El agua de la vida

14/04/2011 | Actualizado as 09:33h |

Yolanda Romero, Responsable de Comunicación de UNICEF Comité Cataluña, escribe para Cuaderno de Terreno desde Puerto Príncipe En el arrondisement de Leogâne, al suroeste de Haití, el río Maumance se abre paso horadando un valle. A su alrededor la vida fluye. Cientos de desplazados haitianos han encontrado cobijo en sus márgenes en donde se instalan en tiendas de campaña improvisadas.  Las mujeres lavan la ropa en la orilla en una idílica imagen que se rompe cuando una de ellas recuerda que hace unas semanas cadáveres desfilaban río abajo.

Lo dice riendo, distanciándose de una realidad terrible de la que sólo se puede sobrevivir con sentido del humor.  El agua del Maumance, fuente de vida, también puede ser origen de muerte, cuando  se bebe en sus márgenes. UNICEF sensibiliza a las comunidades y les da los recursos para que tengan acceso a agua potable. Uno de los proyectos que lleva a cabo junto a sus aliados es la distribución de cubos con pastillas  para potabilizar el agua.  Para llevar el agua de la vida a las comunidades rurales, perdidas en las colinas, UNICEF utiliza el mejor medio de transporte de la zona, el más adaptado, el menos costoso: las mulas. Una caravana de estos animales recorre los agrestes caminos de las comunidades rurales de Leogane. El objetivo es entregar 820 cubos para su posterior distribución en las comunidades de Petit y Grand-Goâve.

El objetivo es cubrir la zona rural de la provincia del sudoeste del país al 90% en las montañas y al 85% en la planicie. Pero no sólo se distribuyen los cubos, según Daniele Lantagne,   “Es necesario enseñar cómo usarlos. Primero se lavan y se llenan de agua. Posteriormente se añade la pastilla. Se deja reposar y es imprescindible taparlos” La experiencia en anteriores emergencias demuestra que la fórmula sólo funciona con formación por parte de agentes de salud y el seguimiento posterior casa por casa. Es necesario comprobar que se siguen las indicaciones. En cualquier caso están redactadas en creole, la lengua local de los haitianos. En el estadio de Leogâne, donde se hacinan más de 10.000 personas, Paul Magdaline de 30 años recibe la primera formación para el uso de aquatab. “Estoy contenta, afirma, esto nos ayudará a protegernos. Nadie se pondrá enfermo y ya no habrá más fiebre en casa”.

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