amigo - él tiene ordenador, así que jugamos a juegos de carreras juntos". También le gusta dibujar cuando tiene oportunidad.

Adnan dejó Homs sólo con la ropa que llevaba puesta y los sueños de todo lo que dejaba atrás: "Ojalá pudiera volver a Siria, volver a mi hogar. Ese es mi deseo", concluye Adnan.

Es el mismo deseo que tienen los 1,2 millones de niños refugiados que han tenido que abandonar Siria

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Malala Day: jóvenes de todo el mundo por la educación universal

Fecha: 
Jue, 11/07/2013 (Todo el día)
11/07/2013 | Actualizada a las 16:22h |
Post de Rodrigo Riaza, Representante de UNICEF Comité Español en el Malala Day
 
El 12 de julio tendré la oportunidad de juntarme con jóvenes de todo el mundo en la sede de Naciones Unidas en Nueva York. Las jornadas de Malala Day buscan mostrar el impulso que puede dar la juventud por la educación infantil.
 
Al ritmo que se está avanzando no cumpliremos el Objetivo de Desarrollo del Milenio (ODM) marcado para 2015 de garantizar el derecho a la educación a todos los niños y niñas. Por ello, es necesario que se haga un llamamiento a todos los gobiernos, organizaciones y personas, para así poder cumplir dicho Objetivo. Este es el propósito que nos hemos marcado, a través de la iniciativa del Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon y Malala Yousafzai
 
Voy seleccionado por UNICEF Comité Español porque me siento identificado con esta causa. Para mi, la educación de las nuevas generaciones debe de ser una prioridad, ya que es lo único capaz de romper el circulo de la pobreza. La educación me ha dado todas las oportunidades que he tenido y todas las que podré tener en el futuro. Por ello, siento la obligación de luchar porque este derecho no le sea privado a nadie.
 
Para mí es un honor poder estar presente para representar a UNICEF. Y aunque no todos podemos estar presentes, si podemos poner nuestro granito de arena. Os invito a todos a participar online en Twitter con el hashtag #MalalaDay para dar fuerza al mensaje. Realmente es un causa por la que vale la pena luchar
 
Opina y mándanos tus preguntas y comentarios a @unicef_es #MalalaDay
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La grandeza de las personas

Fecha: 
Lun, 29/10/2012 (Todo el día)
29/10/2012 | Actualizada a las 09:35h |
Por Raquel Fernández, Directora de Comunicación de UNICEF España

Por Raquel Fernández, Directora de Comunicación de UNICEF España

Hay una constante, repetida cada día de mi vida, en casa, en la calle, en el trabajo: la grandeza de las personas. Vivimos rápido, nos arrastran las circunstancias y la sobreinformación. Pero siempre está ahí, todos los días saltan ejemplos de esa grandeza, anónima o pública, pero la misma, igual de grande en unos casos y otros. No caben en un post, así que serán muchos, porque no se puede quedar escondida, no puede pasar desapercibida, no podemos no ver lo que realmente somos, lo que está en la esencia de los seres humanos.

Mi compañero Andrés Conde habla mucho de la grandeza de las personas, porque en estos tiempos tan difíciles, hay socios de UNICEF que nos cuentan el esfuerzo que les supone mantener su apoyo, pero su compromiso es tan fuerte que se quedan en el paro y pasan necesidades pero se resisten a dejar de contribuir a la lucha por la supervivencia, el desarrollo y la protección de los niños.

Hay muchos casos. Hoy resumo uno en este párrafo. Es una señora, socia de UNICEF hace más de dos décadas, tiene más de 65 años y se ha quedado sola, sin trabajo ni pensión. Y no quiere, no quiere, no quiere dejar de ser socia de esta organización...grandeza. Es un honor, un privilegio, un orgullo, contar con personas de esta calidad, socios y no socios. Y es gracias a ellas que conseguimos cosas como llevar el tratamiento contra la desnutrición a 527.000 niños, solo en el Sahel, solo en lo que va de año. Son vidas salvadas que, gracias a personas como esta señora tienen una oportunidad.

Este es el mundo, desgarrador, injusto, desordenado, pero estas son las personas: grandes. En su corazón, su alma, o dondequiera que esté alojada la grandeza que nutre el ejercicio de los valores humanos.

No podemos permitir que pase desapercibida.

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Los niños son un ciudadano más

Fecha: 
Mar, 24/04/2012 (Todo el día)
24/04/2012 | Actualizada a las 15:23h |
Post de Karina Tirado, Responsable de Proyectos de la Dirección Territorial de UNICEF España

Post de Karina Tirado, Responsable de Proyectos de la Dirección Territorial de UNICEF España

La Casa Encendida, en Madrid, fue el escenario del VII Encuentro La Ciudad de los Niños, cuyo lema este año era Ciudad, Infancia y Medios de Comunicación. Más de 120 personas, entre ellas numerosos adolescentes y jóvenes estudiantes, acudieron a la cita y mantuvieron un intenso debate sobre la relación entre infancia y medios de comunicación en un entorno urbano.

Organizado por Acción Educativa, con la colaboración de La Casa Encendida, el Ayuntamiento de Madrid, el Ayuntamiento de Rivas-Vaciamadrid, UNICEF España y la Cooperativa Educando, alumnos y profesionales de diferentes disciplinas como la comunicación, el urbanismo, la educación, la psicología, la sociología y la animación cultural analizaron la imagen que la ciudad proyecta sobre los niños, los contenidos que ofertan las televisiones y el acceso de la infancia a contenidos a través de Internet o de los videojuegos.

Éstas fueron algunas de las conclusiones que se sacaron del encuentro:

  • Es necesario ofrecer una imagen de los niños como un ciudadano más, atendiendo a sus condiciones y necesidades especificas, y evitar dar una imagen distorsionada y minoritaria de su realidad.
  • La educación es un factor fundamental en la relación entre el niño y los medios de comunicación y también lo son los profesionales que trabajan en el área educativa.
  • Los medios de comunicación pueden recortar la autonomía del niño por las informaciones que vierten en el entorno familiar, teniendo las mismas un carácter alarmista o violento.
  • Es necesario cumplir y hacer cumplir los códigos de autorregulación de contenidos de los medios de comunicación para proteger la integridad y el desarrollo de los niños, elevando la dureza de las sanciones a los medios que los incumplan.
  • Es fundamental visibilizar las acciones de buenas prácticas lideradas por niños y jóvenes en centros educativos, municipios, portales web, etc.

La participación infantil, un derecho contemplado en la Convención sobre los Derechos del Niño, implica animar y habilitar a los niños para que expresen sus puntos de vista sobre las cuestiones que les afectan. Promover una participación significativa y de calidad entre los niños y los adolescentes es esencial para asegurar su crecimiento y su desarrollo.

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