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Los niños "viajeros de la noche" en Uganda
| La idea de la infancia como un período en el que el niño recibe una protección que le permite crecer de forma sana ha perdido completamente su significado
en el norte de Uganda. Para los niños y niñas que viven en esta zona, el conflicto armado, que dura ya 18 años, es un reino constante del terror, perpetrado
por el grupo rebelde Ejército de Resistencia del Señor |
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| © UNICEF/HQ04-0257/Mariella Furrer |
Docenas de niños, niñas y adultos buscan refugio en un centro patrocinado
por UNICEF y gestionado por la organización no gubernamental Rural
Focus Uganda, en la ciudad de Gulu. Son algunos de los "viajeros de la
noche", los miles de personas de todas las edades que abandonan sus
hogares por la noche en Uganda ante el temor a los secuestros o ataques
del grupo rebelde Ejército de Liberación del Señor. |
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Los rebeldes, la
mayor parte de los cuales son niños y niñas combatientes, suelen atacar al
atardecer. Rodean pequeños asentamientos de civiles o campamentos ocupados
por personas desplazadas, y a continuación los atacan con el fin
de robar alimentos y secuestrar tanto a niños y niñas como a adultos, con el
fin de incrementar sus filas. Los niños y niñas son especialmente vulnerables a
estos violentos ataques y a menudo se les obliga a matar a sus padres o a otros
niños. Los niños secuestrados por este ejército desde la escalada del conflicto
en junio de 2002 –cuyo número se calcula entre 10.000 y 12.000– son utilizados
como soldados y porteadores; las muchachas son sometidas a la esclavitud sexual.
Los niños y niñas secuestrados en el norte de Uganda se han visto obligados
a menudo a huir a los campamentos situados en el vecino Sudán. Se piensa
que muchos han muerto en este trayecto debido a la enfermedad o el hambre.
Como parte de su iniciación a la vida rebelde, han tenido que participar por
la fuerza en actos brutales de violencia, como matar a golpes o a machetazos a
otros niños y niñas cautivos que habían tratado de escapar. Quienes sobreviven
tienen que combatir por la fuerza contra el Ejército de Uganda o el Movimiento
de Liberación del Pueblo Sudanés. Más recientemente, después de la destrucción
por parte del ejército de Uganda de varias bases del Ejército de Resistencia
del Señor en el sur del Sudán y la intensificación del conflicto desde mediados
de 2002, muchos secuestrados son trasladados directamente a las unidades
del Ejército de Resistencia del Señor en el interior de Uganda, donde pueden
llegar a sufrir el mismo trato brutal.
Hasta octubre de 2004, decenas de
miles de niños de los distritos de Gulu, Kitgum y Pader en Uganda huían de sus
hogares y poblados todas las noches, dirigiéndose a los centros urbanos y
a los centros de los campamentos de personas desplazadas, huyendo de los
ataques y los secuestros del Ejército de Resistencia del Señor. Estos niños,
conocidos como los “viajeros de la noche”, duermen en albergues temporales,
iglesias vacías, instalaciones hospitalarias, terrazas, estaciones de autobús
o pórticos polvorientos, y regresan a sus hogares cada mañana. Algunos de ellos
han sido desplazados en realidad dos veces: la primera, se vieron forzados a
abandonar sus hogares como resultado del conflicto; la segunda, se han visto
desarraigados de sus refugios por las incursiones de los rebeldes. Los “viajeros
de la noche” se encuentran ahora también en los campamentos de personas
desplazadas, donde los niños cuyas cabañas se hallan en la periferia del
campamento son alojados en las cercanías de los edificios de servicio público
en el centro del campamentos. La falta de seguridad impide la vigilancia de
estos lugares por la noche.
Los “viajeros de la noche” –muchos de
los cuales carecen de la protección de sus progenitores y de lugares organizados
de refugio– confrontan amenazas de abusos, explotación sexual y violencia
de género, que incluye la violación. Las niñas están expuestas al acoso y
la violencia sexual en sus recorridos nocturnos y en los lugares de descanso
de los centros urbanos de acogida. Las niñas están cada vez más expuestas al
riesgo de contraer el VIH y otras enfermedades de transmisión sexual, y a los
embarazos prematuros, en la medida en que muchas de ellas se ven forzadas,
por no tener escapatoria posible, a practicar “actividades sexuales de
supervivencia” a cambio de alimentos o dinero.
En los refugios o en los lugares donde
pernoctan los “viajeros de la noche” la asistencia material y los servicios básicos
son inadecuados o inexistentes. Desde 2003, el UNICEF, en colaboración
con aliados como El Arca de Noé y AVSI (Associazione Volontari per il Servizio
Internazionale) proporcionan vivienda básica, mantas y acceso a las instalaciones
de saneamiento a 12.000 niños “viajeros de la noche” en las ciudades
de Gulu, Kitgum y Kalongo. Estas viviendas se hallan en un entorno
relativamente seguro, dentro de un campamento protegido por cercas. A
medida que este fenómeno crece a la par que el conflicto, el UNICEF y sus
aliados incrementan su asistencia. Sin embargo, proceden con cautela en lo
que se refiere al nivel de asistencia que proporcionan a cada uno de estos centros,
con el fin de garantizar que los niños que vienen a los refugios lo hacen
únicamente por razones de seguridad. Asimismo, existe el acuerdo de que
todos estos lugares de acogida dispongan únicamente de instalaciones
y materiales básicos para pasar la noche.
Los habitantes del norte de Uganda,
en particular los niños, han sufrido las repercusiones de los conflictos armados
desde hace una generación. En mayo de 2004, el número de ugandeses desplazados
por los combates en esa parte del país se había triplicado hasta llegar a 1,6
millón aproximadamente, un 80% de los cuales son niñas, niños y mujeres. El
VIH/SIDA se propaga en el norte a una tasa alarmante. La alfabetización básica
está en descenso. En el distrito de Gulu, donde un 90% de la población ha tenido
que huir de sus hogares debido al conflicto, menos de un 20% de los habitantes
tienen acceso a una atención de la salud efectiva.
El Gobierno de Uganda y el Ejército de
Resistencia del Señor, con la cooperación de la comunidad internacional,
deben tomar medidas para alcanzar una resolución pacífica del conflicto. Hasta
tanto se consiga una solución duradera, el Gobierno tiene la responsabilidad de proteger a sus ciudadanos, especialmente a los más vulnerables. El sistema
de las Naciones Unidas y otras organizaciones humanitarias deben incrementar
urgentemente su asistencia con el fin de mejorar las condiciones de vida estos “viajeros de la noche”.
Regreso a Saint Mary: diez secuestradas consiguen escapar del Ejército de
Resistencia del Señor
En 1996, rebeldes del Ejército de Resistencia del Señor atacaron Saint
Mary, uno de los principales internados de Uganda, y secuestraron a 139 niñas.
Aunque los rebeldes liberaron a la mayoría de las niñas poco después del
asalto, mantuvieron a 30 en cautiverio. Las secuestradas sufrieron palizas,
torturas y se vieron obligadas a convertirse en “esposas” de los comandantes
rebeldes y a aprender a matar.
Ocho años después, Saint Mary no ha
olvidado a estas niñas. Todas las tardes después de clase, los estudiantes rezan
por ellas, y todos los años celebran una ceremonia en su memoria el 10 de octubre,
aniversario del secuestro. En 2004, la escuela tuvo otro motivo de celebración:
diez de las niñas secuestradas en 1996 habían escapado. Una de ellas es
Charlotte Awino, que ahora tiene 22 años. Su madre, Angeline Atyam, se
había convertido en una activista en favor del retorno de su hija. Se unió a
otros padres y madres de niñas secuestradas e hizo una campaña incansable
para llamar la atención de la comunidad internacional sobre su problema.
Sus
actividades le llevaron a dirigirse directamente a líderes internacionales, entre
ellos el ex presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, y el Secretario
General de las Naciones Unidas, Kofi A. Annan, con el objetivo de solicitar ayuda
para su liberación. Sus actividades también llamaron la atención del Ejército de Resistencia
del Señor, que ofreció la liberación de Charlotte si Angeline dejaba de hablar
del tema. Fue una decisión muy difícil, pero Angeline se negó a que la silenciaran
hasta que todas las niñas fuesen liberadas. En el verano de 2004,
Charlotte consiguió escapar con su hijo, que había concebido después de haber
sido violada por un alto comandante.
Aunque Charlotte ya ha conseguido
reunirse con su madre, Angeline sigue siendo una defensora activa en favor de
la liberación de las niñas de Saint Mary que siguen cautivas –aunque se cree
que algunas ha sido asesinadas, seis de ellas todavía no ha sido liberadas– así
como de otros niños y niñas secuestrados por el Ejército de Liberación del
Señor.
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