Emergencias

Conócenos: Iker de Urrutia, República Centroafricana

Fecha: 
Mié, 16/04/2014 (Todo el día)
16/04/2014 | Actualizada a las 15:35h |
Iker de Urrutia, especialista en Emergencias en República Centroafricana

Iker de Urrutia es especialista en Emergencias. 

Actualmente trabaja para dar respuesta a las necesidades humanitarias causadas por el conflicto en la República Centroafricana

"Para mí el trabajar con UNICEF es una satisfacción inmensa por ver que tenemos un impacto en la vida concreta de niños y niñas que están sufriendo todos los días entre balas y detonaciones en medio de un conflicto bélico".

Iker, bilbaíno, se refiere a la situación que se vive en la República Centroafricana, donde UNICEF trabaja desde 1968. Actualmente hay 144 miembros de UNICEF en diferentes ciudades del país.

Él está allí desde el mes de agosto. Antes trabajó en Camerún y Haití.  

República Centroafricana: 2,3 millones de niños afectados

Cuando Iker habla de los niños que sufren entre balas, está pensando en los 2,3 millones de niños afectados por el conflicto en la República Centroafricana. 

La violencia y el reclutamiento forzoso, además de la falta de servicios básicos, alimento y refugio, son los mayores problemas a los que se enfrenta la infancia. 

Más de 625.000 personas, de las que la mitad son niños, están desplazadas en el interior del país.

Gracias al trabajo de UNICEF y sus aliados más de 183.000 personas tienen acceso a agua potable, 150.000 niños han sido vacunados contra el sarampión y 23.000 participan en programas de aprendizaje.

Pero queda mucho por hacer para responder a las necesidades humanitarias de la población durante 2014.

Por ello UNICEF ha hecho un llamamiento de 45,4 millones de euros. 

Relaciones

República Centroafricana: diario de campo

Fecha: 
Vie, 11/04/2014 (Todo el día)
11/04/2014 | Actualizada a las 13:01h |
Kent Page

Blog de Kent Page, de UNICEF en República Centroafricana.

En los últimos días, he estado en República Centroafricana.

La violencia continúa y amenaza la seguridad del pueblo, incluyendo la de los hijos.

Muchos niños viven en campamentos de desplazados. He conocido a varios con terribles lesiones que les debilitan.

Amina*, de 8 años, recibió un disparo en la parte superior del muslo durante un ataque a su pueblo, a cientos de kilómetros de la capital, Bangui, donde fue llevada para recibir tratamiento.

Su madre y su padre murieron en el ataque.

Vive con unos familiares que la trajeron hasta aquí, pero se encuentran en una situación desesperada. Están aislados en un barrio precario en Bangui, rodeados de hombres que amenazan con matarles a todos si no abandonan el país

Sin embargo, Amina ni siquiera puede caminar sin la ayuda de unas pequeñas muletas de plástico.

El fin de semana pasado 3 personas murieron y 38 resultaron heridas en ataques contra dos barrios de Bangui; uno de ellos era el de Amina.

La cicatriz en el muslo de Amina mide cerca de una pulgada y media de largo y no es estética. Pero ella sabe que lo verdaderamente importante y urgente es aprender a caminar de nuevo.

República centroafricana: no hay tiempo para jugar

Sara* tiene 11 años y vive en un campamento de desplazados, junto con miles de personas que tuvieron que huir de los ataques a sus pueblos y barrios.

Sus padres tratan de ganarse la vida haciendo cualquier tarea doméstica, incluyendo la venta de leña para cocinar.  Sara y su familia viven en una casa improvisada bajo un avión abandonado

Sara sabe lo mala que es su situación y ayuda cada mañana barriendo alrededor de su pequeña casa improvisada, hecha con sábanas viejas bajo un avión abandonado.  

Luego recoge la madera y hace un pequeño fuego para vender café a otras personas desplazadas.

Lava la ropa de la familia en un cubo de plástico y cuida de su hermana pequeña.

Es una chica seria y no tiene tiempo para jugar.

Sara sólo quiere volver a la escuela para aprender, y así llegar a ser policía algún día: "Así podré proteger a papá y mamá".

Samuel, víctima de la violencia de su país

Samuel* tiene 12 años y cuando me encontré con él en el campamento de desplazados Boy- Rabe en Bangui, sus amigos empujaban su silla de ruedas.

Ya no puede correr y jugar al fútbol con los otros niños, pero sigue estando alegre.

Samuel fue gravemente herido en un ataque con granadas y sus piernas fueron amputadas por encima de la rodilla- otra víctima inocente de la violencia sin sentido que azota a la República Centroafricana.

Samuel es un chico popular. El día que nos conocimos, fue la celebración de los 3 meses del espacio de aprendizaje para desplazados creado por UNICEF y sus aliados locales en la comunidad de Boy-Rabe.

Samuel y otros 1.600 niños participan por la mañana y por la tarde en las clases que se imparten en las grandes tiendas de campaña suministradas por UNICEF. El canto, el baile, el deporte y el arte fueron el centro de las celebraciones. Samuel fue ovacionado cuando participó en el canto y en el baile.  Samuel fue gravemente herido en un ataque y ahora vive en un campamento de desplazados

Amina, Sara y Samuel son sólo tres de los muchos niños de la República Centroafricana que he conocido en los últimos días.

A pesar de toda la inseguridad, la incertidumbre y los retos a los que se enfrentan en cada momento del día, aspiran a la normalidad y a tener una vida mejor.

UNICEF está trabajando duro con otras agencias de la ONU,  con otras ONG y con el gobierno en las áreas de salud, nutrición, educación, protección de la infancia, agua y saneamiento para todos los niños y niñas afectados.

Todavía hay mucho trabajo por hacer: Amina, Sara y Samuel son sólo tres de los 2,3 millones de niños cuyas vidas se han visto afectadas por la actual crisis y el conflicto en su país.

* Los nombres son ficticios.

Relaciones

Crisis de Siria: las vacunas llegan a las zonas aisladas

Fecha: 
Jue, 10/04/2014 (Todo el día)
11/04/2014 | Actualizada a las 12:12h |
Razan Rashidi

Blog de Razan Rashidi, UNICEF en Siria.

"Una gota, dos gotas", cuenta una madre junto a un trabajador del centro de salud Dahiet Qudsaya en Damasco Rural. Su hija, de tres años, llora por el sabor en su boca de la vacuna contra la poliomielitis, pero la madre la tranquiliza: "Ahora vas a crecer sana".

Más de seis meses después de la confirmación del primer caso de polio en Siria, UNICEF continúa apoyando los esfuerzos para hacer frente al brote en todo el país.

La ronda contra la poliomielitis del mes de abril, que comenzó esta semana, tiene como objetivo llegar a 2,8 millones de niños en Siria, con especial énfasis a las áreas de difícil acceso, zonas de conflicto y zonas sitiadas.

El objetivo es que todos los niños sean vacunados; de los 26 casos confirmados de polio en cinco distritos diferentes, casi ninguno había sido vacunado o no habían participado en las suficientes rondas de vacunación, según datos de UNICEF y del Ministerio de Salud de Siria.

Abu Adham, otro padre en el mismo centro de salud, está en la cola para la vacunación con su bebé y su hijo de tres años. "Huimos de Erbeen, en Damasco Rural, hace dos años, justo antes de la operación militar", cuenta. Señalando a la niña que tiene en sus brazos, dice: "Hemos tenido a nuestra segunda hija aquí."

Siria: vacunación en zonas de difícil acceso

El mes pasado, más de 75.000 niños fueron vacunados en las zonas que habían sido previamente clasificadas como inaccesibles.

"Algunos padres no eran conscientes del brote y la necesidad vital de la vacunación", dice un vacunador voluntario. "El uso de las mezquitas para anunciar la campaña ha sido muy útil".

UNICEF está apoyando un plan nacional de comunicación para dar a conocer la campaña entre los padres.

"Es muy positivo ver el aumento del número de niños vacunados en Siria", dice Youssouf Abdel-Jelili, representante de UNICEF en el país. "Todavía queda mucho por hacer para llegar a todos los niños".

Se estima que 104.000 niños no han sido vacunados en alguna de las cinco rondas que se han hecho hasta la fecha, principalmente en las zonas este y oeste de Ghouta, en Damasco Rural.

El apoyo de muchos donantes, incluidos los gobiernos de Alemania y Kuwait, y del Departamento para el Desarrollo Internacional de Reino Unido (DFID), ha sido vital.

UNICEF ha proporcionado al Ministerio de Salud 15 millones de dosis de vacunas contra la poliomielitis en apoyo a la campaña, y ha realizado un pedido de un tres millones adicionales para cubrir la ronda del mes de mayo.

Relaciones

República Centroafricana: las familias desplazadas mantienen la esperanza

Fecha: 
Mié, 09/04/2014 (Todo el día)
09/04/2014 | Actualizada a las 13:04h |
Patrick Flynn

Post de Patrick Flynn, UNICEF en República Centroafricana.

"Mataron a mi hija, a su marido y luego a mi hermano pequeño. Salvajemente. No se podía reconocer el cuerpo", dice Nurumuhamat.

Nurumuhamat vive con otras 92 personas en el precario barrio PK5 de Bangui. Su hermana Nasafatu está también en el grupo.

601.000 personas se han visto desplazadas por toda la República Centroafricana. Algunos se han refugiado en casas particulares, otros han encontrado una relativa seguridad en los campos de desplazados.

Los niños que viven en el mismo recinto que Nurumuhamat dicen: "Nos gustaría ir a Chad o Camerún."

Nurumuhamat es de la República Centroafricana y está profundamente arraigado a Bangui, la capital. No quiere irse de allí.

República Centroafricana: buscar la Seguridad en un monasterio

"Las milicias llegaron, empezaron a disparar a la gente y arrojaron sus cuerpos al río. Tuvimos que llamar a la Cruz Roja para sacar del río los cuerpos de nuestros padres. Fue terrible ", dice Marie Louise.

Marie Louise y su familia también han dejado su casa en busca de seguridad, en el monasterio Boy-Rabe. Allí se encuentran más de 37.000 personas que se han refugiado detrás de las paredes de ladrillo rojo del monasterio, en una bucólica ladera fuera de la ciudad.

Las familias de Boy-Rabe se refugian en tiendas improvisadas. Han colgado cuerdas entre los árboles y han puesto lonas sobre ellos. Sin embargo, las tiendas no ofrecen mucha privacidad ni aislamiento del frío. Los niños duermen en esterillas en el suelo. 

Marie Louise dice que los niños están asustados. "Incluso si hubiera escuelas abiertas, los profesores tendrían miedo de reunir a los alumnos por miedo a que pudieran ser asesinados", dice esta ex maestra de escuela.

Los campos para desplazados -como el monasterio Boy-Rabe - proporcionan la seguridad básica para las personas como Marie Louise  y su familia.

Un largo camino por recorrer

Hay cerca de 601.000 personas desplazadas como Nurumuhamat y Marie Louise y sus familias en toda la República Centroafricana.

UNICEF y sus aliados están realizando acciones para salvar vidas. 

149.000 niños han sido vacunados contra el sarampión. Más de 138.000 personas desplazadas tienen acceso a agua potable. Y 23.000 niños participan en las actividades de los espacios temporales de aprendizaje impulsados por UNICEF.

Pero todavía queda un largo camino por recorrer.

A pesar de su situación actual, Nurumuhamat y Nasafatu son optimistas. Nasafatu confía en que "todo va a estar bien cuando regrese la paz".

“No busco venganza”, dice Nurumuhamat. "Pienso en cómo vamos a vivir juntos".

Al otro lado de la ciudad, Marie Louise  dice: "Los niños son el futuro. Y tenemos que pensar en el hecho de que no están en la escuela. ¿Qué pasará con nuestro país si se mantiene de esta manera?"

Todas las comunidades se enfrentan a los desplazamientos. Los niños son los que están expuestos a un mayor riesgo.

Relaciones

Sudán del Sur: la tormenta perfecta

Fecha: 
Lun, 07/04/2014 (Todo el día)
09/04/2014 | Actualizada a las 11:38h |
Ricardo Pires

Blog de Ricardo Pires, UNICEF en Sudán del Sur. 

He estado en Sudán del Sur durante casi dos semanas como parte del equipo de comunicación de UNICEF para apoyar la respuesta a la crisis, que se ha agravado rápidamente en el país más joven del mundo.

Entender el contexto y el atasco de la ayuda humanitaria en el terreno nunca es sencillo, a menos que uno se sumerja profundamente en la cultura de un país, en su historia y su geografía.

A mi llegada a Juba los puestos de control militares me dieron, de inmediato, una idea clara de lo tenso de la situación.

Durante el trayecto del aeropuerto a mi alojamiento, en un coche del Programa Mundial de Alimentos (PMA), los soldados nos pararon varias veces. Me pidieron que abriera mi equipaje, me preguntaron qué trabajo haría allí y en ningún momento mostraron ninguna simpatía por los objetivos de mi misión.

Después de haber estado en Zambia durante un mes y medio antes de aterrizar en Juba - y debido a mi llegada un tanto turbulenta - no estaba muy seguro de por dónde empezar, pero con sólo caminar por el recinto de la misión de paz de Naciones Unidas en Sudán del Sur (UNMISS), lo tuve todo más claro.

Sudán del Sur: la crisis de los niños

Al menos 21.000 personas desplazadas viven dentro del área de protección civil, la mayoría niños, en un espacio físico que fue diseñado para acoger a la mitad. El calor de 43 grados acaba de hacer todo aún más abrumador.

Inmediatamente vi en colores vivos y con un fuerte sonido el alcance de los retos del futuro.

Sudán del Sur es la crisis de los niños. ¿No afecta a toda la población? Bueno, tal vez sí, pero este conflicto tiene muchas cuestiones particulares que pueden ser catastróficas para los más vulnerables.

Los niños y sus familias se enfrentan a un sufrimiento sin precedentes – con claros signos graves de desnutrición y de enfermedades graves. Por encima de todo está el conflicto.

Es la tormenta perfecta.

El sueño de Sudán del Sur como una nueva nación corre el riesgo de convertirse en una pesadilla para sus hijos. Uno de los problemas más inmediatos, con el inicio de las lluvias cada vez más cerca, es la higiene en los campamentos. El cólera es una gran amenaza y la sospecha (por suerte no confirmada) de los casos en Tomping, ya ha levantado la alerta.

Tomé una foto de una niña jugando en torno a un pequeño estanque de agua sucia sin ser consciente del peligro al que se estaba exponiendo.

La formación es la clave para prevenir un desastre, pero teniendo en cuenta el elevado número de desplazados internos, la situación es muy preocupante.

Y ahora la inseguridad alimentaria es también una realidad inminente. 

Relaciones

Crisis de Siria: mantener a los niños protegidos de las armas

Fecha: 
Vie, 04/04/2014 (Todo el día)
04/04/2014 | Actualizada a las 12:41h |
Kumar M Tiku, UNICEF en Siria

Por  Kumar M Tiku, UNICEF en Siria. 

“Manteneos siempre atentos a cualquier señal o indicio que sugiera la presencia de explosivos en vuestro vecindario”, dice Nahid, profesora de gimnasia en una escuela de Damasco (Siria).

Un grupo de 20 alumnas escucha atentamente mientras Nahid describe los explosivos y munición sin explotar de los que los niños tienen que ser conscientes para permanecer seguros.

Nahid pertenece al primer grupo de profesores de cuatro provincias sirias que completó el curso de UNICEF sobre educación en riesgos. “Estos niños están expuestos a explosivos y bombardeos todo el rato”, declara Nahid.

UNICEF, en colaboración con el Ministerio de Educación y aliados no gubernamentales ha desarrollado un programa de educación en riesgos y apoyo psicosocial, que llega a 200.000 niños en colegios, clubes escolares y espacios amigos de la infancia.

El objetivo es proporcionar formación en riesgos a los niños a través del sistema escolar, estableciendo un grupo de formadores a nivel nacional y provincial. El apoyo cubre la formación de los profesores, el desarrollo de materiales educativos –incluyendo un kit del profesor- y la ejecución de actividades para proporcionar apoyo psicosocial en los espacios amigos de la infancia.

Rihab, profesora, dice que está feliz por que su colegio sea uno de los primeros en Damasco que ha empezado estas clases especiales. El barrio donde se encuentra sufre bombardeos frecuentemente. Por lo menos dos veces por semana, los morteros caen en la zona. “Justo ayer, un mortero cayó frente a la escuela en horas de clase”, dice Rihab.  

Durante un periodo de 6 meses, cada uno de los 55 formadores será responsable de capacitar a 300 profesores.

Como parte de la campaña, UNICEF trabajará con otras ONG para difundir los materiales (posters y folletos con los riesgos de los explosivos remanentes de guerra) entre los niños y las comunidades de más difícil acceso.

En un país devastado por un conflicto intenso durante los últimos 3 años, los niños están constantemente expuestos a los horrores de la guerra. Nahid dice que aunque las autoridades han puesto señales de “peligro” en varios lugares importantes de Damasco para ayudar a los ciudadanos a identificar posibles riesgos como artillería sin explotar, no hay una verdadera conciencia de lo que estas señales significan.

Mediante el uso de materiales como diapositivas y fotos pegadas en las paredes del aula, los estudiantes reciben un “tour visual” de los explosivos que deben evitar.

Manal, una estudiante de secundaria, encontró información para comprender cómo mantener seguros a otros y a ella misma. “Una de las cosas que aprendí fue cómo identificar un objeto sospechoso”, cuenta. “Entonces debía poner una señal al lado del objeto para alertar a los demás de que no lo tocaran, antes de informar a las autoridades y pedirles ayuda”.

*Los nombres de los estudiantes han sido cambiados para proteger su identidad. 

Relaciones

Razan sueña con su vestido rojo

Fecha: 
Jue, 03/04/2014 (Todo el día)
03/04/2014 | Actualizada a las 17:06h |
Ayberk Yurtsever, UNICEF en Turquía

Por Ayberk Yurtsever, de UNICEF en Turquía.

Muchos niños de Siria que huyeron de su país tuvieron que salir de casa a toda prisa y dejar sus pertenencias más preciadas atrás. Esas cosas - un vestido, un libro o un juguete - son ahora sólo un recuerdo.

Pero Razan, de 9 años, no puede olvidar su vestido favorito. Sus ojos brillan cuando lo describe. "Era un vestido largo", dice. "De color rojo brillante y muy elegante. Ese vestido es lo que más echo de menos".

La casa de Razan en Idlib (Siria) fue destrozada en un bombardeo. Ella y su familia sobrevivieron porque estaban fuera visitando a su tía.

Sólo fueron capaces de recuperar algunas pertenencias y juguetes entre las ruinas. "Perdí a mi abuelo y a mi tío por culpa de este conflicto. Mi tío murió con cuatro impactos de bala", añade.

Mientras hablábamos se hacía evidente que el conflicto le ha afectado profundamente. Describió con un detalle perturbador para una persona tan joven los bombardeos, los obuses, las cárceles y la tortura.

Razan, sus padres y seis hermanos llegaron al campo de refugiados de Sarıçam hace catorce meses. Está en tercero de primaria y de mayor quiere ser maestra.

Razan va dos veces a la semana a un Espacio Amigo de la Infancia de UNICEF, donde sus actividades favoritas son la pintura y jugar. También le gusta el nuevo aspecto del centro, que está recién pintado: "Ahora es muy colorido y muy agradable. A mis amigos también les gusta mucho".

Al final de nuestra conversación, posa por última vez con su hermana pequeña para una foto y me invita a visitarla en Siria una vez que la guerra haya terminado.  "Nuestra casa está al final de una rampa. Ten cuidado porque algunos niños lanzan piedras desde allí, pero no te asustes cuando los veas ", dice con una sonrisa.

Relaciones

Sudán del Sur: "Esto es lo que hacemos"

Fecha: 
Lun, 31/03/2014 (Todo el día)
01/04/2014 | Actualizada a las 18:19h |
James Elder

Post de James Elder, UNICEF en Sudán del Sur. 

Cada tema y cada profesión tiene ideas falsas asociadas. Nociones simplistas que están fijadas en el imaginario de las personas. Los abogados son sospechosos, los comerciantes llegan tarde, los “facebookeros” son volubles y los beneficiarios de ayuda siempre están esperando a que sus donantes les entreguen la ayuda.

Y luego está la realidad.

Aquí, en el oeste de Sudán del Sur, cerca de la frontera con Etiopía, la vida es dura. Las temperaturas no ascienden a 50ºC. Son así la mayor parte del día, todos los días.

Y sin embargo, cuando UNICEF y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) llegaron y solicitaron establecer una zona donde los suministros vitales pudieran aterrizar después de ser lanzados desde el aire, más de 50 hombres se ofrecieron como voluntarios inmediatamente.

En teoría parecía simple: despejar un espacio de terreno del tamaño de cuatro campos de fútbol. En la práctica, fue agotador. Con la sola ayuda de unas cerillas y unos machetes los hombres talaron árboles, arrastraron rocas y despejaron la maleza.

El sol era implacable, pero los hombres solo descansaron tres veces. Dos para ir a por agua y una vez para comer. Algunos tenían zapatos, otros no. Ninguno se quejó.

"Esto es lo que hacemos", dijo Gatluak Wur. Luego regresó a despejar las malas hierbas rebeldes.

Según la ONU hay más de 3,7 millones de personas en riesgo de escasez de alimentos. Están expuestos a enfermedades y a desnutrición aguda. Más de 380.000 niños han huido de la seguridad de sus hogares. 380.000. El hambre les persigue. La desesperanza no.

En una carrera contra el tiempo - un cliché que representa una verdadera advertencia sobre el peligro del cólera y la malnutrición – UNICEF y el PMA llegan hoy a quienes eran inaccesibles hasta ayer.

Y precisamente aquellos que eran inaccesibles, esos que se habían escondido en la selva huyendo de la guerra, se están movilizando para asegurar que los suministros lleguen a los que más lo necesitan rápidamente.

La nueva estrategia es compleja. Es un reto entregar ayuda en tiempos de conflicto, más aún en un país que, incluso en tiempos de paz, contaba con una limitada infraestructura.

Algunos trabajadores de UNICEF y el PMA, incluido yo mismo, hemos volado a la ciudad llevando nuestra propia agua, alimentos y tiendas de campaña. Competimos con la malaria y con el gusano de Guinea (un parásito que se encuentra en el agua y que subsiste hasta un año en el cuerpo, antes de anidar en la piel).

Para empezar la distribución, hacemos un recuento de las decenas de miles de personas  que se encuentran a lo largo de cientos de kilómetros cuadrados. Los que ya están formados vacunan a los niños contra el sarampión y la polio. Otros evalúan su estado nutricional. Algunos niños son derivados a centros, otros reciben tratamiento de emergencia.

Los suministros de UNICEF que no pueden ser lanzados desde 500 metros (como vacunas, equipos de educación, agua y kits de higiene) llegan en helicóptero y son descargados. Las familias son registradas.

Los jóvenes son formados para dar apoyo. Los que estaban capacitados previamente vacunan a los niños, mientras que otros hablan con los desplazados para ver si hay niños que han sido separados de sus padres.

El calor comienza a dar un respiro. Los voluntarios sienten compasión. Helicópteros y aviones de carga hacen lanzamientos aéreos, cientos de toneladas caen del cielo; más voluntarios se movilizan. No hay camiones. La distribución comienza. Llevará varios días.

Aunque pocos sursudaneses están capacitados para cambiar el actual curso caótico de los acontecimientos, todos están ansiosos por echar una mano.

“Siempre hablábamos, y con razón, de la terrible situación a la que se enfrentan mujeres y niños”, dice el representante de UNICEF en Sudán del Sur, Jonathan Veitch, "pero a menudo esto implica ser víctimas inertes. Ahora este no es el caso. La gente quiere formar parte de su futuro, quiere contribuir. Nuestro trabajo es asegurar que puedan. "

Relaciones

Crisis de Siria: Huda encuentra esperanza en Líbano

Fecha: 
Lun, 31/03/2014 (Todo el día)
01/04/2014 | Actualizada a las 18:19h |
Salam Abdulmunem, UNICEF en Líbano

Post de Salam Abdulmunem, UNICEF en Líbano.

Huda está sentada en una tienda de campaña, rodeada de su familia. Habla de cuando  dejó su ciudad, Idlib (Siria), hace poco más de un año. Tenía 17 años y acababa de empezar a hacer los exámenes de bachillerato para su graduación. 

"Yo sabía, de verlo en televisión, que los refugiados sirios que se marchan de casa sufren mucho. Me entristeció tener que irme, pero no teníamos otra opción, porque nuestra casa fue bombardeada", dice.

Uno de los días del ataque, 17 personas murieron en su ciudad.  Le vienen  lágrimas a los ojos cuando lo recuerda: "Oí la explosión y vi cómo el polvo subía. Pensé que mi familia estaba muerta. Me hirieron, tenía sangre por la cara y lo único que podía hacer era gritar, ¡Dios ayúdanos!".

Su familia decidió mudarse a Líbano para salvar su vida. "Yo estaba decidida a salir de Siria. Mis hermanos pequeños tenían mucho miedo cada vez que oían un disparo. No comían ni bebían ni jugaban”, dice Huda.

Después de su tranquila vida de pueblo en Siria, ahora Huda vive junto a otros refugiados en una tienda de campaña, en el abarrotado asentamiento informal de Dalhamieh, en el valle de Bekaa.

Al principio se sorprendió por las condiciones de vida, pero se fue adaptando lo mejor que pudo. "Ahora soy refugiada. El ruido, la gente, la tienda de campaña… hay que adaptarse y por ahora tengo que olvidarme de mi vida anterior".

Para ayudar a su familia a llegar a fin de mes, Huda se vio obligada a comenzar a trabajar. "Tuve que trabajar cosechando pepinos en el campo. Ahora odio los pepinos, ni siquiera puedo verlos. Nunca había trabajado en mi vida. Me estaba preparando para ir a la universidad ", dice con tristeza.

A pesar de que su vida se ha puesto del revés, Huda está tratando de ser optimista. Cuando la Asociación Beyond, ONG aliada de UNICEF, inició sus actividades de educación no formal en el asentamiento, Huda se ofreció a trabajar como facilitadora.

Encuentra la fuerza en la esperanza de los niños de cuatro y cinco años con los que trabaja: "Me hablan con tanto optimismo. Cuando los veo, pienso: si pueden ser tan positivos, ¿por qué yo no?".

Mientras el conflicto sirio entra en su cuarto año, UNICEF ha lanzado un informe - Bajo estado de sitio – en el que pide que el fin de la violencia y el acceso inmediato a los niños asediados que se encuentran en Siria

Relaciones

Crisis de Siria: "hemos venido a contar nuestra historia. Somos víctimas"

Fecha: 
Jue, 27/03/2014 (Todo el día)
27/03/2014 | Actualizada a las 15:29h |
Toby Fricker, UNICEF Jordania

Post de Toby Fricker, en UNICEF Jordania.

 
“Somos los niños de Siria, no nos olvidéis”. Sus voces llenan la tienda de campaña con una energía que te golpea como el viento del desierto que cruza el campo de refugiados de Za’atari. 
 
Farah*, de 11 años, es de Dera’a, en el sur de Siria. Ella interpreta el papel principal en una obra de teatro que se centra en el derecho a la educación. Los niños que actúan están en uno de los 14 centros para familias y niños distribuidos a lo largo de Za’atari, que alberga a unas 90.000 personas. La mitad son niños.
 
Los centros proporcionan apoyo psicosocial a niños de entre 5 y 18 años. 
 
Hay guerra y destrucción por todas partes”, continúa la obra. “Vuestros sueños no se perderán. Sin educación y aprendizaje no lograréis la paz”, es la respuesta. 
 
Estas palabras de esperanza no siempre han estado ahí. “Los primeros días hablaban y dibujaban sangre y matanzas. Pero después de un tiempo empezaron a dibujar flores”, explica Mohamed Alzzeh, de Save the Children. Esta organización aliada gestiona el centro con apoyo de UNICEF y fondos de la Dirección General de Ayuda Humanitaria y Protección Civil de la Comisión Europea (ECHO, por sus siglas en inglés). 
 
Las actividades incluyen teatro, pintura y costura, entre otras, y están diseñadas para animar a los niños a expresar su creatividad y sentimientos. “Los niños se centran en algo, trabajan en equipo y desarrollan sus papeles”, dice Alzzeh. 
 
La interacción es especialmente importante, ya que los jóvenes usan a menudo la retirada como mecanismo de defensa tras las horribles experiencias que han sufrido en Siria. Muchos no han visto a sus amigos desde que dejaron el país, y establecer nuevas relaciones es esencial para reconstruir su confianza
 

Tiempo para sanar y tiempo para aprender

Cuando Farah llegó con su famlia a Jordania hace 10 meses, le daba miedo hacer cualquier cosa. “Al principio tenía tanto miedo que ni siquiera iba al colegio”, dice. Pero tras pasar tiempo en el centro, Farah empezó a abrirse. “Ahora está dispuesta a aprender y a ver nuevas cosas”, dice su padre, Abdul*.
 
Su mayor alivio es que sus cinco hijas están a salvo y participan en actividades infantiles normales de nuevo, como ir al colegio. “Nunca pensé que tendríamos que dejar nuestra casa o nuestra ciudad, pero nos atacaban. Mis hijas estaban en riesgo de ser secuestradas o violadas, así que tuvimos que irnos”. Abdul admite que vivir en Za’atari está muy alejado de llevar una vida normal y se enfrentan a muchos retos, pero al menos se han librado del conflicto violento
 
El futuro será mucho mejor”, proclama Farah en la obra, como si fuera un hombre de Estado anunciándolo a su país. “Es nuestro derecho a tener educación y vivir en paz, como cualquier niño del mundo”, finaliza la obra. 
 
Con fondos de ECHO y otros donantes, más de 150.000 niños y adolescentes han recibido apoyo psicosocial desde enero de 2013. Este trabajo de protección es esencial para proporcionar a los jóvenes la oportunidad de recuperar su Infancia y evitar una generación perdida 
 
*Los nombres han sido cambiados para proteger las identidades. 
Relaciones