discriminación

La historia de Sunita: violencia sexual infantil en Nepal

Fecha: 
Mar, 21/01/2014 (Todo el día)
21/01/2014 | Actualizada a las 13:42h |
Post de Blanca Carazo, responsable de Proyectos de Cooperación de UNICEF Comité Español
 
Virginia Pérez es la Jefa del Programa de Protección de UNICEF en Nepal. Esta semana ha venido a visitarnos y nos ha traído a Sunita para contarnos su historia: una historia dura con dos finales. Sunita es una muñeca, pero su historia podría ser la de cualquier niña de Nepal.
 
Sunita tiene 12 años y vive en una remota aldea de Nepal. En la casa que comparte con sus padres y sus dos hermanas no hay baño, por lo que Sunita sale por la noche y se aleja hacia el campo para hacer sus necesidades. En el camino de regreso, un hombre se acerca a Sunita y la viola. Ese hombre es su tío tercero, o su vecino o, en el peor de los casos, un maestro de su escuela. 
 
Sunita, con 12 años, herida, asustada y violada, no sabe qué hacer, a quién acudir, cómo reponerse, ni cómo contar lo que acaba de vivir. Llega a su casa, donde está su madre. Al verla llegar, con signos de violencia, y la ropa sucia y ensangrentada, comprende lo que acaba de pasar, pero tampoco ella sabe qué hacer.
 
Le hubiera gustado llevar a Sunita a un hospital, pero el hospital está demasiado lejos, no tienen dinero para el transporte y la asistencia médica y, sobre todo, tiene miedo. Miedo a la reacción de su marido y a la del agresor, que es alguien cercano; miedo a que todo el mundo sepa lo que ha pasado y a ver a su hija señalada y discriminada, e incluso expulsada de la familia y de la aldea. Sunita y su madre deciden callar, no contar a nadie lo que ha ocurrido y seguir con su vida. 
 
El miedo, el silencio, la discriminación, unas costumbres que toleran la violencia sexual, y la falta de servicios adecuados y accesibles tejen una oscura red que oprime a las niñas y mujeres víctimas de violencia sexual, y deja impunes a los agresores.
 

EL TRABAJO DE UNICEF EN PROTECCIÓN INFANTIL

Afortunadamente, e incluso con el mismo principio y la misma agresión, la acción de UNICEF en Nepal hace posible que la historia de Sunita, cada vez en más casos, tenga un final diferente.
 
En el segundo final, Sunita llega a su casa, habla con su madre y ambas se dirigen a otras mujeres que forman parte de un Grupo de Mujeres. Gracias a un mecanismo de solidaridad comunitario, estas les proporcionan el dinero suficiente para ir al hospital. Allí, el personal de salud trata a Sunita con respeto, le explica que ella no tiene la culpa de lo que ha pasado y le ofrece los cuidados médicos que necesita. También pone a su disposición una psicóloga con la que Sunita puede hablar de cómo se siente y recuperar en cierto modo la confianza.
 
Además, Sunita y su madre tienen la opción, si lo desean, de denunciar al agresor, para lo cual un policía de la Unidad de Delitos de Género la visita y cuenta con el apoyo legal gratuito de un abogado. Mientras tiene lugar este proceso, Sunita puede quedarse en un centro de acogida, donde recibe atención psicológica y todo lo que necesita. Entre tanto, un juez especializado en menores lleva el caso y detiene al agresor. 
 
Para que todo esto sea posible, UNICEF ha ofrecido formaciones a los distintos profesionales implicados: policías, jueces, abogados, personal sanitario, en las que todos ellos han aprendido cómo tratar adecuadamente a Sunita respetando sus derechos. Además, UNICEF ha apoyado el funcionamiento del centro de acogida y, sobre todo, ha logrado, junto con las autoridades locales, que exista coordinación entre todos estos servicios. También, UNICEF trabaja con las comunidades para cambiar la percepción de la violencia contra las niñas y que deje de considerarse “normal” e inevitable.
 
Con este segundo final, no habremos evitado la violación de Sunita, pero si habremos hecho que pueda recuperar la esperanza y la confianza en sí misma y en el mundo, y habremos tirado de algunos hilos para ir deshaciendo esa red de silencio e impunidad que perpetua la violencia contra las niñas. Poco a poco, habremos evitado que Sunita se sienta totalmente indefensa y desprotegida, y que ella, y muchas otras niñas como ella, vuelvan a sufrir ataques y violencia sin que nadie haga nada. 
 
Muchísimas gracias a Virginia por traernos a Sunita, y por recordarnos que podemos hacer mucho para que su historia no se repita. Y muchísimas gracias a todos los que colaboran con UNICEF por ayudar a todos los profesionales de protección de la infancia a tirar de los hilos, deshacer las redes de silencio y miedo, y tejer nuevas redes de apoyo, cuidado y confianza para todas las niñas y niños víctimas de abusos y violencia.
Relaciones

Vivir con albinismo: discriminación y superstición

Fecha: 
Lun, 03/06/2013 (Todo el día)
07/08/2013 | Actualizada a las 13:20h |

Post de Michael Hosea, promotor de los derechos de los jóvenes con discapacidad, especialmente los que tienen albinismo, a través de la red Leonard Cheshire Disability Young Voices.

Nací en Mwanza, la segunda ciudad más grande de la República Unida de Tanzania. Soy el hijo mayor y vivo con mis hermanos y mis progenitores en Dodoma, la capital.  En mi familia somos seis hijos, y tengo una hermana y un hermano que también son albinos.

 
Los inconvenientes que acarrea mi situación dificultan mucho mi vida. Debo cuidarme siempre del sol, vestirme con ropa pesada y utilizar mangas largas. También debo usar gafas de sol para proteger los ojos. Por otra parte, tengo problemas en la escuela. Hay ocasiones en las que no puedo ver la pizarra y siempre me tengo que sentar a la sombra.
 
En este país no hay suficiente tecnología para mejorar la visión, como gafas, lupas y equipos informáticos especiales, por lo que los niños albinos afrontan enormes dificultades para terminar el ciclo de estudios y encontrar trabajo. Como mi familia es pobre, conseguir el dinero para los gastos de escolaridad también es complicado. 
 
El trato que nos da la gente dificulta aún más nuestra vida. Existe mucha discriminación contra las personas albinas y, a veces, echo de menos la compañía de amigos. Hay gente con creencias horribles sobre nosotros; por ejemplo, que no somos humanos y no moriremos nunca, o que el albinismo es una maldición de los dioses y que quien nos toque quedará maldito.
 
Lo peor de todo es que quienes practican la brujería nos persiguen y matan para utilizar nuestro cabello, nuestros órganos y partes del cuerpo en encantamientos y pociones. Durante siglos, algunos han creído que si acuden a un médico con partes del cuerpo de una persona albina se volverán ricos y prósperos.
 
Aunque es ilegal matar a los albinos, sigue ocurriendo a causa de la codicia. Pero todo se basa en mentiras, pues hay gente que ha hecho estas cosas terribles y sus vidas no han cambiado.
 
Hace pocos meses, y gracias a un amigo de mi padre, mis hermanos y yo nos libramos de ser asesinados para fines de brujería. Ese hombre vino a nuestra casa para advertir a mi padre que sus tres hijos albinos estaban en peligro, y le suplicó que nos fuéramos de Mwanza. 
 
Si bien esto era difícil, pues la situación económica de mis progenitores no era buena, empaquetamos todo lo que teníamos y nos fuimos a las tres de la mañana. Viajamos más de 500 kilómetros hasta llegar a Dodoma, y dos días después recibimos la noticia de que unos hombres habían irrumpido en nuestra casa en Mwanza, buscándonos para matarnos.
 
Cuando esos individuos se percataron de que habíamos escapado, irrumpieron en la casa de nuestro vecino. Él era el representante de las personas albinas de nuestra localidad y había trabajado arduamente para ayudarnos y promover los derechos de los albinos en nuestra comunidad. Le cortaron los genitales y los brazos y lo dejaron allí para que muriera.
 
Más tarde recibimos una llamada telefónica de otro vecino, que nos relató lo que había sucedido. Esa noticia me impactó de tal modo que lloré mucho, pero ¿qué podía hacer yo? Así son las cosas.
 

EDUCACIÓN CONTRA LA DISCRIMINACIÓN

No comprendo por qué hay personas que hacen esto a otros seres humanos. Yo creo que la educación es la clave para detener los asesinatos, los abusos y la discriminación. Es importante que todos –incluyendo a los miembros de mi familia extensa– sepan que nosotros somos personas iguales a ellos. Todos somos iguales.
 
Para escapar de las penalidades de la vida, me gusta cantar y escribir canciones. Acabo de componer una canción sobre los albinos y nuestra lucha.  Mi sueño es poder grabar mi música en un estudio algún día y difundir mi mensaje. Rezo para que llegue el día en que todos los habitantes del mundo entiendan que los albinos no somos distintos de ellos. 
 
Todos somos seres humanos y merecemos ser tratados con amor y respeto.
Relaciones

8 de marzo: hoy buscamos "niñas" en Google

Fecha: 
Jue, 08/03/2012 (Todo el día)
08/03/2012 | Actualizada a las 15:53h |

El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, puede ser un buen día para hacer un experimento. Sólo hay que buscar la palabra "niños" en Google y ver los resultados de la primera página. A continuación se hace lo mismo con la palabra "niñas". Los resultados pueden herir la sensibilidad de quien lo ve, pero eso no es lo más importante: lo grave es que lo que realmente dañan es la dignidad de las niñas, la mitad de la población infantil del mundo.

"Niño" o "niña" son sólo palabras y lingüísticamente, en castellano, se entiende que una contiene a la otra. Sin embargo las palabras también son reflejo de la cultura, los hábitos sociales y la filosofía de las personas que las utilizan. Google es sólo una máquina y retrata lo que buscamos: para mucha gente las niñas son barbies, cocinitas y abuso sexual. Nuestras búsquedas nos retratan mejor que nuestras palabras.

Afortunadamente, al ser parte del problema somos parte de la solución: ¿Tienes un blog? ¿Participas en redes sociales? Cada vez que escribas la palabra "niñas" enlázala a una web que hable de lo que realmente son: seres humanos protegidos por la Convención sobre los Derechos del Niño (y de la niña). Puedes incluso enlazarla a este post, para que más gente sea consciente.

¡Feliz Día de la Mujer!

Relaciones

Las ganas de vivir y la lucha por la supervivencia

Fecha: 
Mié, 07/04/2010 (Todo el día)
13/04/2011 | Actualizada a las 15:47h |
UNICEF España

Lorena Cobas, Técnico de Cooperación y Emergencias de UNICEF España, nos cuenta su reciente visita a Angola para conocer el trabajo de UNICEF en este país africano Nos dirigimos al segundo “kimbo”, esta vez en coche, y podemos experimentar la dureza de los caminos. Aún no ha llovido mucho, pero ya hay partes completamente bloqueadas por la lluvia. El padre de familia nos recibe en su casa; es un hombre muy amable, que no duda en contarnos su historia.

Se trata de una familia muy numerosa. Alfredo tiene dos mujeres y 9 hijos. Tanto él, como sus mujeres y sus dos hijos pequeños de 7 y 3 años, viven con VIH/SIDA. Un panorama muy complicado, que se empeora por la pobreza en la que viven. Tampoco pueden alimentarse como necesitan para hacer frente a su complicada situación. Lo que sí tienen por ahora es acceso al tratamiento del VIH/SIDA que les proporciona la municipalidad con apoyo de UNICEF y de otros actores de cooperación. A pesar de esta situación afrontan la vida con esperanza y con  ganas, e intentando que nadie más tenga que pasar por lo mismo. Es un Jefe de Campo; su función es liderar los grupos de personas que viven con VIH/SIDA. Se trata de un espacio en el que pueden hablar, compartir sus problemas, e intentar encontrar soluciones entre todos. También hacen prevención entre los adolescentes para detener el crecimiento de la pandemia. Alfredo nos cuenta también que vive en sus propias carnes la discriminación, y que esto les limita mucho en su vida diaria. Sabe que hay vecinos que tienen miedo a tocarles, lo que les impide acceder libremente a los servicios básicos. Están marcados por la enfermedad, pero esto no les quita las ganas de luchar por vivir dignamente. El único anhelo de esta familia es poder tener un pequeño huerto que les permita trabajar para tener una alimentación sana y adecuada para enfrentar su situación.  Alfredo es el rostro de la lucha por la vida.

Relaciones