Gabsile Mamba temió por la vida de su hijo pequeño Siyabonga. El niño estaba siempre vomitando, padecía diarrea, y no hacía más que perder peso de forma muy rápida. "Más de una vez pensé que él iba a morir", susurró su madre de veintidós años. “Estuve muy, muy preocupada". En 2007, Suazilandia, un diminuto país sin acceso al mar en el África austral, experimentó su peor sequía en 15 años. La consecuencia fue la escasez de alimentos, que pasó una dura factura a los niños. En respuesta, UNICEF trabajó con el gobierno para establecer centros de alimentación terapéuticos por todo el país. Una atemorizada Gabsile llevó a su hijo a uno de estos centros, donde le diagnosticaron desnutrición aguda. Las enfermeras le prescribieron Plumpy'nut un alimento terapéutico de alto valor proteínico. Pronto Siyabonga comenzó a mejorar. “Vi como iba mejorando, como iba ganando peso día a día ", dijo Gabsile. En mayo pasado, volvieron a su pequeña casa de barro. Siyabonga, bastante más gordito, iba sentado en el regazo de su madre, balbuceando e intentando alcanzar todo lo que estaba a su alcance. Ahora era como cualquier bebé de trece meses, inquieto y risueño. Su madre está muy agradecida.
El crecimiento deficiente antes del nacimiento o durante los primeros años de vida puede causar daños irreversibles: menor estatura en la edad adulta, menos capacidad de aprendizaje, lo que repercutirá en menor capacidad de generar ingresos y aumentará las desigualdades sociales ya existentes. Más información aquí
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