Emergencias

La "guerra biológica" de Liberia contra el ébola

Fecha: 
Lun, 29/09/2014 (Todo el día)
27/10/2014 | Actualizada a las 14:51h |
Sarah Crowe, jefe de Comunicaciones de Crisis de UNICEF
Este artículo se publicó originalmente en 3.500 millones
 
Los vuelos hacia zonas de desastre suelen estar llenos de trabajadores humanitarios y periodistas. Esta vez no. El avión era uno de los primeros que despegaba después de que 10 aerolíneas dejaran de volar a Liberia a causa del ébola y, aun así, estaba vacío.
 
La última vez que estuve en Liberia en 2006, era para trabajar en la reintegración de niños reclutados por grupos armados. Eran tiempos de paz. Ahora el país está librando una "guerra biológica" contra un enemigo invisible y sin soldados de a pie.
 
Al llegar al aeropuerto te encuentras con un espectáculo desconcertante - un equipo de trabajadores sanitarios equipado con máscaras y guantes nos pide que nos lavemos las manos con una solución de cloro y toma nuestra temperatura.
 
Iba a ser el comienzo de una nueva rutina – casi a cada hora todos los días desde entonces, han tomado mi temperatura y he tenido que lavarme las manos con cloro a la entrada de cada edificio, cada oficina, cada tienda, y cada hotel. Incluso en pequeñas aldeas.
 
A la mañana siguiente, en la sala del hotel donde desayunamos hay muchísima actividad - un gran grupo de científicos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades se apiña alrededor de varios ordenadores y habla animadamente comparando gráficos y datos.
 
La capital de Liberia, Monrovia, se revela como una ciudad marcada por los carteles informativos sobre el ébola. Explican en grandes letras lo que la gente ya sabe muy bien ahora – el ébola es mortal, hay que protegerse y lavarse las manos. Las charlas en el coche, en la calle y, sobre todo, en la radio son sólo sobre el ébola – llaman personas que quieren saber qué hacer cuando su hijo enferma o que tienen miedo a acudir a los centros de salud y hospitales y no se tratan.
 

ébola: durísimo golpe para un sistema de salud tan frágil

Un compañero me explica que acaba de perder a una familiar a punto de dar a luz. Era un embarazo normal, pero tuvo que recorrer todos los hospitales  y nadie la quiso atender, al personal le daba miedo contagiarse de ébola durante el parto. Ella no tenía el virus, pero murió a causa de complicaciones en el parto. Su bebé sí que sobrevivió.
 
La noticia del obstetra estadounidense que contrajo la mortal enfermedad en Liberia mientras asistía en un parto ha aumentado las preocupaciones entre el personal sanitario. Hasta ahora 169 trabajadores sanitarios de Liberia se han visto afectados por el ébola y 80 han muerto – es un durísimo golpe para un sistema de salud tan frágil.
 
Al siguiente día de mi viaje me preparo para visitar el condado de Lofa, donde se necesita encontrar más espacio de almacenamiento - UNICEF ha entregado toneladas de equipamiento, incluyendo trajes de protección personal, cloro y sales de rehidratación oral para Liberia – y poner en marcha más sistemas de vigilancia y tratamiento para otras causas de mortalidad infantil que ahora están quedando olvidadas-como el sarampión, la diarrea y el cólera.
 

ébola: los supervivientes son trampas humanas

El ébola ha convertido a los sobrevivientes en trampas humanas, en municiones sin explotar – la gente piensa que si los tocas, te mueres. El ébola extiende una psicosis paralizante en el país.
 
Las fuertes lluvias arrecian todo el fin de semana - me estremezco al pensar en los trabajadores sanitarios y en los pacientes que luchan sólo protegidos por unas débiles láminas de plástico bajo estas lluvias. Por suerte, los cielos de Monrovia clarean para el viaje en helicóptero de hora y media hasta la problemática frontera entre Sierra Leona, Guinea y Liberia.
 
En Voinjama me voy con un equipo de movilizadores sociales que interactúan y educan a las comunidades. Cantan la canción que los compañeros de UNICEF Liberia inventaron “El ébola está aquí” con un megáfono mientras recorren el pueblo.
 
A muchos liberianos se les ha pegado el estribillo y el mensaje está salvando vidas. Hablamos con las familias sobre cómo protegerse del ébola. Nos cuentan la trágica historia de un superviviente en su comunidad. Regresó desde el centro de tratamiento, pero a pesar de los resultados negativos de las pruebas infectó a su novia, que murió. El semen de los hombres supervivientes al ébola sigue siendo contagioso durante un mínimo de siete semanas después de la infección.
 

ébola: los vecinos preguntan si se puede aislar a los sobrevivientes

El médico del vacío hospital que visitamos explica que sospechan de cualquier paciente que viene con fiebre, diarrea o dolores de estómago, síntomas típicos del ébola. "Culpable hasta que se demuestre lo contrario" es el lema - y el personal sanitario acaba abandonando su trabajo y dejando al centro sin recursos para hacer frente al virus.
 
En los terrenos del centro de salud del distrito, aparece un equipo de enterradores cargados con pulverizadores, trajes protectores y sprays de cloro. Han enterrado a tres personas que fallecieron separadas por 10 kilómetros una de otra. Hay que mantener una distancia segura. La muerte no tiene dignidad aquí. Los muertos se toman y se queman rápidamente con los trajes de plástico. Los funerales, que una vez fueron rituales, ahora son excepciones raras.
 
Una de las trabajadoras psicosociales nos dice que está tratando con 100 niños y niñas afectados por el ébola en Voinjama que están solos, muchos de ellos son huérfanos. No sabe qué puede hacerse con ellos. Con las escuelas cerradas por lo menos hasta el año que viene, quizá 26.000 maestros del país podrían formarse como cuidadores capacitados.
 

ébola: la OMS espera un "enorme aumento" del virus

De vuelta a Monrovia, escuchamos una noticia bomba de la Organización Mundial de la Salud - se espera un enorme aumento en el ébola. El ministro de Defensa explica al Consejo Seguridad de la ONU que el ébola pone en peligro el futuro de su país.
 
Los tiempos difíciles están lejos de terminar. La población de Liberia es estoica y valiente, pero cuando hablas con muchos ciudadanos liberianos dicen que se sienten abandonados y que necesitan ayuda para tratar otras enfermedades también.
 
En el coche, los compañeros hablan casi con nostalgia por la prolongada guerra civil que sufrieron en el país. Explicaban que al menos era un enemigo que se veía, que oían los cohetes y que podían esquivar las balas. Ahora tratan de centrarse únicamente en lo que pueden hacer – entregar más kits de higiene, reforzar los mensajes, conseguir atención sanitaria básica para niños y madres.
 
Este es el trabajo más inusual y surrealista que he emprendido en mi carrera. Afortunadamente, una de las alegrías de trabajar para UNICEF es tener contacto con los niños, con los bebés, jugar con ellos. Aquí nos atrevemos a tocar los bebés, pero con los demás no hay apretones de manos, ni abrazos. Es simplemente demasiado arriesgado
 
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'¿Es ébola?, ¿tengo ébola?'

Fecha: 
Lun, 29/09/2014 (Todo el día)
27/10/2014 | Actualizada a las 14:52h |
Yolanda Romero, UNICEF Sierra Leona
Este artículo se publicó originalmente en Elmundo.es
 
Las bulliciosas calles de Freetown están vacías.
 
Apenas algún coche aparece repentinamente en las carreteras desiertas con las luces de emergencia.
 
Son las siete de la mañana en el inicio de la campaña de sensibilización de tres días en Sierra Leona, el puerta a puerta o Ouse to Ouse Tock en krío, el idioma más hablado en el país.
 
Uno de los equipos de sensibilización empieza en Eastern Waterloo, una de las zonas más degradadas de Freetown. Hay casi 30.000 voluntarios en grupos de cuatro informando sobre el ébola en todo el país para visitar 1,5 millones de hogares. UNICEF ha proporcionado a esta campaña, liderada por el Gobierno del país, apoyo técnico y financiero, y materiales informativos.
 
Sierra Leona pondrá tres regiones más en cuarentena indefinida en un intento de frenar el avance del ébola, según señaló el presidente Ernest Bai Koroma en un comunicado. La iniciativa supone que cinco de los 14 distritos del país, con más de 1,2 millones de habitantes, se encuentran bajo aislamiento.
 
Los grupos de voluntarios entran en las laberínticas callejuelas de los suburbios de la ciudad. Las familias los esperan pacientes, sentados en los porches de las casas donde cocinan, lavan la ropa, escuchan la radio o juegan a las damas. Una de las voluntarias con una melena pelirroja recogida en una trenza explica cómo se transmite el ébola y cuáles son los síntomas que provoca la enfermedad. Todo el mundo escucha en silencio, hasta los más pequeños.
 
Una mujer en la veintena que tiende la ropa empieza a gritar en tono dramático: "¡No me toques, no me toques!, mientras su madre la persigue con los brazos estirados y las palmas de las manos abiertas y las pone en su barriga. Los vecinos ríen. El humor parece el antídoto de los sierraleoneses contra el miedo.
 

ébola: miedo al contagio

La voluntaria pelirroja cede el turno a otro miembro del equipo que carga una caja de jabón en sus brazos y entrega un jabón amarillo a la familia explicando cómo deben lavarse las manos, "lentamente, haciendo hincapié en las uñas y los antebrazos". Durante la explicación se entrega una pastilla de jabón por familia para promover el lavado de manos. La familia coge el jabón y comenta que es insuficiente. Los miembros del equipo reiteran que es para fomentar la higiene, luego cada familia tiene que proveerse por sus propios medios.
 
Al acabar la sesión se pasa al turno de preguntas, mientras otro de los miembros del equipo pega en la pared una pegatina que certifica que el hogar ha recibido la información. En total, unos 20 minutos y se pasa al siguiente hogar.
 
Otro equipo se traslada a los alrededores del mercado de Dovecut en donde las cajas de cartón, los restos de frutas podridas y el agua de lluvia forman una amalgama maloliente. Una ambulancia aparece de repente. Los vecinos rodean a una mujer embarazada, muy joven, que camina con dificultad hacia el vehículo, descalza. Se queja de dolor abdominal. Nadie la ayuda a caminar a pesar de hacerlo con mucha dificultad. Temen que tenga ébola. Llega al lado de la camilla y el enfermero, en manga corta y con guantes de látex la ayuda a estirarse rozando claramente su brazo izquierdo al colocarle el cinturón de seguridad.
 
La ambulancia sale a toda velocidad desde el mercado hasta el Princess Christian Maternal Hospital de Freetown (PCMH). Mientras descargan la camilla la mujer pregunta angustiada con lágrimas en los ojos: "¿Es ébola?, ¿tengo ébola?". Dos enfermeras, protegidas con una bata de quirófano, guantes de látex y una mascarilla le colocan un termómetro debajo de la axila. Los tres minutos que tarda el mercurio en subir por el tubo de cristal parecen interminables. Finalmente, otra enfermera usa un termómetro de infrarrojos. Un 35.2 se dibuja en rojo en la pantalla del termómetro. No tiene fiebre. No es ébola.
 
Kadie Sisé, así se llama la joven mujer embarazada, desaparece tras las puertas de la consulta. Al cabo de unos minutos sale por su propio pie hasta la sala de espera. Le han diagnosticado una infección y tendrá que estar en el hospital unos días. La asistencia médica para las embarazadas y los menores de 5 años es gratuita en Sierra Leona.
 

ébola: la más inhumana de las enfermedades

La asistente de la matrona en el hospital, Elizabeth Koroma, confirma que es una infección, pero "tenemos una embarazada qué ha dado ébola positivo en el centro de aislamiento," añade. Nadie puede acercarse, excepto las enfermeras. Hay un cartel en la entrada que anuncia la peligrosidad del lugar, en letra pequeña, demasiado pequeña para un centro de aislamiento en medio de un centro hospitalario de las dimensiones del PCMH.
 
La trabajadora médica señala una ventana en la parte trasera del centro del edificio de una planta, por la que se puede ver a la enferma. Hay dos ladrillos colocados estratégicamente para permitir la visión. Antes de encaramarnos, Elizabeth previene, "¡no toquéis la ventana!". A través de los barrotes vemos un rostro inexpresivo. Una mujer embarazada vestida de azul sentada encima de las incólumes sábanas blancas de una cama. Sola. "Hay un familiar en el hospital, pero no puede entrar en la sala de aislamiento", nos dice la matrona.
 
Según el Gobierno de Sierra Leona se han identificado 130 casos de ébola durante la campaña de sensibilización. Se esperan los resultados de los análisis de 39 casos más. Según el Ministro de Salud se ha llegado a más del 75% del 1.5 millones de hogares identificados.
 
El ébola es la más inhumana de las enfermedades. No sólo es altamente infecciosa sino que además te obliga a superarla o morir.
 
Yolanda Romero es miembro de UNICEF que trabaja en Sierra Leona
 
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S.O.S Mundo

Fecha: 
Lun, 08/09/2014 (Todo el día)
26/09/2014 | Actualizada a las 14:01h |
Marta Arias Robles, directora de Sensibilización y Políticas de Infancia UNICEF Comité Español
 
No es un ejercicio de geografía, aunque no estaría mal hacer la prueba. Seguramente todos (o casi todos) estos países han pasado por alguna de nuestras pantallas a lo largo de este verano. Varias veces, incluso. Seguramente en algún momento hemos prestado atención, hemos pensado "¡qué horror!". Y hemos seguido con nuestra vida.
 

Emergencias: ¿qué está pasando?

Pero no se asusten. Este no es un post para hacer sentir culpable a nadie. Ni mucho menos. A veces es poco más lo que cada uno de nosotros puede hacer en medio de la locura del día a día. No se trata de generar sentimientos de culpa, pero sí de reflexionar. ¿Qué está pasando?
 
Las organizaciones humanitarias estamos acostumbradas a reaccionar a emergencias que surgen en cualquier momento del año. Y la experiencia nos ha enseñado a planificar siempre los recursos necesarios para atender a una emergencia en pleno periodo de vacaciones de verano. Organizarnos para que siempre haya personas disponibles para atender las sequías que azotan África en esta época del año, o las tormentas tropicales, o cualquier otra circunstancia imprevista.
 
Es siempre un mal momento, porque la atención de todo el mundo está muy dispersa, es difícil encontrar a los interlocutores habituales y el propio equipo está mermado por el imprescindible descanso. Pero siempre pasa algo.
 
Algo.
 
Este año ese "algo" son nada menos que seis grandes emergencias simultáneas. Algunas, como la de Siria, vienen de tiempo atrás, ya casi se nos han olvidado. Pero siguen ahí. Y con ellas el dolor terrible que continúan generando día a día.
 
De otras apenas hemos oído hablar, como en el caso de República Centroafricana, pero se trata de un drama silencioso que afecta a más de 2 millones de niños. Como silenciosa es el hambre en Sudán del Sur, donde será difícil evitar la segunda declaración de hambruna del siglo XXI.
 
Irak, Gaza y la crisis del ébola reciben, por el contrario, mucha mayor atención mediática, pero sin que por el momento se esté logrando poner freno al sufrimiento humano detrás de los titulares.
 

Derechos vulnerados hoy, oportunidades perdidas mañana

En cinco de estos casos (Irak,GazaSudán del SurRepública Centroafricana,Siria ébola ), Naciones Unidas ha decretado el máximo nivel de emergencia humanitaria. Y en ninguno de los seis se puede hablar de un drama provocado exclusivamente por la naturaleza. Directa o indirectamente, por acción o por omisión, la mano del hombre está detrás de un sufrimiento tan extremo que no somos siquiera capaces de visualizar. Y los niños, como siempre, se llevan la peor parte. En forma de derechos vulnerados hoy, y de oportunidades perdidas para mañana.
 
Me contaba hace años una maestra veterana que había notado cómo el efecto de la televisión en los niños estaba provocando en ellos un sentimiento profundo de irrealidad, todo les parece ficción o todo les parece posible. No les sorprende ver a un superhéroe saltar de un séptimo piso y salir ileso, al igual que tampoco les impacta ver la imagen de un accidente de tráfico en televisión.
 
Yo pienso que, de forma inevitable, ese mismo efecto nos está llegando también a los adultos, unido en nuestro caso a la dificultad de retener información en medio de una brutal saturación de mensajes. Aunque racionalmente distinguimos, por supuesto, realidad y ficción, y somos capaces de entender la gravedad de lo que se nos explica, cada vez es más difícil traspasar la barrera de la atención momentánea y generar algún tipo de reacción.
 
Pero dediquemos por favor un segundo a pensarlo. ¿Qué está pasando? ¿Qué nos está pasando? ¿Cómo podemos tolerar tanto sufrimiento? ¿Qué podemos hacer?
La indiferencia, desde luego, nunca debería ser una opción. El verano se acerca a su fin, pero no el drama humano en cada uno de estos rincones del planeta. Empecemos por demostrar que nos importa.
 
Este post de Marta Arias Robles, directora de Sensibilización y Políticas de Infancia UNICEF Comité Español, se publicó originalmente en El Huffington Post
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Sudán del Sur: ayudemos a los niños antes de que sea demasiado tarde

Fecha: 
Vie, 29/08/2014 (Todo el día)
01/09/2014 | Actualizada a las 17:34h |
Anthony Lake, director ejecutivo de UNICEF, y Ertharin Cousin, directora ejecutiva del Programa Mundial de Alimentos (PMA)
Post de Anthony Lake, director ejecutivo de UNICEF, y Ertharin Cousin, directora ejecutiva del Programa Mundial de Alimentos (PMA). Recientemente viajaron juntos a Sudán del Sur.
 
Este post se publicó originalmente en Planeta Futuro
 
En un refugio rudimentario conocimos a Myagoa, de ocho años, víctima del conflicto en Sudán del Sur que ha desarraigado a cientos de miles de niños como ella. 
 
Es tal vez uno de los niños con mayor suerte: a pesar de que lucha para sobrevivir, a menudo con una sola comida al día, ha conseguido asistir a un aula improvisada, y todavía sueña en convertirse un día en doctora.
 
Hemos visto a niños que muy probablemente sobrevivirán solo unos cuantos días más. Niños que van a morir incluso después de que sus padres hayan caminado varios días buscando ayuda para salvarlos.
 
Este año ya hemos visto más de 4.000 casos de cólera. En Sudán del Sur, cerca de 50.000 niños menores de cinco años morirán de desnutrición grave durante este año si no actuamos ahora.
 
Niños cuyas vidas, sueños y esperanzas se están disipando, fuera de las cámaras, sin que nadie se percate. 
 
El mundo no está prestando la suficiente atención a esta tragedia en ciernes. Si no comenzamos a prestar atención, morirán más niños. Lo sabemos, los hemos visto. 
 
Las mismas señales de advertencia que estamos viendo hoy en Sudán del Sur las vimos en Somalia hace tres años… Y cuando el mundo actuó por fin, ya era muy tarde para demasiados niños.
 
Incluso si la crisis de Sudán del Sur es la consecuencia del fracaso de los adultos, esto no significa que nosotros debemos también abandonar a sus niños.
 

Sudán del Sur: los niños no pueden esperar a que el mundo actúe

¿Tenemos que echarnos las manos a la cabeza desesperadamente ante la presencia de otra crisis, o debemos apelar a nuestra humanidad y actuar para ponerle fin?
 
Los niños no son responsables de la tragedia en Sudán del Sur. Los niños no tienen que esperar a que el mundo actúe para salvar sus vidas
 
Estamos haciendo todo lo que podemos: el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA) y UNICEF están coordinando los equipos de respuesta práctica con nuestros socios, volando a las zonas más aisladas con alimentos, tratamientos nutricionales, vacunas, apoyo para agua y saneamiento, con el fin de ayudar a las familias más afectadas.
 
Además, desde abril, el PMA ha llevado a cabo más de 1.000 vuelos para distribuir alimentos a más de 600.000 personas
 
Pero nosotros siempre tenemos la posibilidad de mejorar aún más las cosas y de proporcionar más asistencia vital a un número incluso mayor de personas, si recibimos ahora mismo el apoyo que necesitamos.  
 
Como todos los niños, Myagoa tiene esperanzas, sueños y ambiciones. Como su sueño de convertirse en doctora, en alguien que un día salve vidas, lo mismo que nosotros debemos asegurar hoy su vida y su futuro
 
La determinación y la ambición de Myagoa deben servirnos de inspiración.
 
Podemos transformar esa inspiración en acción. Antes de que sea demasiado tarde.
 
Ayuda a evitar la hambruna en Sudán del Sur
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Sudán del Sur: las alertas de hambruna cada vez son más frecuentes

Fecha: 
Lun, 11/08/2014 (Todo el día)
11/08/2014 | Actualizada a las 17:26h |
Lorena Cobas, responsable de Emergencias UNICEF Comité Español

Post de Lorena Cobas, responsable de Emergencias UNICEF Comité Español

Hay muchas cosas cíclicas en la vida a las que estamos muy acostumbrados y que incluso celebramos y nos divertimos.

Los mundiales de futbol cada 4 años, el cometa Halley cada casi 80 años, la moda cada ciertos años o décadas…  es gracioso cuando miro las fotos de mi infancia y veo a mi madre llevar la ropa que yo llevo ahora.

Sin embargo hay otros ciclos que no son tan agradables, y que a veces ni si quiera vemos porque pasan muy lejos de nuestras casas.

Es por ejemplo el caso de las crisis nutricionales y de las hambrunas.

Durante los últimos años no paramos de ver por la tele noticias de este tipo:

  • 2011 crisis nutricional en el Cuerno de África. Lamentablemente en algunas zonas de Somalia se declaró el estado de hambruna
  • 2012 crisis nutricional en Sahel. Con una alerta desesperada por el riesgo de hambruna, que afortunadamente se pudo evitar
  • 2014 – Hoy - Crisis nutricional en Sudán del Sur, si no actuamos rápido se podría declarar hambruna dentro de unas semanas…

Sudán del Sur:  50.000 niños podrían morir este año por desnutrición

De repente, en sólo 4 años hemos tenido una hambruna y dos alertas.  La anterior hambruna declarada en el mundo es de 1990 en Etiopía, más de 20 años pasaron antes de Somalia

¿Será que se están acortando los ciclos? ¿Será que cada vez hay más familias empobrecidas, más conflictos, más aumento de precios, menos o más lluvias?...

Podemos buscar muchas causas, muchos culpables, pero la verdad es que cuando hablamos de hambrunas, hablamos de millones de familias, de niños que sufren desnutrición y no tienen recursos para recuperarse, y mucho menos para prevenirla.

Ahora en Sudán del Sur hay 4 millones de personas en riesgo por la inseguridad alimentaria, y 50.000 niños podrían morir este año por desnutrición durante este año.

Por eso en UNICEF estamos redoblando los esfuerzos para llegar a la población con tratamiento y prevención. Por los niños y niñas que se pueden salvar en Sudán del Sur y porque queremos poner fin a este ciclo de desnutrición y alertas de hambrunas.

Sudán del Sur: ¿qué es una hambruna?

Para entender una hambruna primero hay que entender lo que es una emergencia nutricional. Se declara este estado cuando el 15% de la población sufre desnutrición aguda (umbral definido por la OMS).

El estado de hambruna es el estado de mayor alerta nutricional que se declara cuando se cumplen al menos 3 de los indicadores que desarrollamos a continuación, y que afecten al menos a un 20% de la población.

  1. Acceso a alimentos por debajo de las 2.100 kilocalorías por día
  2. Tasa de desnutrición aguda por encima del 30% de los niños
  3. Dos muertes asociadas a la desnutrición por cada 10.000 personas al día, o 4 muertes infantiles por cada 10.000 niños al día
  4. Una enfermedad pandémica
  5. Acceso a menos de 4 litros de agua al día
  6. Desplazamiento de personas a gran escala
  7. Conflictos civiles
  8. Completa perdida de fuentes de ingresos

Ayuda a evitar la hambruna en Sudán del Sur

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República Centroafricana: África tiene nombre de mujer

Fecha: 
Jue, 17/07/2014 (Todo el día)
17/07/2014 | Actualizada a las 17:23h |
Marta Arias Robles, directora de Sensibilización y Políticas de Infancia UNICEF Comité Español

Post escrito por Marta Arias Robles, directora de Sensibilización y Políticas de Infancia UNICEF Comité Español

Acabo de volver de mi viaje a la República Centroafricana y siento que necesitaré algún tiempo para digerir todo lo vivido allí.
 
Han sido unos días intensos, en los que hemos conocido el sufrimiento, pero también la esperanza de una población golpeada por un conflicto al que todavía no se le vislumbra un punto final.
 
Repaso mis notas y me llama la atención comprobar que están repletas de nombres de mujeres. Niñas y mayores, cristianas y musulmanas, víctimas algunas y todas luchadoras infatigables.
 

República Centroafricana: las mujeres son luchadoras infatigables 

 
Niñas como Abiba, que ilustra en su desolación toda la vulnerabilidad de la infancia en la República Centroafricana. La conocemos en el hospital de Yaloke, una modesta instalación apoyada por UNICEF en la que se atienden casos de desnutrición.
 
Abiba sufrió junto con toda su familia uno de los múltiples ataques a los que ha sido sometida la población musulmana desde que se recrudeció el conflicto. En medio de la confusión perdió a su madre y ahora se resiste a comer, tiene fiebre y no se comunica. Tras mucho indagar se logró identificar a su madre en Boda y se están haciendo las gestiones necesarias para poderlas reunir lo antes posible, pero aún así su futuro permanece incierto, puesto que su comunidad todavía sigue en peligro y no pueden volver a casa.
 
En el mismo espacio de acogida temporal en el que se encuentra el resto de la familia de Abiba trabajan dos jóvenes abogadas centroafricanas, que pertenecen a la Asociación de Mujeres Juristas. Su misión primera consiste en prestar apoyo jurídico y psicológico a las mujeres afectadas por cualquier tipo de violencia, lamentablemente una realidad frecuente que se suma al conflicto político y religioso que asola al país.
 
Recorriendo las precarias instalaciones donde se hacinan los desplazados nos explican que, en la práctica, su trabajo va mucho más allá y acaban haciendo labores de todo tipo, incluyendo aspectos tan importantes como la sensibilización en torno a las medidas básicas de higiene, fundamentales para mantener a raya el riesgo de epidemias en una situación tan compleja.
 
De vuelta a Bangui y en una de nuestras últimas visitas conocimos a Manasé, que llama la atención por su tremenda dignidad en medio de otro espacio abarrotado de personas desplazadas que huyen de la violencia.
 

República Centroafricana: la malaria, principal causa de mortalidad infantil

En esta ocasión, Manasé es cristiana, pero comparte con Abiba y su familia el ser víctima inocente de una violencia irracional. Su marido murió durante los ataques del pasado mes de diciembre y desde entonces vive junto con sus 9 hijos y sus 5 nietos en el centro de desplazados de St. Saveur. Hasta allí acudimos para conocer el trabajo que se está realizando para asignar mosquiteras impregnadas de insecticida a todos los habitantes de Bangui. Puede parecer un asunto menor cuando aspectos tan básicos como la seguridad o la alimentación tampoco están garantizados, pero ese objeto tan básico marca la distancia entre la vida y la muerte en un país en el que la malaria es la principal causa de mortalidad infantil.
 
Manasé nos enseña orgullosa las mosquiteras que ha recibido (un total de 7, una para cada dos personas siguiendo el objetivo que se ha marcado UNICEF en este proyecto ambicioso). Le pregunto por qué las tiene guardadas en vez de instalarlas en sustitución de las actuales, que ya están ostensiblemente deterioradas, y contesta sin dudar: “estas son para cuando podamos volver a casa”.
 
África tiene definitivamente nombre de mujer, el de Abiba y Manasé, pero también el de Linda, Rahel, Tanya, Judit, Christine, Martina, Marion y un largo etcétera de compañeras incansables que forman parte del equipo desplegado en la República Centroafricana por UNICEF (un equipo en el que por cierto también hay hombres estupendos, incluidos los propios centroafricanos). Me impresiona su calidad y su compromiso, la tranquilidad con la que te cuentan las noches pasadas debajo de la cama por temor a ser víctimas de alguna bala o granada perdidas.
 
Me siento pequeña al lado de cualquiera de ellas.Víctimas inocentes de una violencia irracional. Pero me reconforta saber que hay algo que podemos hacer para que su esfuerzo no resulte en vano: no permitir que su lucha permanezca en el olvido.
 
Este post fue publicado originalmente en 20 minutos el 15 de julio de 2014
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República Centroafricana: todo vuelve a empezar - día 3

Fecha: 
Lun, 14/07/2014 (Todo el día)
16/07/2014 | Actualizada a las 17:36h |
Marta Arias Robles, directora de Sensibilización y Políticas de Infancia UNICEF Comité Español

Post escrito por Marta Arias Robles, directora de Sensibilización y Políticas de Infancia UNICEF Comité Español

Nuestro tercer y último día en República Centroafricana empezó mostrándonos una de sus facetas más duras: las lluvias torrenciales.

Nada sorprendente, estamos en la temporada, pero una cosa es saberlo y otra ver cómo todo se inunda, incluidas las tiendas donde viven los desplazados (la mitad de ellos niños).

Felizmente la lluvia cesó pronto y pudimos despegar rumbo a Bossangoa. Aunque está a sólo 300 km de Bangui, el mal estado de los caminos hace imposible viajar en un solo día de otro modo. Y con el sol llegó la visita más esperanzadora de las que hemos realizado en estos días.

La ciudad estuvo sometida a ataques continuos durante meses, de nuevo focalizados en la población musulmana. Más de 40.000 personas estuvieron en centros de acogida temporales. Ahora poco a poco se va recuperando la calma y las escuelas han vuelto a abrir. Visitamos una de ellas, donde se arremolinan cientos de alumnos en unas condiciones muy precarias. Pero se aprecia el entusiasmo de niños, padres y docentes. Nos reciben con cánticos y los niños representan pequeñas escenas en las que dicen: “mamá, papá, dejad de pelear. Los niños estamos sufriendo y necesitamos la paz”.

República Centroafricana: "Los niños sufriMOS y necesitamos la paz

Y de la escuela formal pasamos a los “espacios amigos de los niños”, que sirvieron para mantener un apoyo educativo básico mientras los centros reglados permanecían cerrados y ahora se han convertido en espacios complementarios fundamentales para dar continuidad al proceso de protección y recuperación de los niños. Recordemos que se han visto sometidos a circunstancias muy duras de violencia e incertidumbre.

Entre ellos además se encuentran niños separados de sus padres y otros que han sido liberados tras ser enrolados a la fuerza por los distintos grupos armados. Por su propia seguridad no reciben ningún tratamiento especial de forma visible, aunque los monitores trabajan con ellos muy especialmente aspectos como la convivencia o el respeto a los demás a través del juego. Nos cuentan que están preocupados por darles un medio de vida, alguna salida ocupacional que impida que vuelvan a recurrir a la violencia.

Pero no es esta su única preocupación. El dinero se acaba en septiembre y no saben si van a poder continuar con el proyecto. También tienen limitaciones de personal, sobre todo para cubrir el aspecto psicológico, fundamental en la recuperación de los niños. Como ejemplo, nos explican que cuando llegan a un sitio nuevo todos los niños salen corriendo al oir los motores de coches que se acercan, pensando que van a ser objeto de nuevos ataques. Sólo cuando van pasando los días se animan a acercarse.

REPÚBLICA CENTROAFRICANA: EL PALUDISMO ES UNA AMENAZA CONSTANTE

De la educación pasamos a la sanidad, visitando dos centros de salud con historias muy distintas. Uno, recién reconstruido por UNICEF en el que ya se está atendiendo a niños y mayores de forma gratuita. El otro, mucho más destartalado, parece transpirar por todos sus rincones el agotamiento de haber sido uno de los pocos espacios de atención sanitaria en los momentos de mayor afluencia de desplazados.

Antes de partir, todavía tenemos tiempo de hacer una de esas visitas que dan poco juego en las fotografías y sin embargo esconden proyectos vitales: la recuperación del sistema de tratamiento y distribución de agua.

Es una buena muestra del trabajo de colaboración en todos los frentes que hace UNICEF. Durante la emergencia, trabajando mano a mano con MSF, para pasar progresivamente a centrarnos en el traspaso de la responsabilidad a la Sociedad Pública SODECA (“Societé des eaux de Centrafique”), cuyos responsables nos enseñan orgullosos el resultado de un trabajo que pretende hacer llegar agua potable a toda la población.

De vuelta en Bangui, aún nos queda una visita que habíamos dejado pendiente: ser testigos de uno de los proyectos más ambiciosos de UNICEF en la ciudad. Se trata de la distribución a todos sus habitantes de mosquiteras impregnadas de insecticida, algo que puede parecer menor pero de nuevo marca la diferencia entre la vida y la muerte, sobre todo en un país donde el paludismo es una amenaza constante.

República Centroafricana: la emergencia continúa

Pero no hay lugar para la euforia. Cuando vamos a finalizar la visita nos aborda Narcís. Es joven y habla un perfecto francés. Nos cuenta que era estudiante universitario pero tuvo que interrumpir sus estudios cuando empezaron los ataques. Huyó con toda su familia al Congo pero allí siguieron siendo objeto de violencia y decidieron volver. Están agotados por el viaje y preocupados por sus familias. Y nos advierten de que eran más de 10.000 personas en situación similar. La mayoría volviendo.

Resulta más que evidente que en un país como República Centroafricana no puedes bajar la guardia. La emergencia continúa y la situación está lejos de haberse estabilizado. No encuentro respuesta para tantas preguntas y tengo que dejar actuar a los compañeros, que se ponen manos a la obra. Por mi parte, sólo puedo repetir una y otra vez que nuestro objetivo es gritarle al mundo lo que aquí está pasando y pedir apoyo para poder ofrecer a sus hijos otra realidad.

Si quieres ayudarnos a conseguirlo, puedes hacer tu donativo y formar parte de este empeño conjunto.

Relaciones

República Centroafricana: historia de una camiseta

Fecha: 
Mié, 16/07/2014 (Todo el día)
16/07/2014 | Actualizada a las 17:22h |
Marta Arias Robles, directora de Sensibilización y Políticas de Infancia UNICEF Comité Español

Post escrito por Marta Arias Robles, directora de Sensibilización y Políticas de Infancia UNICEF Comité Español

Siempre me han llamado la atención las camisetas que encuentras en los rincones más insospechados del planeta. Y no me refiero sólo a las típicas camisetas raídas de cualquier equipo de fútbol que aparecen en el otro extremo del mundo. Son camisetas que mezclan en juegos caprichosos la vida de quien las lleva con la historia que originalmente querían contar.

Esta mañana conocí a Buba en un pueblecito llamado Yaloke, al interior de la República Centroafricana. Salió a recibirnos en medio de una especie de campo improvisado de desplazados al que llegó con su familia huyendo de la violencia. En su rostro, toda la desolación de un niño que ha visto como atacaban su casa y a su familia y que lo ha dejado todo atrás. En su camiseta aparece, en irónico contraste, un pletórico Barack Obama rodeado por la bandera norteamericana. Buba se encuentra sin duda entre los más vulnerables y olvidados del planeta. Cubriendo su pecho, nos sonríe el que es reconocido habitualmente como el hombre más poderoso (y sin duda uno de los más conocidos) del mundo.

República Centroafricana: entre los más vulnerables y olvidados del planeta

¿Qué le contaría Buba a Obama si pudiera conocerle? Seguramente le pediría ayuda, todos nos la pedían en aquel lugar desolador en el que 84 familias viven hacinadas esperando una salida. Ayuda para ellos y para los que se quedaron atrás. Pero tal vez le pediría más cosas. Como por ejemplo que le ayudase a poner fin a la locura por la cual un niño como él es perseguido simplemente en base a la religión que profesan sus padres. O a lo mejor, como muchos de los adultos que le acompañan, le pediría hacer realidad su sueño de viajar hasta Camerún, donde les esperan otros familiares y creen que no se sentirán amenazados. O no tener que volver a recibir ningún tratamiento contra la desnutrición porque su familia ha recuperado un medio de vida que tuvo que abandonar cuando salieron huyendo.

Pero no creo que Obama tenga previsto viajar hasta la República Centroafricana. No ocupa las primeras planas de los periódicos ni abre los telediarios. Forma parte de uno de los conflictos más olvidados del planeta, a pesar de afectar a más de dos millones de niños. Ahora que lo pienso, “afectar” es probablemente un verbo demasiado neutro. Miles de niños han sido asesinados, torturados, violados y mutilados. Miles de ellos han sido reclutados como soldados o para ejercer de esclavos sexuales de estos o aquellos grupos armados. Decenas de miles se han visto obligados, como Buba, a dejarlo todo de la noche a la mañana. Muchos han perdido a sus padres por el camino. La inmensa mayoría han visto afectada su educación y muchos de ellos han abandonado definitivamente la escuela.

República CentroafricanaMiles de niños asesinadosviolados y mutilados

No es fácil que te cuenten sus historias. Para eso necesitas tiempo, ganarte su confianza y estar dispuesto a escuchar. Sus vivencias son muy duras, pero también lo es su capacidad de resistir. Lo sabemos bien en UNICEF, y por eso tratamos a toda costa de que sus voces sean escuchadas, como estamos haciendo con la campaña Voces de los niños. Pero no podemos detenernos ahí. Necesitan otras muchas respuestas: que cese la violencia, reunirse con sus familias, retomar su educación, tener acceso a una alimentación adecuada, a una vivienda, a buenas condiciones higiénicas…

Dice Mia Farrow, embajadora de UNICEF que ha visitado el país en diversas ocasiones (la última de ellas hace apenas unos días), que seguramente las mujeres y los niños de este país figuran entre los más abandonados del planeta. No sé Buba, pero si yo pudiera hablar con Obama le pediría sin duda acabar con este abandono y actuar para devolverles su derecho a crecer, aprender y desarrollarse protegidos de todo tipo de violencia. UNICEF y otras muchas agencias humanitarias lo intentamos cada día, pero solos no podemos. Ayúdanos tú también a alzar la voz y actuar para rescatarles del olvido. 

Este post se publicó originalmente en Planeta Futuro el 14 de julio de 2014
Relaciones

República Centroafricana: lo que las fotos no ven - Día 2

Fecha: 
Jue, 17/07/2014 (Todo el día)
28/07/2014 | Actualizada a las 12:54h |
Marta Arias Robles, directora de Sensibilización y Políticas de Infancia UNICEF Comité Español

Post escrito por Marta Arias Robles, directora de Sensibilización y Políticas de Infancia UNICEF Comité Español

República Centroafricana es un país complejo, en el que hay que interpretar muchas señales que a menudo se escapan al ojo del recién llegado.

Esta mañana nos despertamos con la noticia de que el centro de seguridad finalmente había autorizado nuestro viaje a Yaloke, situado a unas tres horas y media en coche al noroeste de Bangui. Empezamos el viaje y pronto nos sorprendió la rapidez con la que íbamos avanzando debido al escaso tráfico. Sorprendente porque se trata de la principal ruta del país, la carretera de salida a Camerún (y por tanto al mar), por la que llegan la mayoría de los suministros de la capital. A punto de llegar a Yaloke descubrimos el motivo: los camiones de mercancías deben viajar todos juntos, protegidos por las fuerzas internacionales desplegadas en el país, y se había producido un incidente. Casi un centenar de camiones detenidos durante horas habían provocado un camino extrañamente vacío…

República Centroafricana: escuelas cerradas y niños con miedo a los asaltos

Pero no sólo faltaban los camiones. Una de las imágenes que recuerda cualquier viajero en África es la de niños caminando sin cesar a lo largo de la carretera, perfectamente uniformados, de ida o de vuelta al colegio. No vimos ni uno solo en casi 7 horas de viaje. De hecho sólo vimos una escuela con niños en todo el camino. Como explicaba ayer, la mitad de ellas permanecen cerradas por el conflicto, e incluso cuando están abiertas los niños no van por miedo a los asaltos que siguen a la orden del día.

Sí vimos niños, y muchos, al llegar a la ciudad. Primero en el hospital que apoya UNICEF, donde se atiende a decenas de ellos afectados por desnutrición aguda severa, a menudo complicada con otras dolencias como la malaria, muy agresiva en el país. Conocemos a Patricia, que ingresó pesando apenas 4 kilos (lo que pesó mi hijo al nacer, pero ella tiene un año) y en apenas 15 días de tratamiento ha recuperado la sonrisa y supera ya los 5 kilos y medio.

También les vimos en la residencia oficial de la sub-prefecta (algo así como la vicepresidenta regional), donde se han instalado más de 80 familias musulmanas huyendo de los ataques a los que están siendo sometidas por uno de los grupos armados más activos en el pais.

REPÚBLICA CENTROAFRICANA: EL RIesGO DE EPIDEMIAS ES ENORME

Si ayer me impresionó la visita al campo del aeropuerto, hoy hemos quedado sobrecogidos. Viven hacinados en condiciones durísimas, sin alternativa y sin apenas recursos. Pero en medio de la desolación, nuestra compañera Christine nos hizo notar un logro fundamental que de otra manera nos hubiera pasado desapercibido: a pesar de la miseria, el lugar se mantiene pulcramente limpio y las condiciones higiénicas son buenas, gracias entre otras cosas a las duchas y letrinas de emergencia instaladas por UNICEF y al trabajo de sensibilización con los líderes de la comunidad. El riesgo de epidemias es enorme si no se cuidan estos detalles al extremo.

En el camino de vuelta seguíamos reflexionando sobre lo importante que es lo que no se ve, unas veces en positivo y otras en negativo. Y pensábamos en todo lo que nosotros estamos viendo estos días, el enorme drama que viven los 4 millones y medio de habitantes del país (más de la mitad niños) y lo mucho que cuesta hacerlo visible para el resto del mundo. De hecho, a día de hoy UNICEF todavía no ha logrado recaudar una tercera parte de los fondos que necesita este año para atender las necesidades detectadas. Si quieres ayudarnos a llegar a muchos más niños, puedes hacer tu donativo.

Este post se publicó originalmente en Elmundo.es el 17/17/14
Relaciones

República Centroafricana: viaje al centro del olvido – Día 1

Fecha: 
Mié, 09/07/2014 (Todo el día)
11/07/2014 | Actualizada a las 12:15h |
Marta Arias Robles, directora de Sensibilización y Políticas de Infancia UNICEF Comité Español

Post escrito por Marta Arias Robles, directora de Sensibilización y Políticas de Infancia UNICEF Comité Español

El camino para llegar desde Madrid a República Centroafricana es tortuoso.

Una larga espera en el aeropuerto de Casablanca, un avión en medio de la noche hasta Camerún para llegar finalmente a Bangui, donde te recibe 12 horas después de salir de Barajas una imagen dantesca: miles de tiendas destartaladas rodean la pista y dan cabida a casi 40.000 personas, más de la mitad niños menores de 16 años, que huyen de los combates permanentes que asolan algunos barrios de la ciudad.

Un viaje que es un símil perfecto de un país olvidado en el centro de un continente olvidado, asolado por un conflicto ignorado por la mayoría del planeta. Pero tristemente cercano para los 2,3 millones de niños afectados, o para el medio millón de personas desplazadas que sobrevive como puede en medio de unas complicaciones que me hacen sentir ridícula al recordar cualquiera de mis preocupaciones cotidianas.

República Centroafricana: un país olvidado asolado por un conflicto ignorado

Por eso, el equipo de UNICEF se desvive por atendernos y ayudarnos a entender su lucha diaria. Quieren que el mundo conozca el drama que aquí se está viviendo, para poder poner fin de una vez por todas a este horror.

De su mano conocemos en primer lugar el centro de desplazados de St. Saveur, donde atienden a casi 2.000 niños intentando que recuperen cierta normalidad en unos “espacios temporales de aprendizaje” en los que tratan de mantener al día sus estudios. Cabe recordar que todavía hoy casi la mitad de las escuelas permanecen cerradas por el conflicto y cientos de miles de niños seguramente nunca vuelvan a pisar un aula.

REPÚBLICA CENTROAFRICANA: LA demanda de asistencia pediátrica aumenta un 400%

De ahí nos dirigimos al hospital pediátrico de Bangui (y único en el país), que afronta el reto de ver su demanda aumentada de la noche a la mañana en un 400%, con motivo de la decisión del gobierno de brindar atención sanitaria gratuita a todos los niños de 0 a 5 años.

Lejos de asustarse, el equipo responsable del hospital recurrió a UNICEF para instalar unas tiendas de acogida provisional para los nuevos pacientes y nos enseñan orgullosos el sistema integral de tratamiento de la desnutrición, con el que han logrado reducir los niveles de mortalidad por debajo del 5%.

Pero todavía no hemos acabado y no todas las noticias son buenas. Terminamos el día volviendo al aeropuerto, esta vez a pie, para conocer por dentro el mayor campo de desplazados de la ciudad. En los peores meses del conflicto llegó a alcanzar los 120.000 ocupantes, hoy son “sólo” 37.000.

He revisado las fotos una y otra vez y ninguna logra transmitir la impresión que nos produjo a todos la visita. Familias hacinadas en medio de aviones antiguos desvencijados. Niños descalzos llenos de barro.

Y, en medio del horror, un trabajo poco visible pero esencial: agua potable accesible en media docena de puntos del campo. Letrinas y duchas para luchar contra el cólera y los ataques sexuales contra niñas y mujeres. Escuelas temporales y música que se cuela por un rincón. Porque en el centro del olvido también hay esperanza. Sólo tenemos que darles la oportunidad

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