Mauritania

Si se trata de crisis, hablemos de Mauritania

Fecha: 
Mié, 20/06/2012 (Todo el día)
20/06/2012 | Actualizada a las 09:58h |
Gonzalo Fanjul, Investigador y Autor del blog 3.500 Millones.

Por Gonzalo Fanjul, Investigador y Autor del blog 3.500 Millones. Está analizando varios estudios de caso para UNICEF España. Mauritania es el primero de ellos.

Con perdón de los europeos, si se trata de crisis hablemos de Mauritania. Unas 700.000 personas (alrededor de un cuarto de la población total del país) se encuentra en este momento en situación de inseguridad alimentaria. UNICEF ha calculado que 90.000 menores de 5 años padecerán desnutrición aguda a lo largo de este año, incluyendo 12.600 casos extremadamente graves.  
 
La sequía que castigó a la región del Sahel en 2011 está teniendo consecuencias devastadoras en la provisión de alimentos de familias y comunidades enteras. Es el segundo shock climático en tan solo tres años, lo que significa que la crisis de hoy golpea a una población que ya era altamente vulnerable.
 
Por si fuera poco, el conflicto armado que sufre el vecino país de Malí ha provocado un éxodo de refugiados que afecta en parte a Mauritania. Naciones Unidas contabiliza alrededor de 70.000 refugiados malienses en la frontera sudeste del país. La atención de la nueva emergencia no solo supone una distracción de recursos esenciales de las agencias humanitarias, sino que además genera conflictos con la población local a propósito de recursos de recursos naturales escasos.
 

"Las personas y los animales compiten por el agua"

Las poblaciones malienses huyen de sus casas llevándose los animales que constituyen la única propiedad de valor, lo que supone una sobrecarga para el pasto y los acuíferos de las zonas de acogida. "En los alrededores del campo de refugiados de M'Bera -nos decía un responsable de UNICEF en el país- las personas y los animales compiten por el agua".
 
No es una, sino dos crisis. Crisis que establecen la diferencia entre la vida y la muerte. Un simple paseo por los centros de nutrición que el Gobierno, las ONG y las agencias internacionales mantienen en las zonas más vulnerables del país (incluyendo los devastados suburbios de Nuakchott) ayuda a poner los problemas propios en perspectiva.
 
Los profesionales de salud mauritanos sostienen una batalla épica contra la vergüenza de nuestro tiempo. Las agencias humanitarias a las que visitamos, como la Agencia Española de Cooperación, se ven obligadas a tomar decisiones extremadamente difíciles con recursos cada vez más escasos. 
 
Desde Mauritania, Dívar, Merkel y la prima de riesgo parecen tan pequeños... 
 
Sigue este viaje a Mauritania a través de @GonzaloFanjul, @unicef_es y #viajemauritania.)
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En Mauritania se está ganando la batalla contra la desnutrición infantil

Fecha: 
Lun, 18/06/2012 (Todo el día)
18/06/2012 | Actualizada a las 14:01h |
Gonzalo Fanjul, Investigador y Autor del blog 3.500 Millones

Por Gonzalo Fanjul, Investigador y Autor del blog 3.500 Millones. Está analizando varios estudios de caso para UNICEF España. Mauritania es el primero de ellos.

Con excepción de un maltrecho sistema de aire acondicionado, no hay nada lujoso en la pequeña oficina del Dr. Kané Mustafá, responsable del Programa de Nutrición en el Ministerio de Salud de Mauritania. Bajo una pared desconchada de la que cuelga un viejo póster de UNICEF, un ordenador personal y una impresora pelean su espacio en la mesa con una pila de informes que describen la situación del país. Viendo este panorama, nadie diría que Mustafá y su equipo han protagonizado en los últimos años una de las mayores historias de éxito en la lucha contra la desnutrición infantil.

Mauritania es la cara olvidada de la crisis alimentaria que padece el Sahel. Siete de sus regiones (la mayor parte de ellas al sur del país) se enfrentan a una situación de desabastecimiento crónico de alimentos que amenaza con hipotecar el futuro de toda una generación. Sin embargo, la situación es infinitamente mejor que hace dos décadas, cuando las tasas de desnutrición infantil afectaban a uno de cada dos niños. La combinación de medidas como la extensión de la lactancia materna y la introducción de micronutrientes en la dieta de las poblaciones más vulnerables ha permitido atacar algunos de los determinantes del problema, como nos explica el equipo de UNICEF en el país.
 
Lo que es más importante, Mauritania se ha convertido en un modelo de éxito gracias a la aprobación del programa REACH, que desde 2008 coordina bajo el liderazgo del Gobierno las acciones de los principales organismos multilaterales (UNICEF, FAO, OMS o PMA) y ONG internacionales presentes en el país. Este programa -financiado en parte por la Cooperación Española- considera la complejidad de la lucha contra la desnutrición: los complementos alimenticios y la lactancia materna son imprescindibles, pero también lo son las clínicas comunitarias que atienden a las madres o la construcción de pequeños graneros que protejan a las familias contra la subida de los precios de los alimentos. 
 
"Cuando vamos a reuniones internacionales, hablamos con una sola voz", explica orgulloso el Dr. Mustafá. Tiene buenas razones para estarlo. En Mauritania estoy comprobando el valor insustituible de la ayuda de calidad. Agencias especializadas y personal local trabajan con las autoridades nacionales para salvar vidas y futuros. Si las cosas siguen a este ritmo, podrán cumplir para 2015 el sueño de reducir a la mitad la desnutrición infantil, y los españoles podremos decir que hemos sido parte de ese sueño.
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El hambre en colores

Fecha: 
Mar, 08/02/2011 (Todo el día)
11/04/2011 | Actualizada a las 13:23h |
Carmen Noguera

Inés Lezama, Especialista en Nutrición de UNICEF en Mauritania Si alguien te pregunta de qué color es el hambre, es que aún no se ha afrentado a ella, porque quienes la sufren, lo saben. Al igual que un viejo griot puede hacer acuarelas de colores al describir el gran continente olvidado, nosotros diagnosticamos el mal del hambre en un niño al identificarlo a un color, el rojo, que nos indica stop, como un semáforo.

Inés Lezama, Especialista en Nutrición de UNICEF en Mauritania Si alguien te pregunta de qué color es el hambre, es que aún no se ha afrentado a ella, porque quienes la sufren, lo saben. Al igual que un viejo griot puede hacer acuarelas de colores al describir el gran continente olvidado, nosotros diagnosticamos el mal del hambre en un niño al identificarlo a un color, el rojo, que nos indica stop, como un semáforo. La definición de hambre no está clara y es distinta en función de a quién preguntamos, así que apreciarla se vuelve tarea complicada.

Pero, ¿qué hacemos para paliar el hambre? ¿Y para proteger el derecho que tienen todos los niños a una alimentación adecuada? La desnutrición es una violación de los derechos de los niños.   Los esfuerzos a lo largo de los últimos años han sido considerables y, a pesar de las nuevas amenazas (epidemias, cambio climático...), cada vez estamos más cerca. A un niño con el color rojo lo identificamos con hambre. No obstante, en el estado nutricional individual influyen 3 tipos de factores: alimentos, salud y cuidado. Una nutrición adecuada requiere la presencia de los tres. La iniciativa verde Dejadme que os hable de una iniciativa que está forjando cambios: REACH- Renovando Esfuerzos contra el Hambre Infantil. Esta iniciativa es verde, como lo fue la revolución que en Asia cambió la vida a millones de personas tras aumentar la productividad agrícola;  es azul intensa, color de vida nómada, que emana olor a leche de cabra y de camella. Mauritania ha sido un país piloto en recibir esta iniciativa en 2008, y tras dos años, ha alcanzado gran madurez. Expertos de las cuatro agencias de Naciones Unidas fundadoras de REACH, nos han visitado estos días, en los que hemos tenido la oportunidad de situarnos en un futuro cercano, en el que hay que consolidar los compromisos políticos y poner en marcha el Consejo Nacional de Desarrollo de la Nutrición. REACH ha tratado de elegir las mejores acciones (las más eficaces, menos costosas, que se puedan hacer en el hogar, duraderas y con rápido impacto al llevarlas a gran cubertura) en cinco ámbitos:

  1. Mejorar la alimentación infantil (lactancia materna y alimentación complementaria)
  2. Aumentar la ingesta de micronutrientes (vitamina A, hierro, yodo..)
  3. Intensificar el control de la diarrea y de parásitos
  4. Tratar la desnutrición aguda
  5. Mejorar la seguridad alimentaria de los hogares

La iniciativa se trata de un catalizador que refuerza el rol del gobierno y establece lazos de cooperación fuertes de las estructuras, programas e iniciativas existentes. El proceso ha sido difícil, pero ya se han notado ciertos progresos en la vida de los niños y las niñas mauritanos, La práctica de la lactancia materna exclusiva ha pasado de 11% en 2007 a un 45.9% en 2010. El color de esta acción es amarillo porque nos indica que hay que tener precaución, aunque vamos por buen camino en la prevención de la desnutrición.  Como el sol, naranja o amarillo, iniciativas como REACH nos llevan a un movimiento global que pretende dar relevancia a la nutrición (Scaling Up Nutrition-SUN) que es motor del desarrollo. Aún falta mucho por hacer, pero ahora somos conscientes de que existe más conocimiento, más voluntad, mas compromiso y que la nutrición es la que da color de esperanza en la lucha contra el hambre.

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Mi niño ya no come arena

Fecha: 
Mar, 03/08/2010 (Todo el día)
11/04/2011 | Actualizada a las 14:13h |
Inés Lezama

Por Inés Lezama, Especialista en nutrición UNICEF Mauritania

Estamos en Tidjkja (ubicada en el centro de Mauritania) durante la estación de la Guetna o recogida de dátiles. El calor es intenso y el viento de arena, deja un halo de misterio, y de silencio. Todas las familias de la ciudad se recogen en sus casas y khaymas. Acompañamos a Aminetou, matrona de la cuidad, que está haciendo visitas a hogares.  A lo largo de 3 días debe visitar los hogares de los niños que han recibido un suplemento alimenticio.

Desde el 13 de junio, en pleno periodo de escasez de alimentos (soudure), UNICEF apoya al Ministerio de Salud  en una acción preventiva contra la desnutrición en la región de Tagant. Esta acción consiste en suplementar a todos los niños de entre 6 y 36 meses con un alimento listo para consumo llamado Plumpy Doz.  3 cucharadas grandes al día durante los 3 meses más duros del año son suficientes para paliar el impacto de la falta de alimentos y reducir la incidencia de la desnutrición. La operativa está siendo compleja, porque estamos a las puertas del desierto, donde un porcentaje alto de población es nómada. Sin embargo, el éxito está asegurado y el impacto será evidente a finales del mes de agosto. Más de 8.000 niños han recibido su dotación mensual y seguirán en el programa hasta el final. Uno de los efectos más conocidos es el aumento del apetito de los niños,  y esto ya lo está notando Aminetou, que recoge la información de las visitas que hace en cada hogar. "¿Ha notado usted algún cambio en el niño desde que recibe el suplementó? –pregunta Aminetou a Zeinabou. Antes de que ésta responda, la abuela expresa su alegría, celebrando que ya no ve a su nieto Isselmou comer arena todo el tiempo. Lo mismo comenta la madre de Cheikhna y de otros tantos niños y niñas que aseguran ver a sus hijos más enérgicos y sanos. Pero esto es sólo el comienzo, todas deben ir al centro de salud  para recibir otros “botes del apetito” para sus hijos. Aminetou , está cansada, el día ha sido duro aunque ha podido observar que la acción es muy pertinente y que va a ayudar a proteger a los niños de la desnutrición y de la enfermedad, ya que las dosis de micronutrientes actúan como protectores naturales ante infecciones y otras carencias. Por eso, el seguimiento es fundamental para conocer el punto de vista de las familias y también para evitar que el producto se comparta entre todos y que esto disminuya el impacto en los niños. Tagant es una de las regiones más vulnerables, que tiene un contexto geográfico muy difícil, con lo cual este tipo de intervenciones son las más eficaces. Desde luego que es difícil pensar que, mientras muchos viven en unas circunstancias límites, otros han pasado por estas tierras de caravanas para hacer rallyes y demostraciones de control. En la habitación del albergue de desierto en la que me encuentro duermo pensando en Isselmou, en Aicha, en Fatimetou, en Cheikh y en tantos  otros niños que han recibido un apoyo elemental para su óptimo desarrollo, no sólo físico, sino intelectual. Hoy siento que podemos hacer avanzar la humanidad.

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La hospitalidad mauritana y el cordero

Fecha: 
Mié, 16/06/2010 (Todo el día)
11/04/2011 | Actualizada a las 14:44h |
UNICEF España

Por Toté Moreno, Presidente del Comité de Castilla-La Mancha y Patrono de UNICEF España.

 

 

La carretera  que une Nouakchott con Aleg es una interminable línea recta de 250 kilómetros. Ya antes de salir de la ciudad nos damos cuenta que es mejor no mirar la carretera. Este es un país relativamente libre y democrático; y en la carretera lo de la libertad se lo toman al pie de la letra, vamos que conducen como les da la gana. Solventado el asunto de la conducción, sobre todo tras el primer susto con “pequeña salida” hacia un arcén inexistente incluido, dejamos que Hashem, nuestro simpático chófer, haga su trabajo y nos dedicamos a la contemplación del desierto mauritano. Nouakchott es una ciudad que cuenta con cerca de un millón de habitantes. Bueno, en realidad el tema del censo no está muy claro pero se calcula que la capital tiene entre 700.000 y ese millón de personas viviendo por sus calles. Aquí lo raro es encontrarse con edificios de más de dos o tres plantas por lo que la ciudad cuenta con unas dimensiones considerables. No son muchas las calles asfaltadas y todas acumulan en sus arcenes  importantes cantidades de arena del desierto. Del tráfico mejor no hablar que ya está todo dicho… sólo un apunte: si las bocinas de los coches funcionaran con pilas, los de Duracell se harían de oro… ¡Qué pesaditos con el claxon! Esa imagen, urbana a su manera, desparece nada más salir de la zona metropolitana. A ambos lados de la carretera van apareciendo pequeños asentamientos con unas cuantas cabañas construidas con los más diversos materiales, desde adobe a cemento y algo parecido a los ladrillos, hasta cañas, plásticos o planchas metálicas. No faltan las haimas que nos recuerdan que Mauritania fue, hasta no hace mucho, un conglomerado de tribus nómadas, sometidas a la colonización francesa e independiente desde 1960. Tras tres horas y media de camino llegamos a Aleg, la capital de Brakna. Antiguo fuerte francés, hoy es una localidad con unos 20.000 habitantes. Su calle principal, la única con algo parecido al asfalto, bulle de pequeños comercios y transeúntes. Tras la protocolaria visita a las autoridades locales, nos encontramos con los miembros de Tostan, ONG senegalesa que gracias a UNICEF y al Comité Español está llevando a cabo un increíble proyecto que ellos llaman “reforzamiento de capacidades comunitarias”. Pero detrás de tan anodino título se esconde un poderoso salto en el desarrollo económico, social y cultural de las pequeñas comunidades en las que se ha llevado a cabo. El programa tiene, no obstante, un objetivo muy claro y concreto: eliminar de la vida mauritana la terrible práctica de la mutilación genital femenina. Con un enfoque de derechos, con la participación de todos los niveles gubernamentales y asociativos posibles y con el absoluto protagonismo de la propia comunidad, el programa ha permitido mejorar los niveles de vacunación, de registro de nacimientos, de asistencia a consultas médicas, de atención a las mujeres embarazadas, de escolarización; ha posibilitado la creación de cooperativas de mujeres. Y ha conseguido crear comunidades que públicamente declaran estar libres de la mutilación genital femenina. Además, ese importantísimo logro se ha llevado a cabo con el consenso de toda la comunidad, incluidas aquellas mujeres que durante décadas agarraron una oxidada cuchilla para someter a las niñas de su poblado a la más cruel de las mutilaciones. Creo que ninguno de nosotros olvidará jamás la experiencia vivida en Bouhdida con una de estas comunidades. Y UNICEF estaba allí, en boca de decenas de mujeres que contaban abiertamente y con orgullo que gracias a ese trabajo hoy se sentía personas portadoras de derechos. La vida en Aleg es lenta o rápida según se la tome uno. No conviene ir con muchas prisas porque los 50 grados a la sombra no invitan a la velocidad en ninguna actividad. Aquí sólo corren las cabras cuando cruzan la carretera y escuchan acercarse a un coche a toda velocidad, porque camellos y vacas se lo toman con parsimonia y no parecen tener sus vidas en mucha estima. Por cierto, en Mauritania la amabilidad y la hospitalidad son una religión. En ese sentido tenemos mucho que aprender de este pueblo. Es normal llegar a cualquier casa por humilde que sea y que te agasajen con lo mejor de su despensa que normalmente es cordero. Aquí se come con las manos y sentados sobre alfombras alrededor de un gran plato. De segundo arroz, también con las manos.  Al final te vas acostumbrando… a lo que no tengo muy claro que me acostumbre es a  comer cordero a las dos de la tarde (invita la comunidad), a volver a comer cordero a las cuatro (invitación del responsable de educación de la región),  a cenar cordero (invitación de un amigo del bueno de Ahmed)  y, al día siguiente, a comer… lo adivinan…
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Mauritania, el encuentro con la realidad

Fecha: 
Jue, 10/06/2010 (Todo el día)
11/04/2011 | Actualizada a las 14:56h |
UNICEF España

Por Toté Moreno, Presidente del Comité de Castilla-La Mancha y Patrono de UNICEF España.

El avión salió puntual de la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas. Puntual hasta que se detuvo en un cruce de las pistas. Tras media hora de espera, el comandante de la aeronave comunicó que la culpa era de… los controladores aéreos. Ése iba a ser el último contacto con la realidad española, al menos durante los próximos nueve días.

Mauritania, un país de arena y sol, de pobreza y miseria, de nómadas y tribus, nos esperaba.

El pequeño grupo lo formamos Lorena Cobas, Técnico de Cooperación en la Sede Central;  Inma Sánchez, Técnico de Cooperación y Comunicación en el Comitéde Castilla-La Mancha; y yo, que hemos tenido la oportunidad de poder ver de primera mano la realidad de este país, aprovechando un hueco en la apretada agenda y lejos de las intensas reuniones técnicas.

Tras ocho horas de escala en Casablanca, salimos hacia Nouakchott, capital mauritana, el sábado por la noche. En el pequeño aeropuerto nos espera Christian Skoog, representante de UNICEF en Mauritania, con el que tuve la suerte de compartir una semana en Haití hace ya tres años. Junto a él, Inés Lezama, infatigable trabajadora y fantástica anfitriona, que ha trabajado en UNICEF España durante varios años. La estancia está siendo mucho más amable y fácil gracias a su predisposición y amabilidad… Nos sentimos como sus invitados personales en este caluroso rincón de África.

El trabajo está siendo intenso. La primera parte del viaje la hemos dedicado a conocer la Oficina de UNICEF en Mauritania y a que el personal de aquí conozca el funcionamiento de UNICEF España. Para los que hemos oído mil veces las palabras: “pbas”,  “factura única”, “formulación”, “justificación”, pero nunca hemos sido capaces de entenderlo en profundidad, esto es como un cursillo acelerado e intensivo de todo el proceso de programación, financiación, ejecución y justificación de proyectos de cooperación.

En estos tres días también hemos tenido la oportunidad de visitar al responsable de la Agencia Española de Cooperación, uno de los financiadores más fuertes en estos momentos en Mauritania. Hemos mantenido una reunión con el equipo de Intermon Oxfam, que enterados de nuestra vista quisieron conocernos; y de recorrer las instalaciones del Centro de Salud de Sebkha, donde hemos empezado a tomar contacto con la realidad mauritana en lo que se refiere a atención y necesidades sanitarias.

Sin duda emociona la capacidad de trabajo de los profesionales sanitarios, exprimiendo al máximo los escasos recursos de los que disponen para atender a la población. Sala de consultas, vacunación, planificación familiar, ecografías, odontología, área de malnutrición, de tuberculosis… con lo mínimo y con mucho ahínco parece que las cosas salen adelante.

No obstante, en esta visita, cargada de colorido por las vestimentas del gran número de mujeres y niños que esperan pacientemente para ser atendidos, las imágenes del centro han sido muy duras, al ser conscientes de la escasez de medios, sobre todo la visión de la sala de partos: un espacio donde las paredes y los techos ya casi no aguantan en pie, donde se antoja excesiva la suciedad y donde las camillas en las que las mujeres se tumban para dar a luz parece que se fueran a venir abajo por el óxido que las corroe…

Los próximos días serán de viaje por el sur, muy cerca del río Senegal. Nos esperan proyectos de repatriados, de saneamiento, de protección y de lucha contra la ablación genital femenina, un grave y dramático problema en el país, y del que sólo al oír algunos testimonios, se te parte el corazón.

Todo contrastes, mientras escribo estas líneas vuelvo a pensar en las inmensas playas mauritanas (que ya hemos visitado porque hay que aprovechar el tiempo), en paseos interminables con la calma del Atlántico bajo nuestros pies, esa calma que desprende este país, situado a un puñado de kilómetros de nuestras paradisíacas Islas Canarias.

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Un día extraño

Fecha: 
Vie, 26/03/2010 (Todo el día)
13/04/2011 | Actualizada a las 15:57h |
UNICEF España

Escribe Vanessa Asensio, del Programa de Jóvenes Profesionales (JPO) de Supervivencia en UNICEF Mauritania Hace un día que he llegado de mi misión por el sur del país, y hoy ha sido un día raro, de reflexión y angustia en algunos momentos. El pueblo se llama Zeigrat y allí vive Mint, una niña de 2 años y 4 kilos. Su madre nos deja que la pesemos y midamos para saber si su hija sufre malnutrición aguda. No haría falta ninguna balanza; su estado de desnutrición es evidente. Inés, mi compañera, me llama para que la vea. Yo no puedo ver esto, le digo.

La miro con un cierto desasosiego y un no sé qué hacer. ¿Sobrevivirá?, le pregunto. “Si sigue el tratamiento sí”, contesta.  Una de las causas de su malnutrición ha sido que su madre no le ha dado pecho durante sus seis primeros meses de vida. Esto ha hecho que se debilite día tras día. Terminamos nuestra actividad y nos avisan de que una adolescente se ha puesto de parto. Llegamos a una casita de barro. Al entrar nos reciben la abuela, la matrona tradicional y otras mujeres. Una niña de unos 16 años, sentada en el fondo y  con su velo lleno de sangre, nos mira de reojo. Tiene las piernas estiradas, sobrepuestas una sobre la otra; sólo un plástico negro la separa del suelo. La semana pasada, en el mismo pueblo, dos madres murieron dando la vida. Hoy esta niña ha tenido suerte. Ahora me pregunto: ¿seguirá este bebé de apenas dos días el mismo camino que  nuestra pequeña Mint? Es increíble cómo la vida y la muerte, la muerte y la vida, se cruzan de una manera tan intensa. Hoy es uno de estos días que no quiero ver más; sólo quiero cerrar fuerte los ojos y estar cerquita de los míos.

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Acompañar para ejecutar y así avanzar

Fecha: 
Jue, 25/03/2010 (Todo el día)
13/04/2011 | Actualizada a las 15:59h |
Inés Lezama

Ines Lezama es coordinadora del Proyecto de Lucha contra la Malnutrición Infantil en UNICEF Mauritania En ocasiones me cuesta escribir, no por pereza, si no porque es una rutina que desgraciadamente he perdido. El volumen de trabajo y el tener que establecer prioridades, hace, en ocasiones, tener que dedicar más tiempo a acciones de gestión, de seguimiento, de refuerzo, etc. Y es que es importante apoyar, reforzar al gobierno para ejecutar acciones de alto impacto, que cubran las necesidades de muchos niños y que protejan y garanticen sus derechos básicos.

Esto no es siempre tarea fácil y menos en contextos como este en el que los frutos de siembra tardan en madurar, pero es la misión de UNICEF y en la sección de supervivencia y desarrollo infantil es una de nuestras pautas. Aun así el trabajo en el terreno sigue siendo una de las cosas que más me motiva. Hace dos días me encontraba en Boghé, ciudad fronteriza de la región de Brakna. Se trata de un lugar mágico, cuyos obsoletos edificios y casetas y chozas, me hacen viajar a la época de la colonización. No es que en sí sea meritorio recordar ese periodo, pero es como si la cuidad tuviera mucho que contar sobre la vida de sus gentes a través del tiempo. Sin embargo, si uno entra en el centro de salud, parece que los años no han pasado, y que las nuevas tecnologías, la logística, los materiales de última generación, no han ocurrido aún, no son parte de la historia. Fam, responsable de la maternidad, me enseñó la sala de partos. Pensé en ese mismo instante en el coraje de las mujeres, ya sean las que ayudan al parto, como las que dan a luz. Se me encogió el corazón. En ese instante pensé en que algo deberíamos hacer: cambiar los camastros, los paritorios. Sí que es importante esta labor, pero aún tiene más repercusión e impacto el formar a las personas y en reforzar y apoyar a reestructurar el sistema sanitario del país. Sí, esa es nuestra labor aquí. Además de ayudar a mujeres como Fam a trabajar en las mejores condiciones posibles, debemos apoyar, a reforzar todo el sistema sanitario. Hoy, he tenido una reunión con una colega de una ONG internacional con la que trabajamos y su conclusión después de 8 meses de terreno es la misma. Es necesario un apoyo directo a los responsables sanitarios en el día a día, pero también es indispensable apoyar los recursos humanos del sistema sanitario. De poco sirve formar a todo el personal de un centro de recuperación nutricional si el enfermero de guardia del fin de semana que pertenece a otro servicio del hospital, hace perfusiones a los niños malnutridos. Esto tiene un efecto contrario, incluso devastador. Bueno, sabemos que aunque las cosas van lentas, esta es la visión. Pero precisamente por eso, porque son cambios estructurales que requieren energía, tiempo, esfuerzo y un compromiso real de todas las partes. Nos encontrábamos en una misión de apoyo con responsables de salud y de nutrición del Ministerio: nuestro objetivo, acompañar al médico jefe y a su personal en “la apertura” de un centro de recuperación nutricional para desnutridos agudos severos. Creo que ha sido una de mis misiones “eficaces”, aunque quizá la de menos “me siento útil, he salvado el mundo”. Y es que en esta ocasión no he podido ver historias de vida que me hayan conmovido y que quizás conmuevan a los que leen este blog; no ha habido superhéroes por que no existen (a la excepción de Lunnicef, claro). Lo que he vivido ha sido un genuino traspaso de competencias, de responsabilidades. Y es que después de casi dos años en Mauritania, he sentido cómo el Gobierno va cogiendo el relevo a nuestra asistencia técnica en nutrición empezando a liderar y pilotar acciones. “Este centro tiene que funcionar, voy a poner mi empeño en ello”. Son palabras de Diakité, un responsable del Ministerio. Claro que esto puede chocar a muchas personas en nuestro contexto, en el que algo así puede parecer evidente, por que las riendas las llevan siempre los jinetes. Un viaje a otra realidad Me gustaría, entonces, que los que estéis leyendo este texto, pudierais transportaros a una realidad sanitaria precaria, a cuidados de calidad no constantes, a un contexto donde todo está por construir, donde hay que asegurar hasta lo más básico, donde reina la antipatía sobre el porqué de las cosas y hay un cierto hastío… Desde el año 2007 se puso en marcha en todo el país un protocolo sobre el tratamiento de la malnutrición aguda. A lo largo de estos años los esfuerzos se han centrado en las formaciones del personal, en poner a su disposición material antropométrico, los alimentos terapéuticos, las herramientas de registro y seguimiento, etc. Pero, sin dejar de reforzar las capacidades de las personas y de fomentar la adjudicación de conocimientos y de responsabilidades, nos hemos dejado de lado el refuerzo de la participación, de la toma de decisiones institucionales y personales. En este sentido, comienza tímidamente nuestra acción de este año, porque hay que despertar conciencias, hay que fomentar el activismo y así ir en búsqueda de la autoeficacia en salud, en nutrición, en cuidados. Los primeros pasos ya se están dando, y se está preparando una estrategia de comunicación para el cambio de comportamiento que, basada en paradigmas para el progreso, habla de desarrollar herramientas y de fijar comportamientos que ayuden a las familias a ser “responsables y reclamantes” de su salud. Sin ánimo de ser pesimista este relato trata de hacer una reflexión sobre lo minúsculos que nos podemos sentir ante ciertas situaciones y lo flexibles que hay que ser en los pensamientos y en las acciones, siempre llegando a los más vulnerables pero sin dejar de pensar en los “remedios” estructurales y no siempre pensando que es mejor curar, sino que la prevención es también prioritaria.

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Hablemos de salud, hablemos de supervivencia

Fecha: 
Jue, 26/11/2009 (Todo el día)
14/04/2011 | Actualizada a las 14:53h |
Inés Lezama

Ines Lezama es coordinadora del Proyecto de Lucha contra la Malnutrición Infantil en UNICEF-Mauritania. Este post lo ha escrito desde Guidimakha. Resulta que, en ocasiones, nos olvidamos de que la salud es algo más que un “estado de bienestar”; es sobrevivir, es desarrollarse, es SER. Cosas que nos pueden parecer tan esenciales y de fácil acceso: como vacunarse, ser tratado de enfermedades básicas, tener acceso al agua potable y a un saneamiento adecuado, en otros sitios no están disponibles en el tiempo.

 Y es que organizar campañas especiales y desplazarse para alcanzar a un número importante de niños y de niñas no es “la única” solución. Y aquí entra en juego el concepto de supervivencia. Para sobrevivir, cualquier niño o niña necesita un paquete de intervenciones curativas o preventivas, incluso antes de haber nacido. El éxito de las acciones en supervivencia, los cuidados de salud e higiene, tienen que ser ofrecidas como paquete a lo largo del ciclo de vida y de forma continua para poder salvar la vida.  Pero esto parece algo demasiado figurado. Cuando se está cerca de la realidad de la población de la región de Guidimakha o de Gorgol, uno percibe rápidamente esta necesidad. Hace unas semanas estaba en Kenikemou, un pueblo cercano a Selibaby, junto con el equipo sanitario móvil de un puesto de salud. Allí encontramos a Naye, una niña de apenas 3 meses de edad que detectamos que tenía un bajísimo peso: 2, 400 kg. Se trataba de un caso de malnutrición, debido entre otras causas a una lactancia materna incorrecta. Pero no nos debemos parar ahí; siempre hay que intentar indagar más, conocer las causas, estudiar el caso en profundidad. Se trata del quinto hijo de esta valerosa madre. Las excesivas cargas de trabajo de las mujeres y el hecho de tener que ocuparse de todos sus hijos, hace que la práctica adecuada de la lactancia no haya tenido éxito, Naye no ha recibido el pecho, el calor de su madre a la demanda. Además, debido a que otras personas cuidan del bebé y a que no puede amamantar todo el tiempo, se le van ofreciendo otras cosas de forma precoz que tienen un impacto negativo, como es el agua, que no siempre es óptima ya que el acceso al agua potable es difícil. A esto hay que añadir que, a su quinto embarazo, Awa sufría un buen desgaste físico y no tuvo un seguimiento adecuado, sin realizar las visitas médicas pertinentes. Por todo ello, Naye nació con un peso ya insuficiente. Círculo vicioso Estas causas y otras que desconocemos, pero intuimos, como el analfabetismo de su madre, la pobreza, la inseguridad alimentaria, y el escaso acceso a los cuidados de salud básicos, hacen que Naye entre en el círculo vicioso de la malnutrición. En esta ocasión ha tenido suerte, porque el equipo sanitario móvil le va a transportar al centro de recuperación nutricional del hospital de Selibaby, donde de forma adecuada van a mejorar su estado nutricional y a restablecer la práctica de la lactancia. Este es un ejemplo de ”actividad de proximidad”, pero yo me pregunto qué hubiera pasado si la familia de Awa hubiera hecho una correcta planificación familiar, si una vez embarazada hubiera seguido las 4 consultas prenatales mínimas, si hubiera dado a luz en un centro de salud en vez de en el hogar, si el pueblo dispusiera de agua potable, si la lactancia materna exclusiva fuera adecuada, etcétera. En fin, es probable que, si todas las posibles intervenciones hubieran sido brindadas, ese caso de malnutrición no hubiera existido: evitando, como en el de otros tantos muchos niños y niñas, llegar a un posible final no deseado. Aunque no es el caso, ya que Naye ha recibido los cuidados adecuados durante 3 semanas y ahora está de vuelta en casa, recuperada. Se sabe que se salva la vida de un niño o niña por la suma de intervenciones, ya que no podemos salvar la vida a cada vez. UNICEF-Mauritania aboga, junto con el Ministerio de Salud y otros socios, por la oferta de todos los servicios o intervenciones básicas que de forma eficaz mejoran la supervivencia de las personas. Es una prioridad en Mauritania, país con tasas de mortalidad maternas e infantiles muy elevadas. Por eso se está implementando la Estrategia Nacional de Supervivencia de la Infancia, con 42 intervenciones claves que se desarrollan en las comunidades, en las estructuras sanitarias de proximidad, en los centros especializados y en los hospitales. Pero, no pensemos que todas las intervenciones son acciones de “life saving”, ya que la mitad de ellas son intervenciones que buscan el cambio de comportamientos. Hay cosas básicas, como el lavado de manos en momentos críticos, que hasta ahora no habían parecido tan importantes, pero que ahora forman una pieza clave de un puzzle complejo: el puzle de la supervivencia. El compromiso de todas las partes es grande y los progresos empiezan a ser notables, aunque hace falta pisar a fondo el acelerador para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Todos formamos parte de la red de actores en pro del desarrollo y todos somos corresponsables de lo que pasa en países como Mauritania, pero debemos cambiar nuestra forma de ver las cosas; la supervivencia no solo es dar una vacuna, dar medicinas. Es rentabilizar los contactos de la sanidad con los niños y las niñas, con sus madres y ofrecer un paquete de intervenciones de forma integrada, todas  las intervenciones a la vez.

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Inés Lezama en los Desayunos de TVE

Fecha: 
Jue, 19/11/2009 (Todo el día)
14/04/2011 | Actualizada a las 15:10h |
UNICEF España

Inés Lezama, una de las colaboradoras de este blog y Especialista en Nutrición de UNICEF en Mauritania, paticipa este viernes 20 de noviembre en los Desayunos de TVE. Este programa de actualidad, que se emite de lunes a viernes de 9:00 a 10:30 se une así a la semana Concienciados con la Infancia, una iniciativa de RTVE, en colaboración con UNICEF y otras organizaciones para reflexionar sobre la situación de la infancia en el mundo, en la semana en la que se cumplen 20 años de la entrada en vigor de la Convención sobre los Derechos del Niño.

 

Inés Lezama, una de las colaboradoras de este blog y Especialista en Nutrición de UNICEF en Mauritania, paticipa este viernes 20 de noviembre en los Desayunos de TVE. Este programa de actualidad, que se emite de lunes a viernes de 9:00 a 10:30 se une así a la semana Concienciados con la Infancia, una iniciativa de RTVE, en colaboración con UNICEF y otras organizaciones para reflexionar sobre la situación de la infancia en el mundo, en la semana en la que se cumplen 20 años de la entrada en vigor de la Convención sobre los Derechos del Niño.

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