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Los niños "viajeros de la noche" de Uganda

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Los niños "viajeros de la noche" en Uganda
La idea de la infancia como un período en el que el niño recibe una protección que le permite crecer de forma sana ha perdido completamente su significado en el norte de Uganda. Para los niños y niñas que viven en esta zona, el conflicto armado, que dura ya 18 años, es un reino constante del terror, perpetrado por el grupo rebelde Ejército de Resistencia del Señor
Docenas de niños, niñas y adultos buscan refugio en un centro patrocinado por UNICEF y gestionado por la organización no gubernamental Rural Focus Uganda, en la ciudad de Gulu. Son algunos de los "viajeros de la
noche", los miles de personas de todas las edades que abandonan sus hogares por la noche en Uganda ante el temor a los secuestros o ataques del grupo rebelde Ejército de Liberación del Señor.

Los rebeldes, la mayor parte de los cuales son niños y niñas combatientes, suelen atacar al
atardecer. Rodean pequeños asentamientos de civiles o campamentos ocupados por personas desplazadas, y a continuación los atacan con el fin de robar alimentos y secuestrar tanto a niños y niñas como a adultos, con el fin de incrementar sus filas. Los niños y niñas son especialmente vulnerables a estos violentos ataques y a menudo se les obliga a matar a sus padres o a otros niños. Los niños secuestrados por este ejército desde la escalada del conflicto en junio de 2002 –cuyo número se calcula entre 10.000 y 12.000– son utilizados como soldados y porteadores; las muchachas son sometidas a la esclavitud sexual.

Los niños y niñas secuestrados en el norte de Uganda se han visto obligados a menudo a huir a los campamentos situados en el vecino Sudán. Se piensa que muchos han muerto en este trayecto debido a la enfermedad o el hambre. Como parte de su iniciación a la vida rebelde, han tenido que participar por la fuerza en actos brutales de violencia, como matar a golpes o a machetazos a otros niños y niñas cautivos que habían tratado de escapar. Quienes sobreviven tienen que combatir por la fuerza contra el Ejército de Uganda o el Movimiento de Liberación del Pueblo Sudanés. Más recientemente, después de la destrucción por parte del ejército de Uganda de varias bases del Ejército de Resistencia del Señor en el sur del Sudán y la intensificación del conflicto desde mediados de 2002, muchos secuestrados son trasladados directamente a las unidades del Ejército de Resistencia del Señor en el interior de Uganda, donde pueden llegar a sufrir el mismo trato brutal.

Hasta octubre de 2004, decenas de miles de niños de los distritos de Gulu, Kitgum y Pader en Uganda huían de sus hogares y poblados todas las noches, dirigiéndose a los centros urbanos y a los centros de los campamentos de personas desplazadas, huyendo de los ataques y los secuestros del Ejército de Resistencia del Señor. Estos niños, conocidos como los “viajeros de la noche”, duermen en albergues temporales, iglesias vacías, instalaciones hospitalarias, terrazas, estaciones de autobús o pórticos polvorientos, y regresan a sus hogares cada mañana. Algunos de ellos han sido desplazados en realidad dos veces: la primera, se vieron forzados a abandonar sus hogares como resultado del conflicto; la segunda, se han visto desarraigados de sus refugios por las incursiones de los rebeldes. Los “viajeros de la noche” se encuentran ahora también en los campamentos de personas desplazadas, donde los niños cuyas cabañas se hallan en la periferia del
campamento son alojados en las cercanías de los edificios de servicio público en el centro del campamentos. La falta de seguridad impide la vigilancia de estos lugares por la noche.

Los “viajeros de la noche” –muchos de los cuales carecen de la protección de sus progenitores y de lugares organizados
de refugio– confrontan amenazas de abusos, explotación sexual y violencia de género, que incluye la violación. Las niñas están expuestas al acoso y la violencia sexual en sus recorridos nocturnos y en los lugares de descanso de los centros urbanos de acogida. Las niñas están cada vez más expuestas al
riesgo de contraer el VIH y otras enfermedades de transmisión sexual, y a los embarazos prematuros, en la medida en que muchas de ellas se ven forzadas, por no tener escapatoria posible, a practicar “actividades sexuales de supervivencia” a cambio de alimentos o dinero.

En los refugios o en los lugares donde pernoctan los “viajeros de la noche” la asistencia material y los servicios básicos son inadecuados o inexistentes. Desde 2003, el UNICEF, en colaboración con aliados como El Arca de Noé y AVSI (Associazione Volontari per il Servizio Internazionale) proporcionan vivienda básica, mantas y acceso a las instalaciones de saneamiento a 12.000 niños “viajeros de la noche” en las ciudades de Gulu, Kitgum y Kalongo. Estas viviendas se hallan en un entorno relativamente seguro, dentro de un campamento protegido por cercas. A medida que este fenómeno crece a la par que el conflicto, el UNICEF y sus
aliados incrementan su asistencia. Sin embargo, proceden con cautela en lo que se refiere al nivel de asistencia que proporcionan a cada uno de estos centros, con el fin de garantizar que los niños que vienen a los refugios lo hacen
únicamente por razones de seguridad. Asimismo, existe el acuerdo de que todos estos lugares de acogida dispongan únicamente de instalaciones y materiales básicos para pasar la noche.

Los habitantes del norte de Uganda, en particular los niños, han sufrido las repercusiones de los conflictos armados desde hace una generación. En mayo de 2004, el número de ugandeses desplazados por los combates en esa parte del país se había triplicado hasta llegar a 1,6 millón aproximadamente, un 80% de los cuales son niñas, niños y mujeres. El VIH/SIDA se propaga en el norte a una tasa alarmante. La alfabetización básica está en descenso. En el distrito de Gulu, donde un 90% de la población ha tenido que huir de sus hogares debido al conflicto, menos de un 20% de los habitantes tienen acceso a una atención de la salud efectiva.

El Gobierno de Uganda y el Ejército de Resistencia del Señor, con la cooperación de la comunidad internacional, deben tomar medidas para alcanzar una resolución pacífica del conflicto. Hasta tanto se consiga una solución duradera, el Gobierno tiene la responsabilidad de proteger a sus ciudadanos, especialmente a los más vulnerables. El sistema de las Naciones Unidas y otras organizaciones humanitarias deben incrementar urgentemente su asistencia con el fin de mejorar las condiciones de vida estos “viajeros de la noche”.

Regreso a Saint Mary: diez secuestradas consiguen escapar del Ejército de Resistencia del Señor

En 1996, rebeldes del Ejército de Resistencia del Señor atacaron Saint Mary, uno de los principales internados de Uganda, y secuestraron a 139 niñas. Aunque los rebeldes liberaron a la mayoría de las niñas poco después del asalto, mantuvieron a 30 en cautiverio. Las secuestradas sufrieron palizas, torturas y se vieron obligadas a convertirse en “esposas” de los comandantes
rebeldes y a aprender a matar.

Ocho años después, Saint Mary no ha olvidado a estas niñas. Todas las tardes después de clase, los estudiantes rezan por ellas, y todos los años celebran una ceremonia en su memoria el 10 de octubre, aniversario del secuestro. En 2004, la escuela tuvo otro motivo de celebración: diez de las niñas secuestradas en 1996 habían escapado. Una de ellas es Charlotte Awino, que ahora tiene 22 años. Su madre, Angeline Atyam, se había convertido en una activista en favor del retorno de su hija. Se unió a otros padres y madres de niñas secuestradas e hizo una campaña incansable para llamar la atención de la comunidad internacional sobre su problema.

Sus actividades le llevaron a dirigirse directamente a líderes internacionales, entre ellos el ex presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, y el Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi A. Annan, con el objetivo de solicitar ayuda para su liberación. Sus actividades también llamaron la atención del Ejército de Resistencia del Señor, que ofreció la liberación de Charlotte si Angeline dejaba de hablar del tema. Fue una decisión muy difícil, pero Angeline se negó a que la silenciaran
hasta que todas las niñas fuesen liberadas. En el verano de 2004, Charlotte consiguió escapar con su hijo, que había concebido después de haber sido violada por un alto comandante.

Aunque Charlotte ya ha conseguido reunirse con su madre, Angeline sigue siendo una defensora activa en favor de la liberación de las niñas de Saint Mary que siguen cautivas –aunque se cree que algunas ha sido asesinadas, seis de ellas todavía no ha sido liberadas– así como de otros niños y niñas secuestrados por el Ejército de Liberación del Señor.

 

 
 
 

 

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