desplazados

Sudán del Sur: las alertas de hambruna cada vez son más frecuentes

Fecha: 
Lun, 11/08/2014 (Todo el día)
11/08/2014 | Actualizada a las 17:26h |
Lorena Cobas, responsable de Emergencias UNICEF Comité Español

Post de Lorena Cobas, responsable de Emergencias UNICEF Comité Español

Hay muchas cosas cíclicas en la vida a las que estamos muy acostumbrados y que incluso celebramos y nos divertimos.

Los mundiales de futbol cada 4 años, el cometa Halley cada casi 80 años, la moda cada ciertos años o décadas…  es gracioso cuando miro las fotos de mi infancia y veo a mi madre llevar la ropa que yo llevo ahora.

Sin embargo hay otros ciclos que no son tan agradables, y que a veces ni si quiera vemos porque pasan muy lejos de nuestras casas.

Es por ejemplo el caso de las crisis nutricionales y de las hambrunas.

Durante los últimos años no paramos de ver por la tele noticias de este tipo:

  • 2011 crisis nutricional en el Cuerno de África. Lamentablemente en algunas zonas de Somalia se declaró el estado de hambruna
  • 2012 crisis nutricional en Sahel. Con una alerta desesperada por el riesgo de hambruna, que afortunadamente se pudo evitar
  • 2014 – Hoy - Crisis nutricional en Sudán del Sur, si no actuamos rápido se podría declarar hambruna dentro de unas semanas…

Sudán del Sur:  50.000 niños podrían morir este año por desnutrición

De repente, en sólo 4 años hemos tenido una hambruna y dos alertas.  La anterior hambruna declarada en el mundo es de 1990 en Etiopía, más de 20 años pasaron antes de Somalia

¿Será que se están acortando los ciclos? ¿Será que cada vez hay más familias empobrecidas, más conflictos, más aumento de precios, menos o más lluvias?...

Podemos buscar muchas causas, muchos culpables, pero la verdad es que cuando hablamos de hambrunas, hablamos de millones de familias, de niños que sufren desnutrición y no tienen recursos para recuperarse, y mucho menos para prevenirla.

Ahora en Sudán del Sur hay 4 millones de personas en riesgo por la inseguridad alimentaria, y 50.000 niños podrían morir este año por desnutrición durante este año.

Por eso en UNICEF estamos redoblando los esfuerzos para llegar a la población con tratamiento y prevención. Por los niños y niñas que se pueden salvar en Sudán del Sur y porque queremos poner fin a este ciclo de desnutrición y alertas de hambrunas.

Sudán del Sur: ¿qué es una hambruna?

Para entender una hambruna primero hay que entender lo que es una emergencia nutricional. Se declara este estado cuando el 15% de la población sufre desnutrición aguda (umbral definido por la OMS).

El estado de hambruna es el estado de mayor alerta nutricional que se declara cuando se cumplen al menos 3 de los indicadores que desarrollamos a continuación, y que afecten al menos a un 20% de la población.

  1. Acceso a alimentos por debajo de las 2.100 kilocalorías por día
  2. Tasa de desnutrición aguda por encima del 30% de los niños
  3. Dos muertes asociadas a la desnutrición por cada 10.000 personas al día, o 4 muertes infantiles por cada 10.000 niños al día
  4. Una enfermedad pandémica
  5. Acceso a menos de 4 litros de agua al día
  6. Desplazamiento de personas a gran escala
  7. Conflictos civiles
  8. Completa perdida de fuentes de ingresos

Ayuda a evitar la hambruna en Sudán del Sur

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República Centroafricana: diario de campo

Fecha: 
Mar, 15/04/2014 (Todo el día)
24/04/2014 | Actualizada a las 16:02h |
Kent Page

Blog de Kent Page, de UNICEF en República Centroafricana.

En los últimos días, he estado en República Centroafricana.

La violencia continúa y amenaza la seguridad del pueblo, incluyendo la de los hijos.

Muchos niños viven en campamentos de desplazados. He conocido a varios con terribles lesiones que les debilitan.

Amina*, de 8 años, recibió un disparo en la parte superior del muslo durante un ataque a su pueblo, a cientos de kilómetros de la capital, Bangui, donde fue llevada para recibir tratamiento.

Su madre y su padre murieron en el ataque.

Vive con unos familiares que la trajeron hasta aquí, pero se encuentran en una situación desesperada. Están aislados en un barrio precario en Bangui, rodeados de hombres que amenazan con matarles a todos si no abandonan el país

Sin embargo, Amina ni siquiera puede caminar sin la ayuda de unas pequeñas muletas de plástico.

El fin de semana pasado 3 personas murieron y 38 resultaron heridas en ataques contra dos barrios de Bangui; uno de ellos era el de Amina.

La cicatriz en el muslo de Amina mide cerca de una pulgada y media de largo y no es estética. Pero ella sabe que lo verdaderamente importante y urgente es aprender a caminar de nuevo.

República centroafricana: no hay tiempo para jugar

Sara* tiene 11 años y vive en un campamento de desplazados, junto con miles de personas que tuvieron que huir de los ataques a sus pueblos y barrios.

Sus padres tratan de ganarse la vida haciendo cualquier tarea doméstica, incluyendo la venta de leña para cocinar.  Sara y su familia viven en una casa improvisada bajo un avión abandonado

Sara sabe lo mala que es su situación y ayuda cada mañana barriendo alrededor de su pequeña casa improvisada, hecha con sábanas viejas bajo un avión abandonado.  

Luego recoge la madera y hace un pequeño fuego para vender café a otras personas desplazadas.

Lava la ropa de la familia en un cubo de plástico y cuida de su hermana pequeña.

Es una chica seria y no tiene tiempo para jugar.

Sara sólo quiere volver a la escuela para aprender, y así llegar a ser policía algún día: "Así podré proteger a papá y mamá".

Samuel, víctima de la violencia de su país

Samuel* tiene 12 años y cuando me encontré con él en el campamento de desplazados Boy- Rabe en Bangui, sus amigos empujaban su silla de ruedas.

Ya no puede correr y jugar al fútbol con los otros niños, pero sigue estando alegre.

Samuel fue gravemente herido en un ataque con granadas y sus piernas fueron amputadas por encima de la rodilla- otra víctima inocente de la violencia sin sentido que azota a la República Centroafricana.

Samuel es un chico popular. El día que nos conocimos, fue la celebración de los 3 meses del espacio de aprendizaje para desplazados creado por UNICEF y sus aliados locales en la comunidad de Boy-Rabe.

Samuel y otros 1.600 niños participan por la mañana y por la tarde en las clases que se imparten en las grandes tiendas de campaña suministradas por UNICEF. El canto, el baile, el deporte y el arte fueron el centro de las celebraciones. Samuel fue ovacionado cuando participó en el canto y en el baile.  Samuel fue gravemente herido en un ataque y ahora vive en un campamento de desplazados

Amina, Sara y Samuel son sólo tres de los muchos niños de la República Centroafricana que he conocido en los últimos días.

A pesar de toda la inseguridad, la incertidumbre y los retos a los que se enfrentan en cada momento del día, aspiran a la normalidad y a tener una vida mejor.

UNICEF está trabajando duro con otras agencias de la ONU,  con otras ONG y con el gobierno en las áreas de salud, nutrición, educación, protección de la infancia, agua y saneamiento para todos los niños y niñas afectados.

Todavía hay mucho trabajo por hacer: Amina, Sara y Samuel son sólo tres de los 2,3 millones de niños cuyas vidas se han visto afectadas por la actual crisis y el conflicto en su país.

* Los nombres son ficticios.

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República Centroafricana: las familias desplazadas mantienen la esperanza

Fecha: 
Mié, 09/04/2014 (Todo el día)
09/04/2014 | Actualizada a las 13:04h |
Patrick Flynn

Post de Patrick Flynn, UNICEF en República Centroafricana.

"Mataron a mi hija, a su marido y luego a mi hermano pequeño. Salvajemente. No se podía reconocer el cuerpo", dice Nurumuhamat.

Nurumuhamat vive con otras 92 personas en el precario barrio PK5 de Bangui. Su hermana Nasafatu está también en el grupo.

601.000 personas se han visto desplazadas por toda la República Centroafricana. Algunos se han refugiado en casas particulares, otros han encontrado una relativa seguridad en los campos de desplazados.

Los niños que viven en el mismo recinto que Nurumuhamat dicen: "Nos gustaría ir a Chad o Camerún."

Nurumuhamat es de la República Centroafricana y está profundamente arraigado a Bangui, la capital. No quiere irse de allí.

República Centroafricana: buscar la Seguridad en un monasterio

"Las milicias llegaron, empezaron a disparar a la gente y arrojaron sus cuerpos al río. Tuvimos que llamar a la Cruz Roja para sacar del río los cuerpos de nuestros padres. Fue terrible ", dice Marie Louise.

Marie Louise y su familia también han dejado su casa en busca de seguridad, en el monasterio Boy-Rabe. Allí se encuentran más de 37.000 personas que se han refugiado detrás de las paredes de ladrillo rojo del monasterio, en una bucólica ladera fuera de la ciudad.

Las familias de Boy-Rabe se refugian en tiendas improvisadas. Han colgado cuerdas entre los árboles y han puesto lonas sobre ellos. Sin embargo, las tiendas no ofrecen mucha privacidad ni aislamiento del frío. Los niños duermen en esterillas en el suelo. 

Marie Louise dice que los niños están asustados. "Incluso si hubiera escuelas abiertas, los profesores tendrían miedo de reunir a los alumnos por miedo a que pudieran ser asesinados", dice esta ex maestra de escuela.

Los campos para desplazados -como el monasterio Boy-Rabe - proporcionan la seguridad básica para las personas como Marie Louise  y su familia.

Un largo camino por recorrer

Hay cerca de 601.000 personas desplazadas como Nurumuhamat y Marie Louise y sus familias en toda la República Centroafricana.

UNICEF y sus aliados están realizando acciones para salvar vidas. 

149.000 niños han sido vacunados contra el sarampión. Más de 138.000 personas desplazadas tienen acceso a agua potable. Y 23.000 niños participan en las actividades de los espacios temporales de aprendizaje impulsados por UNICEF.

Pero todavía queda un largo camino por recorrer.

A pesar de su situación actual, Nurumuhamat y Nasafatu son optimistas. Nasafatu confía en que "todo va a estar bien cuando regrese la paz".

“No busco venganza”, dice Nurumuhamat. "Pienso en cómo vamos a vivir juntos".

Al otro lado de la ciudad, Marie Louise  dice: "Los niños son el futuro. Y tenemos que pensar en el hecho de que no están en la escuela. ¿Qué pasará con nuestro país si se mantiene de esta manera?"

Todas las comunidades se enfrentan a los desplazamientos. Los niños son los que están expuestos a un mayor riesgo.

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Sudán del Sur: la tormenta perfecta

Fecha: 
Lun, 07/04/2014 (Todo el día)
09/04/2014 | Actualizada a las 11:38h |
Ricardo Pires

Blog de Ricardo Pires, UNICEF en Sudán del Sur. 

He estado en Sudán del Sur durante casi dos semanas como parte del equipo de comunicación de UNICEF para apoyar la respuesta a la crisis, que se ha agravado rápidamente en el país más joven del mundo.

Entender el contexto y el atasco de la ayuda humanitaria en el terreno nunca es sencillo, a menos que uno se sumerja profundamente en la cultura de un país, en su historia y su geografía.

A mi llegada a Juba los puestos de control militares me dieron, de inmediato, una idea clara de lo tenso de la situación.

Durante el trayecto del aeropuerto a mi alojamiento, en un coche del Programa Mundial de Alimentos (PMA), los soldados nos pararon varias veces. Me pidieron que abriera mi equipaje, me preguntaron qué trabajo haría allí y en ningún momento mostraron ninguna simpatía por los objetivos de mi misión.

Después de haber estado en Zambia durante un mes y medio antes de aterrizar en Juba - y debido a mi llegada un tanto turbulenta - no estaba muy seguro de por dónde empezar, pero con sólo caminar por el recinto de la misión de paz de Naciones Unidas en Sudán del Sur (UNMISS), lo tuve todo más claro.

Sudán del Sur: la crisis de los niños

Al menos 21.000 personas desplazadas viven dentro del área de protección civil, la mayoría niños, en un espacio físico que fue diseñado para acoger a la mitad. El calor de 43 grados acaba de hacer todo aún más abrumador.

Inmediatamente vi en colores vivos y con un fuerte sonido el alcance de los retos del futuro.

Sudán del Sur es la crisis de los niños. ¿No afecta a toda la población? Bueno, tal vez sí, pero este conflicto tiene muchas cuestiones particulares que pueden ser catastróficas para los más vulnerables.

Los niños y sus familias se enfrentan a un sufrimiento sin precedentes – con claros signos graves de desnutrición y de enfermedades graves. Por encima de todo está el conflicto.

Es la tormenta perfecta.

El sueño de Sudán del Sur como una nueva nación corre el riesgo de convertirse en una pesadilla para sus hijos. Uno de los problemas más inmediatos, con el inicio de las lluvias cada vez más cerca, es la higiene en los campamentos. El cólera es una gran amenaza y la sospecha (por suerte no confirmada) de los casos en Tomping, ya ha levantado la alerta.

Tomé una foto de una niña jugando en torno a un pequeño estanque de agua sucia sin ser consciente del peligro al que se estaba exponiendo.

La formación es la clave para prevenir un desastre, pero teniendo en cuenta el elevado número de desplazados internos, la situación es muy preocupante.

Y ahora la inseguridad alimentaria es también una realidad inminente. 

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Crisis de Siria: sobrevivir en una ciudad fantasma

Fecha: 
Vie, 07/03/2014 (Todo el día)
07/03/2014 | Actualizada a las 14:50h |
Post de Belén Ruiz-Ocaña, editora web de UNICEF Comité Español

Post de Belén Ruiz-Ocaña, editora web de UNICEF Comité Español

Una familia deambula entre los escombros de una ciudad fantasma. 

Caminan por una calle vacía. A los lados, edificios derruidos. No hay gente. No hay casas. No hay comercios. No hay nada. 

En sus manos llevan bolsas, cestas, cajas. Tal vez todo lo que les queda. Quizá van arrastrando lo único que tienen

Están en la ciudad más grande de Siria, la más poblada del país. Alepo, que en 2006 fue nombrada capital de la cultura islámica. Hoy es objetivo de los bombardeos y la violencia

La vida es insostenible en Alepo. 

La imagen forma parte de una serie de fotografías sobre la guerra de Siria tomadas por el autor sueco Niclas Hammarström. Han recibido el Premio Foto del Año UNICEF 2013

"La gente tiene que vivir su vida como puede", recuerda el fotógrafo. "Tienen que buscar comida y comprarla. Tienen que ir al colegio, si está abierto, e ir a trabajar, si tienen un trabajo al que acudir. La gente trata de hacer una vida normal, pero es muy difícil cuando no tienes ni electricidad, ni agua, ni comida".

Por eso 2,4 millones de personas han abandonado ya Siria. Están refugiados en los países vecinos, donde tratan de reconstruir su presente y su futuro. 

No sabemos si la familia de esta fotografía se dirigía a otra zona de la ciudad. Si huían de un país en el que las esperanzas de futuro se van desvaneciendo. No sabemos dónde están ahora.

Pero sí sabemos que su imagen es el reflejo del dolor de millones de sirios que están sufriendo una guerra desde hace demasiado tiempo. Y no podemos cerrar los ojos a esa familia que deambula en una ciudad vacía, destrozada. Una ciudad que hasta hace poco se parecía a la nuestra. 

Por eso estamos alzando nuestras voces y pidiendo a la comunidad internacional que ponga fin a la barbarie y al dolor. A la violencia contra los niños de Siria y sus familias. Si quieres sumarte, déjanos tu firma aquí

 

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Sudán del Sur: una carrera contra el tiempo

Fecha: 
Lun, 24/02/2014 (Todo el día)
24/02/2014 | Actualizada a las 17:31h |
Ted Chaiban

Post de Ted Chaiban, director del programa de Emergencias de UNICEF. 

Es desgarrador ver la devastación sufrida por la gente de Sudán del Sur desde el estallido de la lucha hace dos meses. Más de 850.000 sur sudaneses se han visto obligados a huir de sus casas; sus familiares han sido asesinados o heridos; han perdido sus hogares y sus medios de vida. Más de 150.000 han abandonado el país.

Niños que deberían estar yendo al colegio han quedado huérfanos, perdidos, atacados y reclutados por grupos armados. Incluso los que permanecen con sus familias han visto cosas que no deberían haber visto, han experimentado una violencia de la que no deberían haber sido testigos. Cientos de miles de niños están desplazados, viviendo a la intemperie, enfrentándose a la enfermedad y a la desnutrición. No tienen un lugar al que ir y en el que sentirse seguros. No tienen un colegio que les devuelva una sensación de normalidad.

Y por si esto no fuera suficiente, la temporada de lluvias empezará dentro de unas seis semanas. En el mejor de los casos, las lluvias traen inundaciones, pero con más de 700.000 personas desplazadas a lo largo de todo el país –muchas de ellas acampadas en zonas que pronto estarán anegadas- estamos en una carrera contra el tiempo para prevenir una catástrofe.

Estamos llegando a los niños y sus familias con agua y saneamiento. Además estamos tomando medidas para elevar los pozos y las letrinas antes de que lleguen las inundaciones.

Estamos llegando a los niños con servicios de salud y nutrición. Estamos vacunándoles contra enfermedades como el sarampión, que puede ser rápidamente mortal en situaciones como ésta. Estamos proporcionándoles lugares seguros en los que aprender y jugar, y estamos reunificando a los niños separados con sus familias.

Estamos trabajando contrarreloj para llegar a más familias que necesitan nuestra ayuda. Para ello necesitamos tener suministros en el terreno, antes de que la temporada de lluvias empiece y haga las carreteras intransitables.

Sudán del Sur: se necesitan fondos

Necesitamos fondos para que esto sea posible. Necesitamos 75 millones de dólares (unos 54 millones de euros) para nuestro trabajo en Sudán del Sur, y hasta el momento solo hemos recibido el 15%. No podemos lograrlo sin estos recursos.

Puedo aseguraros que UNICEF hará su parte. Los miembros del personal de UNICEF que está trabajando en primera línea son héroes. Y no utilizo esta palabra a la ligera. Trabajan noche y día, y a menudo con gran peligro en lugares como Malakal, Bentiu y bor.

En Malakal, donde el control de la ciudad era disputado entre las fuerzas gubernamentales y antigubernamentales, nuestro personal dejó la seguridad de la base de Naciones Unidas para ir a la ciudad a conseguir suministros esenciales de nuestros almacenes, incluso cuando estos almacenes estaban sufriendo saqueos.

Hay oportunidades para Sudán del Sur. Los actores humanitarios se han unido de una manera impresionante para poder proporcionar asistencia urgente a la gente que más lo necesita. Con ayuda de nuestros donantes, UNICEF y sus aliados pueden evitar una tragedia mayor cuando llegue la temporada de lluvias.

Y a largo plazo, durante mi visita planteé la necesidad de avanzar hacia la reconciliación con los líderes políticos y de la sociedad civil con los que me reuní. Le deben al pueblo una solución pacífica

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La infancia perdida de República Centroafricana

Fecha: 
Jue, 20/02/2014 (Todo el día)
21/02/2014 | Actualizada a las 12:18h |
Pablo de Pascual, del equipo de UNICEF en República Centroafricana

Este post ha sido publicado en el blog 3500 Millones de El País 

François destaca entre la multitud de niños que se encuentran en uno de los mayores campos de desplazados de la capital de la República Centroafricana.

 
Este niño de 10 años lleva un gran coche de juguete que ha construido en dos días con materiales reciclados –madera, goma, latas y flores de plástico–. Es el único juguete que vemos durante nuestra visita.

François vive en el suelo de la iglesia más grande de la ciudad desde el 5 de diciembre, fecha en la que estalló la violencia en Bangui y casi dos tercios de los residentes tuvieron que huir a uno de los 65 campos de desplazados improvisados.

Nos cuenta qué es lo que más echa de menos de su antigua vida: sus hermanos y su hermana, que huyeron a la selva de las afueras de la ciudad; sus mejores amigos y profesores, que se dispersaron por diferentes campos de desplazados; y su escuela.

“Echo de menos aprender”, dice antes de describir el estado en el que se encuentra su colegio. “Se llevaron el tejado, ya no hay puertas y han robado todo lo que había dentro”.

En el último año los colegios de la República Centroafricana han sido saqueados, ocupados por grupos armados o personas desplazadas y dañados por balas y proyectiles.Todas las escuelas están cerradas en Bangui desde el 5 de diciembre.

Los niños como François llevan dos meses sin ir a clase, algunos incluso más, ya que la inseguridad ha provocado el cierre de muchas escuelas. UNICEF está trabajando para atajar esta situación, construyendo aulas temporales en los principales campos de desplazados para más de 20.000 niños de 3 a 18 años.

Regresar a la escuela es fundamental  para los niños atrapados en medio de un conflicto. Les permite recuperar una sensación de normalidad y estabilidad, y tener un espacio seguro para aprender, lejos de peligros como ser reclutados por fuerzas y grupos armados, el trabajo infantil, la explotación sexual y otras formas de abuso. Además, si no se recupera la educación al principio de una crisis, una generación entera puede quedar anulada para contribuir en la recuperación de su sociedad.

Los adolescentes corren mayor riesgo de dejar el colegio después de un conflicto. Niños como Benoit, a quien conocemos en una de las aulas temporales. Tiene 16 años y dejó de ir a clase hace 5 meses, cuando las fuerzas rebeldes se instalaron cerca de su casa. Debido a su edad, las probabilidades de ser reclutado por un grupo armado son mucho mayores.

Benoit, de 16 años, dejó de ir al colegio hace 5 meses debido a que los rebeldes se instalaron cerca de su casa. Por su edad, es más vulnerable al riesgo de ser reclutado por un grupo armado. “Uno de los grupos se llevó a un amigo”, cuenta. “Tenía miedo de salir de casa para ir al colegio”.

Benoit nos dice que está muy emocionado por volver a clase, aunque sea debajo de un toldo de lona en el campo de desplazados.

“Siento que estoy olvidando cosas”, afirma. “Quiero continuar estudiando y llegar a ser una persona responsable en este país”.

Las aulas temporales no son el único lugar donde los estudiantes pueden ponerse al día tras varios meses sin ir a la escuela. También son lugares seguros donde pueden expresar sus sentimientos sobre lo que han visto y donde los profesores pueden ayudarles a sobrellevarlo. Anne, una maestra experimentada lo tiene claro: “Me gustaría asegurarme de que no actúan con violencia y venganza, sino con honestidad y amabilidad. Un país sin educación no tiene futuro”.

 

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Siria: crece el número de familias desplazadas

Fecha: 
Mar, 13/08/2013 (Todo el día)
18/09/2013 | Actualizada a las 13:29h |
David Youngmeyer, UNICEF

Por David Youngmeyer, UNICEF

Las familias desplazadas por el conflicto sirio buscan refugio donde pueden. UNICEF trabaja para llegar a todas ellas. 
 
El verano es, normalmente, la época del año en la que las escuelas están vacías. Sin embargo, en Siria, cientos de ellas están llenas de gente, ya que se han convertido en refugio de emergencia para los niños desplazados y sus familias.
 
Estas familias están viviendo donde pueden: en colegios y otros edificios públicos, algunos parcialmente construidos; en lugares que han alquilado o con la familia o amigos. 
 
Hace poco formé parte de la misión de UNICEF en Hassayia, una ciudad rural a una media hora en coche desde Homs. Alrededor de unas 2.000 personas habían encontrado refugio temporal en las tres escuelas de la ciudad. Allí, las condiciones de los niños y sus familias son muy duras. Se trata de una situación que se puede ver en muchas partes del país.
 

Ningún sitio al que volver

En un refugio, conocí a una madre joven, llamada Rana*, que vive en un aula con otros diez miembros de su familia – sus tres hijos, sus padres, sus tres hermanas y sus dos hermanos. Duermen en colchones delgados que ponen sobre el suelo. Una pequeña zona elevada en la parte delantera del aula, cerca de la pizarra, forma una cocina improvisada, con un horno de gas portátil. No hay mucha privacidad, y los baños se comparten con otras familias. 
Ver video
Rana me dijo que ella y su familia llevan dos meses viviendo en esta escuela-refugio. Dejaron su casa, en  Al Qusayr, provincia de Homs, para escapar de los combates. Después de haberse marchado, Rana se enteró de que su casa había sido destruida,  lo que supone que no tienen ningún sitio al que volver. 
 
“Nos marchamos en 30 minutos, así que solo trajimos la ropa que llevábamos puesta. No sé dónde está mi marido”, dice Rana. “Vivir aquí es difícil, pero tenemos pensado quedarnos”. 
 

UNICEF TRABAJA PARA LLEGAR A TODAS LAS FAMILIAS

UNICEF suministra apoyo para las familias que viven en estos refugios y en otras partes del país. Agua, higiene, saneamiento y salud son las principales áreas de apoyo. UNICEF distribuye 50.000 litros diarios de agua a través de camiones cisterna. Se ha limpiado la red de alcantarillado de las tres escuelas, para mejorar los servicios de saneamiento. También se han distribuido kits de higiene para bebés, y los niños asisten a sesiones donde aprenden hábitos de higiene, como la importancia de lavarse las manos para prevenir enfermedades. 
 
Además, se ha instalado una pequeña clínica en la que se atiende a las personas de los tres refugios y a otras familias desplazadas que hay en la comunidad. Un pediatra visita a los niños y les da medicinas, la mayoría de ellas gratuitas. A pesar de que las condiciones de vida siguen siendo duras y muy básicas, ha habido importantes mejoras en la salud de los niños desde que la clínica abrió. Más de 150.000 niños en toda Siria han pasado las revisiones pediátricas gracias a los 51 equipos médicos de UNICEF. El objetivo es llegar a los 570.000 niños desplazados para final de año. 
 
UNICEF seguirá apoyando a la población afectada de Hassayia, incluyendo a los niños desplazados y a sus familias, mientras ellos sigan allí
 
*Los nombres se han cambiado
 
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Siria: la lucha de las madres para proteger a sus hijos

Fecha: 
Vie, 01/03/2013 (Todo el día)
19/09/2013 | Actualizada a las 11:36h |

Post de Iman Morooka, Especialista en Comunicación de UNICEF

Iman se reunió recientemente en la ciudad de Homs con madres y niños afectados por el conflicto. 

No hay que conducir demasiado para ver los signos de destrucción y devastación. El sonido atronador de los bombardeos forma parte de la vida cotidiana en estas tierras. Cientos de miles de civiles han tenido que huir de sus hogares desde muchas partes de Homs en busca de seguridad.

En los albergues colectivos para las familias desplazadas, en las zonas más tranquilas de la ciudad, fui testigo del dolor por las vidas que se fueron. Conocí a familias que han perdido sus pertenencias y una vida más digna. Muchas familias desplazadas tienen que compartir habitación en antiguos edificios públicos y escuelas con otras familias, en un espacio dividido sólo por mantas y ropa, donde a menudo carecen de servicios básicos como agua caliente y duchas.
 
Pero también he visto la resiliencia y un fuerte sentido de comunidad. Los niños juegan y ríen en los pasillos y patios de los centros de acogida, aparentemente felices y contentos. Al hablar con algunos de ellos, mencionan lo mucho que extrañan sus hogares y a sus viejos amigos, cuyo paradero se desconoce.
 
Una joven me dijo que lo que más echa de menos es a su tortuguita. Un niño de 12 años me contó que extraña su hogar, donde no tenía que soportar la humillación.
 

LA HISTORIA DE UM AHMED

En una ONG que recibe apoyo de UNICEF, conocí a Um Ahmed (nombre ficticio para proteger su identidad) haciendo su visita mensual, con dos de sus hijos a cuestas.
 
La organización dedica dos días a la semana a ayudar a las familias que han perdido sus medios de subsistencia, principalmente por el conflicto,proporcionándoles apoyo financiero y en especie, como suministros médicos, artículos no alimentarios y ropa. UNICEF ha entregado kits familiares de higiene y mantas a esta organización para distribuir a las familias afectadas.
 
Um Ahmed vive en un barrio donde los intensos combates han causado destrucción a gran escala y desplazamiento. Tanto su marido como su hijo mayor han muerto. Um Ahmed regresó recientemente a su casa con sus cuatro hijos, después de resultar desplazada.
 
Su única fuente de ingresos es una ONG local: sobrevive con 7.800 (unos 60 euros) al mes, aparte de la caridad. La familia vive en una habitación de su casa que quedó gravemente dañada. Se forman goteras en el techo cuando llueve.
 
"La vida es muy difícil porque los precios son muy altos. El pan, por ejemplo, es muy caro y para conseguir pan subvencionado, tienes que esperar una larga cola. Verduras, leche, huevos, azúcar y combustible son un lujo que no nos podemos permitir", señala.
 

“MIS HIJOS TIENEN MIEDO TODO EL TIEMPO”

"Estamos casi confinados en nuestra casa. Mis hijos no salen de casa, excepto para ir a la escuela. Cada vez que se inician los enfrentamientos, voy a buscarles temprano para llevarles a casa. Mis hijos tienen miedo todo el tiempo", explica Um Ahmed.
 
Otra mujer con la que hablé me dijo que teme por la seguridad de su hijo, que tiene 16 años, cada vez que sale de casa para ir a la escuela. "Estoy temerosa de que le secuestren o le detengan en un puesto de control, pero destaca en la escuela y le tengo que dejar ir. Quiero que reciba también una educación superior".
 
Sobre los desafíos a los que se enfrenta la familia, Um Ahmed también agregó: "Si mis hijos se enferman por la noche, o un viernes, no hay ningún lugar donde los pueda llevar. No nos sentimos seguros donde vivimos. Ha habido casos de aumento de saqueos y otros delitos. Por la noche atasco la puerta con una madera porque tenemos miedo de que entren los hombres". 
Ver video
 
Hay demasiadas familias que se han visto privadas de su pasado y soportan un presente cruel. Sin embargo, en medio de toda esta devastación, lo que me llama la atención --y lo que me da esperanza-- es la determinación de los padres y las comunidades por garantizar que sus hijos reciban una educación, a pesar de los riesgos.
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Mozambique: refugio, alimento y seguridad para los desplazados por las inundaciones

Fecha: 
Lun, 25/02/2013 (Todo el día)
19/09/2013 | Actualizada a las 11:37h |

Post de Suzanne Beukes, Corresponsal de UNICEF.

Mientras cientos de familias huyen a terrenos más altos, el Gobierno y la comunidad internacional se movilizan en Mozambique para garantizar que los desplazados por las inundaciones tengan refugio, alimento y seguridad.

Una pequeña muchedumbre se ha reunido al borde del puente Xai Xai, en la provincia mozambiqueña de Gaza. El grupo observa con angustia cómo un equipo de salvamento de la Marina amarra un bote con personas que se han visto obligadas a huir de sus hogares inundados.

Los oficiales ayudan a los pasajeros a desembarcar. Transportan sus posesiones más preciadas: ropa, cacerolas, gallinas, un cerdito… Todo lo que pudieron reunir en un momento de pánico cuando creció el nivel de las aguas.
 
Miranda Nachava salta fuera de la embarcación, visiblemente angustiada. "No me gusta marcharme, porque algunas personas murieron allí", sostiene.
 
Las inundaciones en Mozambique han afectado a unas 250.000 personas y se estima que hay 150.000 desplazados.
 
Chokwe es uno de los distritos más afectados. El centro de la ciudad --generalmente bullicioso con sus mercados, automóviles y peatones-- se encuentra ahora sumergido bajo las aguas. Un puñado de ciudadanos atravesaron hábilmente las aguas mientras transportaban sus bienes sobre sus cabezas, en un intento por salvar sus pertenencias. Otros acamparon en la azotea de los edificios más elevados, a la espera de que bajara el nivel de las aguas.
 
Sin embargo, la mayoría abandonó el municipio después de que el Gobierno decretara la alerta roja.
 

CUBRIR LAS NECESIDADES BÁSICAS

Chiaquelane es el lugar del campamento de ayuda más próximo, a unos 30 kilómetros de Chokwe. A finales de enero, unas 70.000 personas habían huido hacia Chiaquelane y miles buscaban refugio en el campamento. La zona fue elegida, en palabras del administrador del distrito, Alberto Libombo, "porque se sitúa en un terreno más elevado y dispone de ocho puntos de abastecimiento de agua".
 
Durante el día, estos puntos de abastecimiento son testigos de una constante fila de desplazados que recogen agua potable. “En una situación de emergencia como ésta, las personas necesitan suministros básicos como alimento, agua, refugio e higiene", explica el Representante Adjunto de UNICEF Mozambique, Roberto De Bernardi.
 
El Gobierno de Mozambique, los organismos de Naciones Unidas y las ONG trabajan las 24 horas para garantizar que estas necesidades básicas estén cubiertas.
 
El creciente número de desplazados implica problemas de salud y protección. "Cuando tienes un gran grupo de personas que vive en condiciones difíciles", señala Lola Castro, responsable del grupo de trabajo del equipo humanitario de país, "tenemos que garantizar que disponemos de la suficiente agua, saneamiento y atención médica, y que [las personas] están bien alimentadas y no desarrollan problemas como el cólera o la desnutrición".
 
La salud y el bienestar de los niños son cuestiones especialmente importantes en campamentos como el de Chiaquelane. En el marco de la respuesta humanitaria, UNICEF distribuye galletas de alto contenido nutritivo, mosquiteras y tiendas de campaña para ofrecer servicios médicos. UNICEF colabora también con las autoridades para encontrar a los niños extraviados y proteger a mujeres y niños ante cualquier clase de abuso.
 
Por otra parte, UNICEF brinda apoyo a una unidad móvil que viaja por el campamento y las zonas aledañas para proporcionar a los residentes educación sobre buenas prácticas de higiene y saneamiento, lactancia materna y prevención contra el VIH. Por las tardes, las personas pueden congregarse en torno a una pantalla para ver vídeos educativos sobre estos temas.
 

Atender a los más vulnerables

Salatiel Moozinhositoe, de 16 años, espera pacientemente que digan su nombre, de una lista en la que figuran las familias más vulnerables del campamento. Lanza un suspiro de alivio cuando gritan su nombre y recoge una enorme bolsa de plástico con artículos domésticos.
 
Salatiel llegó al campamento sin nada más que la ropa que llevaba puesta. Según cuenta, le informaron de las inundaciones e inmediatamente llegó al campamento en compañía de un amigo. "No tengo dinero para ir a comprobar cómo está mi familia y ver dónde están. He tratado de llamar a mi tía pero el teléfono no daba respuesta. No sé dónde están", comenta.
 
Para Salatiel y otras personas como él, el kit suministrado por UNICEF --que incluye alfombras, cacerolas, sartenes, tazas, cubertería y mantas-- es una gran ayuda. Según la Especialista en Protección Infantil de UNICEF, Mariane Muzzi, los kits están pensados para personas como Salatiel, que proceden de hogares pobres y ahora no tienen absolutamente nada. "Son básicamente conjuntos de emergencia para ayudar a estas familias a sobrellevar las próximas semanas aquí en el campamento", añade.
 
Cuando cae la noche en el campamento, un continuo torrente humano confluye con un alborotado laberinto de personas que han perdido sus hogares y de trabajadores humanitarios, para encontrar un lugar donde descansar. Sin embargo, cuando todavía no ha pasado lo peor y continúan las labores de auxilio y rescate, se necesita con urgencia más ayuda para salvar vidas.
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