Imaginemos por un momento que, hoy, solo por un día, no tuviéramos agua ni en casa ni en nuestro lugar de trabajo. Y que tampoco funcionaran los baños. Resultaría, como mínimo, bastante incómodo, ¿no? Probablemente nos negaríamos a ir a trabajar, y nos iríamos a casa de algún vecino o amigo donde pudiéramos darnos una ducha y hacer nuestras necesidades. ¿Y si, llevando el juego un poco más lejos, suponemos que esto se prolonga en el tiempo, y afecta también a todos nuestros vecinos? Ciertamente sería un cambio en nuestras vidas. Un cambio, en este caso, nada deseable.
Afortunadamente, era sólo un supuesto. Y, afortunadamente, para los 2.000 millones de personas que, entre 1990 y 2010, han podido contar con fuentes de agua potable, y para los 1.800 millones de personas que, en el mismo periodo, han accedido a sistemas de saneamiento (baños y letrinas en buenas condiciones), el cambio ha sido al revés. ¿Te lo puedes imaginar?
Este año,
el Día del Agua está dedicado a la cooperación en materia del agua, a todas las iniciativas y todos los actores
que hacen posible cambiar tantas vidas, destinando recursos a construir infraestructuras, promover hábitos saludables y capacitar a comunidades, municipios y gobiernos para crear y mantener los sistemas necesarios para que se cumpla el
Derecho Humano al Agua y el Saneamiento.
Ahora queda llegar más lejos, avanzando hacia la cobertura universal, para dotar de agua potable a los 780 millones de personas que aún no cuentan con una fuente apropiada, y de baños a los 1.500 millones que no tienen acceso a un saneamiento correcto. Y llegar así a todas partes, a los más vulnerables, para que nadie, ningún niño, se quede atrás.
EL EJEMPLO DE GUINEA BISSAU
Los pozos equipados con bombas manuales y bombas solares proporcionan agua limpia a alumnos, profesores y padres y los Comités de Agua de las comunidades han aprendido a mantenerlos en buenas condiciones y hacer reparaciones sencillas. Los nuevos bloques de letrinas, separados para niños y niñas, ofrecen la privacidad y limpieza necesaria para todos, evitando así que muchas niñas abandonen la escuela al llegar a la pubertad, por falta de un lugar adecuado donde cambiarse cuando tienen la menstruación.
Los niños y niñas, organizados en Clubs de Higiene, conocen y difunden hábitos de higiene que previenen enfermedades, como el lavado de manos. En las comunidades, en torno a la escuela, se plantean programas para erradicar la defecación al aire libre. Y los Ministerios de Salud y Educación se involucran para, poco a poco, replicar el modelo en todas las escuelas y en todas las comunidades de Guinea Bissau.
Cambios posibles. Cambios reales que construyen un mundo mejor para nuestros niños. Que es, sin duda, un mundo mejor para todos.