Cuerno de África

La historia del hambre se puede cambiar

Fecha: 
Jue, 26/04/2012 (Todo el día)
26/04/2012 | Actualizada a las 17:13h |
Por Lorena Cobas, Responsable de Cooperación y Emergencias de UNICEF España

Post de Lorena Cobas, Responsable de Cooperación y Emergencias de UNICEF España

Después de un año de historias de hambre, de conflictos, de familias luchando por sobrevivir en el Cuerno de África, de las que pudimos ser testigos a través de la televisión y los medios de comunicación, tenemos que rendir homenaje a las historias de superación, de lucha y de supervivencia, que tienen caras y nombres.
Una respuesta humanitaria sin precedentes, un gran compromiso de los profesionales que allí trabajan, un gran apoyo de los donantes y una temporada favorable de lluvia nos han dejado historias de esperanza.

En Turkana, al norte de Kenia, una de las zonas más afectadas por la sequía y la desnutrición, Jimmy Loree (jefe de enfermería de la instalación de salud de Turkana) conduce 23 Km para llegar a Nakalale, un pueblo remoto y de difícil acceso. Se trata de un viaje relativamente corto, pero que ha marcado la diferencia entre la vida y la muerte de miles de niños de las poblaciones nómadas.  

“Estas poblaciones son muy pobres y si no nos acercamos a llevarles el tratamiento médico que necesitan, ellos no se habrían apartado de su camino en busca del agua, y hace meses que habrían muerto”.

A finales del 2011 las tasas de desnutrición aguda en esta región han bajado del 37% a un 13% (por debajo del umbral de la emergencia), lo que indica que llegar a las familias en su entorno y cultura marca una diferencia real.

En Etiopía, a Berida, una mujer muy delgada y con aspecto demacrado, ya sólo le quedan cinco cabezas de ganado de las 40 que tenía. La sequía ha ido matándolas poco a poco y las que aún tiene se están muriendo. Además, estaba preocupada por la salud de Firdoze, su hija menor, que sufría desnutrición aguda grave.

Gracias a Kalidan Yimam, esta historia cambió de rumbo. Kalidan es un trabajador de salud que hacía controles nutricionales casa por casa, y que enseguida se dio cuenta de la situación de esta niña, y la llevaron al puesto de salud. Allí comenzó el tratamiento terapeútico, sólo en dos semanas había ganado un kilo. “Tenía mucho miedo de que mi hija muriese. Kalkidan vino a vernos y mi hija sobrevivió. No se puede imaginar lo feliz que estoy”, dice Berida.

En Somalia, Binto llevó a su hija de dos años a una clínica infantil en Waberi porque tenía sarampión. “Después de recibir tratamiento con antibióticos y vitaminas se siente ya mucho mejor”. Lo más importante es que llevó a sus seis hijos a la clínica para que recibiesen la vacuna, porque no quiere que ninguno de sus hijos caiga enfermo. Hizo muy bien, porque el sarampión es mortal en un país como Somalia.

En el año 2011 hubo unos 18.000 niños que sufrieron esta y otras enfermedades prevenibles, pero que resultan mortales para la infancia. Bisharo, la hija de Binto se recuperó, y sus hermanos forman parte ya del más de un millón de niños inmunizados contra el sarampión para hacer frente a su destino.

Después de conocer estas historias, y del que puede que sea el mayor logro, la declaración del fin de la hambruna en seis zonas al sur de Somalia, es inevitable pensar que se puede hacer frente a este tipo de situaciones. Pero la crisis está lejos de terminar, aún hay más de 8 millones de personas que necesitan apoyo urgentemente, entre los que hay 320.000 niños con desnutrición aguda grave en Somalia. Estos son 8 millones de motivos, con cara y nombre, para seguir con nuestro compromiso con esta región del mundo.

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La maleta que traje de Kenia

Fecha: 
Vie, 20/01/2012 (Todo el día)
20/01/2012 | Actualizada a las 20:58h |
Por Lorena Cobas, Responsable de Cooperación y Emergencias de UNICEF España

Por Lorena Cobas, Responsable de Cooperación y Emergencias de UNICEF España

Hoy hace seis meses que UNICEF hizo un llamamiento a la solidaridad con el Cuerno de Africa.  Pero ya hace años que la población de Somalia, Kenia, Etiopía y Yibuti estaba haciendo un llamamiento a no caer en el olvido. Los 13 millones de personas afectadas por esta emergencia y los 320.000 niños que aún sufren desnutrición aguda se merecen que no miremos a otro lado, y hagamos frente a esta precaria situación.

Para mí es un día muy emotivo porque  hace tres meses que volví de Kenia, donde fui para apoyar el trabajo de UNICEF en esta emergencia. Allí se quedaron los recuerdos, los olores, el calor, y sobre todo las personas. Y en la maleta me traje muchas ganas de trabajar para que no vuelva a caer en el olvido esta parte del mundo.
Hoy hago balance de mi estancia en Kenia, y me acuerdo del camino a Dadaab, lleno de arena, de baches, de animales muertos y de niños pidiendo agua, sólo les faltaba una cosa: un poco de agua.

Viene a mi memoria la lluvia que vi un día al salir de mi tienda, unas pocas gotas de agua que la tierra árida absorbía en tan solo unos segundos porque llevaba años sin beber. Fui testigo del comienzo de la temporada de lluvias en una región que estaba a punto de borrar esta palabra de su vocabulario, pero llovió al fin. Cifora Monier, Especialista de comunicación en Dadaab me decía que se necesita más de un año para que la tierra se recupere y las familias vuelvan a sus vidas normales, pero es un buen comienzo.

Pero todo en el Noreste de Kenia se convierte en un arma de doble filo. Y la lluvia que viene a salvar miles de vidas, también ha sido una amenaza para la salud de la población y una dificultad para que el personal humanitario llegue a donde se necesita. 

Afortunadamente los profesionales que trabajan allí pusieron en marcha los mecanismos para prevenir y atender enfermedades como el cólera y así evitar su expansión. Gracias a esto podemos decir que el impacto de esta enfermedad ha sido mínimo, a mediados de diciembre, de los 805 casos sospechosos de cólera  en Dadaab habían muerto tres personas, lo que significa un 0,4%.

Pero, sobre todo, pienso hoy en las personas, en los refugiados que en su mirada sólo transmiten cansancio, en Ahmadina  y Mohamed, los traductores que nos acompañaron y que llevan más de 20 años viviendo en Dadaab y soñando con volver a Somalia, y en el personal humanitario que trabaja en uno de los contextos más peligrosos que existen, y aún así no desisten en su empeño por mejorar la vida de las personas.

Por todo esto, hoy sentada en mi oficina en Madrid, renuevo mi compromiso con los derechos de los niños. Quiero poner mi grano de arena para que los niños en el Cuerno de África le planten cara al hambre a la enfermedad y la muerte y tengan una vida digna. Sobre todo quiero que se borre el cansancio de su mirada y que puedan volver a sonreír.

Dona para la emergencia nutricional del Cuerno de África

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El día que llovió en Dadaab

Fecha: 
Mar, 18/10/2011 (Todo el día)
18/10/2011 | Actualizada a las 12:23h |
Por Lorena Cobas, Responsable de Cooperación y Emergencias de UNICEF España

Por Lorena Cobas, Responsable de Cooperación y Emergencias de UNICEF España

El pasado fin de semana, cuando me desperté en Dadaab y salí de mi tienda, viví la sensación más esperanzadora de todo mi viaje: estaba lloviendo. Era una lluvia muy débil y duró apenas unos minutos, pero mi compañera de tienda y yo nos quedamos mirando el agua caer. Nunca antes había sido tan consciente de lo importante que pueden ser unas gotas de agua, pero con el paisaje desolador que tengo alrededor, es lo más esperanzador que podía ocurrir.

Ulrika, mi compañera de tienda, es la Responsable de Agua, Saneamiento e Higiene en Dadaab, solo lleva una semana aquí, pero sabe la responsabilidad que supone su cargo en esta emergencia. Mientras veía llover me decía: “ Esto es lo que hace falta”, y sonreía…

Mientras esperamos a que lleguen las lluvias, UNICEF está distribuyendo agua potable a los refugiados en los campos y a los que están en el camino. Cada día, de media, se distribuye agua para 1.300 personas que se desplazan a Dadaab desde la frontera de Somalia con Kenia. Se han establecido sietes puntos de distribución en los pocos kilómetros que separan Dadaab de la frontera.

También se están realizando campañas de promoción de la higiene, por ejemplo para el lavado de manos,  que previene enfermedades y epidemias, y que están beneficiando a 90.000 familias. Éste es uno de esos logros invisibles, pero no por ello menos importante. El  trabajo de UNICEF y de las organizaciones humanitarias aquí presentes está evitando brotes de enfermedades que podrían ser mortales para la infancia.

El gran reto en este momento es el apoyo continuo al flujo de refugiados que llegan a Dadaab. Me alegro de saber que el personal humanitario está trabajando para que las familias tengan los servicios de agua, higiene y saneamiento básicos, y previniendo enfermedades hasta que lleguen las lluvias y se queden más de unos minutos. Mientras veía llover, me invadió un sentimiento de esperanza pensando en los cientos de miles de refugiados.
 

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Aden y Abdile

Fecha: 
Mié, 03/08/2011 (Todo el día)
03/08/2011 | Actualizada a las 14:33h |
Post de Christopher Tidey, Especialista de Comunicación en Emergencias de UNICEF

Post de Christopher Tidey, Especialista de Comunicación en Emergencias de UNICEF

Más del 80% de los refugiados somalíes que cruzan Kenia son mujeres y niños. La mayor parte de las familias que veo haciendo cola en los centros de recepción del campamento de refugiados de Dadaab están encabezadas por madres, abuelas y hermanas mayores. A menudo me pregunto dónde han ido los hombres.  Esta escasez de hombres es lo que hace a Abdile aún más notable. En una comunidad de madres, Abdile se destaca como el padre consumado.

Abdile, junto a su mujer, sus cuatro hijos y su abuela, tuvieron que abandonar su hogar en Somalia en búsqueda de comida y agua. La sequía había acabado con los cultivos y el ganado. Durante 25 días de viaje, su mujer murió de hambre, mientras él se vio obligado a continuar el viaje con su familia, a veces cargando a todos sus hijos en su espalda.

"No teníamos otra opción que continuar. Teníamos que seguir para sobrevivir".

Aden, su hijo menor de tres años, estaba cada vez más desnutrido, ya que sus medios de subsistencia se estaban acabando. Para cuando la familia llegó al campamento de refugiados en Dadaab, Kenia, Aden estaba tan débil que no tenía fuerzas para levantar la cabeza o tragar. Estaba a punto de morir, su pequeño cuerpo de 5 kilos no aguantaba. Los médicos en el hospital de Hagadera temieron por su vida.

Eso fue hace casi dos semanas y Aden todavía está aquí. Está fortaleciéndose cada día. Cuando fui a visitar a Aden la semana pasada su peso había aumentado a Aden está aumentando el peso. 6,1 kilos y había empezado a comer sólido. Sus músculos todavía están terriblemente débiles, pero ya puede levantarse con ayuda algunos segundos.

La mejora de Aden, aunque lenta, es producto del tratamiento constante del dedicado personal del hospital de Hagadera y el régimen de alimentación terapéutica suministrado por UNICEF. Pero yo creo que hay más factores en su mejora aparte del tratamiento médico por sí solo.

Cada vez que visito a Aden en el hospital, su padre está ahí. Los médicos me dicen que desde que lo ingresaron, Abdile ha estado a su lado en la cama. Cada día, la rutina es la misma. Abdile, el único padre en la sala, está junto a su hijo, mientras que la abuela cuida de los otros tres en casa. Cada noche, Abdile permanece en el hospital para que su hijo se duerma ante su atenta mirada. La delicadeza y el amor con el que Abdile acaricia, alimenta y coge a su hijo es una vista realmente hermosa - la encarnación de lo que significa ser un padre-.

"Ahora más que nunca es importante que nuestra familia permanezca unida", me dice Abdile durante la última visita. "Mi hijo está mejorando cada día y ahora sé que sobrevivirá".

Solo en junio se reportaron en el campamento de refugiados de Dadaab 6.000 nuevos casos de desnutrición, la mayor parte de los cuales eran nuevos refugiados. En todo el Cuerno de África, se calcula que más de 2 millones de niños sufren desnutrición como consecuencia de la sequía, de la subida del precio de los alimentos y de la inestabilidad política en Somalia. Más de 500.000 están en inminente riesgo de muerte.

Para salvar vidas, la respuesta humanitaria global debe ser inmediata. UNICEF está trabajando para llevar alimentación terapéutica y suplementaria en cantidades sin precedentes en todo el Cuerno de África. Este mes, por avión, camión y barco,  UNICEF ha entregado 1.300 toneladas de suministros vitales a algunas de las áreas más afectadas en el sur de Somalia, incluyendo ayuda terapéutica suficiente para tratar a 66.000 niños con desnutrición. En las próximas 8 semanas, UNICEF ampliará la alimentación suplementaria para llegar a 360.000 niños y busca llegar cuanto antes a más niños y sus familias.

A veces con el tremendo sufrimiento que veo aquí, me pregunto si la comunidad internacional será capaz de responder a la altura de las necesidades que hay en terreno. Pero luego pienso en Abdile y en Aden, su lucha, su vínculo y su triunfo y recuerdo que todavía hay esperanza aquí.

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Somalia: visita a los campamentos de refugiados en Galkayo

Fecha: 
Mié, 20/07/2011 (Todo el día)
20/07/2011 | Actualizada a las 14:47h |
Jessica Mony y Kate Vigurs, UNICEF Reino Unido

Por Jessica Mony y Kate Vigurs, de UNICEF Reino Unido

Después de dejar el recinto de UNICEF en Galkayo, Somalia, nos desplazamos a los campamentos de desplazados de la zona. Hay muy pocas carreteras asfaltadas, la mayoría son caminos de tierra o gravilla.

Durante el camino, Maulid Warfa, Especialista en Emergencias de UNICEF en Somalia, nos comenta “mucha gente en Somalia tiene armas”. Es entonces cuando nos damos cuenta de la cantidad de armas que vemos a nuestro alrededor.

Es un día caluroso, seco y con mucho viento. Todo está cubierto de nubes de polvo y los niños se agrupan rápidamente para darnos la bienvenida al llegar a nuestro destino.

Vamos hacia el primer campamento, uno de los 21 campos de desplazados en Galkayo, Somalia, en el que viven unas 600 personas.

Primero conocemos a Ubah Nurharsi, enfermera de la clínica local de salud materno infantil. Ella nos cuenta que “muchas de las personas que llegan están desnutridas y frecuentemente sufren diarrea en los campamentos”. UNICEF apoya a la clínica proveyéndoles medicinas.

La historia de Nimco y su familia

Nimco Mohamed Hassam, de 25 años, nos cuenta cómo llegó al campamento, junto a sus tres hijos pequeños. Antes vivía en Barbare Village, en la región de Bay,

El hijo de Nimco, Mahamad, de 4 años, sufre desnutrición, por lo que acude a un centro de alimentación terapéutica apoyado por UNICEF.

distrito de Baidoia (aproximadamente a 900 kilómetros del campamento en el que se encuentran ahora). "Nos fuimos porque la zona no era segura y por la sequía", cuenta. Tuvieron que pedir dinero prestado a familiares para viajar en coche a Galkayo. Tardaron 15 días en hacer el trayecto".

Llevan en el campamento desde finales de junio. Cuando le preguntamos cuánto tiempo se quedarán, contesta: “Nos quedaremos un año, hasta que nos digan que nuestra casa es un lugar estable de nuevo”.

Su hijo mayor tiene 5 años. El más pequeño tan solo unos meses. El mediano, de 4 años, sufre desnutrición. Está retraído y bastante asustado. Su madre nos cuenta que lo ha estado llevando a un ambulatorio de alimentación terapéutica, apoyado por UNICEF, en el que le hacen seguimiento y donde recibe comida altamente calórica.

Su peso era de 6,4 kilos el 27 de junio, 7 kilos el 4 de julio y 7,5 kilos el 11 de julio. Aunque el niño aún sufre de desnutrición está creciendo cada semana, gracias al apoyo que está recibiendo.

Nimco nos cuenta que lo único que puede permitirse es una pequeña bolsa de arroz. A menudo tiene que mendigar para comprar comida, cuenta.

“Ninguno de mis hijos está vacunado, pero voy a llevarles a los Días de la salud infantil para que los vacunen”. Esta iniciativa, en la que trabaja UNICEF junto a la Organización Mundial de la Salud, tiene como objetivo beneficiar a 1,2 millones de niños en toda Somalia.

Le preguntamos a Nimco qué es lo que quiere para sus hijos. Nos contesta:  “Quiero que mis hijos vivan. Quiero que reciban educación y que tengan comida”.

Por su parte, Maulid Warfa nos cuenta que este campamento ha cambiado desde que estuvo hace dos meses:  “Está mucho peor, los niños están más desnutridos que antes”.

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A través del desierto en el Cuerno de África

Fecha: 
Jue, 16/06/2011 (Todo el día)
14/07/2011 | Actualizada a las 11:14h |
Michael Klaus, Director de Comunicación de la Oficina de UNICEF para el Este y el Sur de África

Por Michael Klaus, Director de Comunicación de la Oficina de UNICEF para el Este y el Sur de África

Dadaab, este de Kenia. Fue una decisión difícil, pero finalmente Hawa Issak decidió abandonar su hogar. La sequía había destruido todos sus medios de vida, su marido la había abandonado y estaba embarazada. No veía ningún futuro en la región de Gedo, al sur de Somalia, ni para ella ni para su futuro hijo, por lo que se unió a otras 6 familias para recorrer el largo camino de 420 kilómetros, esperando encontrar ayuda en la vecina Kenia.

Caminaron durante 28 días bajo el polvo y un calor abrasador hasta que finalmente llegaron a Dadaab, una pequeña aldea en el este de Kenia, que se ha convertido en el mayor campamento de refugiados del mundo.

El fuerte viento está barriendo los campos abiertos de Dadaab. Las caras de los niños están cubiertas de polvo y todo el mundo tiene dificultades para respirar y hablar. Los cadáveres de los animales están entre los arbustos secos: no es fácil para nadie sobrevivir en un ambiente tan duro.

Los tres campamentos de Dadaab- Ifo, Hagadera y Dagahaley- se crearon hace años para atender el flujo constante de refugiados que huían de los combates y la inseguridad en la vecina Somalia, prolongados durante los últimos 20 años. Pensados en su origen para atender un máximo de 90.000 refugiados, Dadaab ha ido creciendo hasta convertirse en el tercer asentamiento más grande de Kenia, después del de Nairobi, la capital, y el de la ciudad portuaria de Mombasa.

La población del campamento ha crecido hasta alcanzar la cifra de 380.000 personas, la mayor parte de ellos viviendo en tiendas de campaña improvisadas. Entre enero y junio han llegado más de 60.000 nuevos refugiados. Desde finales del pasado mes ha habido otro fuerte aumento, haciendo la situación más insostenible.

"Mirando alrededor, vemos sobre todo a mujeres y niños", dijo Elhadj As Sy, Director Regional de UNICEF para el Este y el Sur de África durante su visita a la región."Son a los que más están afectando el triple choque de la sequía- que está relacionada con el cambio climático-, el alza del precio de los alimentos y el conflicto Familias somalíes esperan para registrarse en el campamento de refugiados de Ifo, en Dadaab, Kenia. armado en Somalia. Las personas han pasado muchas dificultades para llegar aquí. Están muy débiles".

Los refugiados en Dadaab, sin embargo, son solo parte de un problema mucho mayor. Debido a dos temporadas consecutivas sin lluvia, el aumento de los precios de los alimentos básicos hasta un 200%, así como la intensificación de los combates en Somalia, el Cuerno de África se enfrenta actualmente a una de las crisis nutricionales más graves del mundo.

Más de 10 millones de personas están en necesidad de asistencia humanitaria en estos tres países. Entre ellos hay más de 2 millones de niños menores de cinco años que sufren desnutrición, de los que 500.000 están severamente desnutridos, lo que amenaza gravemente sus vidas y requiere atención urgente. Un niño severamente desnutrido tiene nueve veces más probabilidades de morir que un niño sano.

UNICEF está suministrando alimento terapéutico a los niños que están en mayor riesgo. Los casos más severos reciben leche terapéutica para estabilizar su estado de salud. Después de 3 ó 4 días, la leche a menudo puede sustituirse por una pasta de cacahuetes de alto nivel energético que los ayuda a recuperarse en semanas. Algunos, sin embargo, llegan al hospital demasiado tarde. La pasada semana, seis niños murieron en el centro de atención nutricional del campamento de Ifo.

"Lo más impresionante para mí es ver cómo las madres en esta situación más extrema, luchan con fuerza para que sus niños estén bien. Todas quieren que estén bien alimentados, bien educados y que tengan oportunidades en el futuro“, dijo Elhadj As Sy. "Escuchar sus historias, con la sonrisa en la cara y esperanza en el futuro es una fuente de inspiración para nosotros".

En medio del polvo y las dificultades, una de esas historias de inspiración y coraje es la de Hawa Issak, la mujer de 21 años de Gedo, Somalia. Poco después de llegar a Dadaab, dio a luz a su hijo, el tercero. "Lo he llamado Ibrahim", dice orgullosa y sonriente. "Estamos a salvo… por ahora".

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