Por una recuperación con rostro humano

13/05/2013 | Actualizada a las 11:09h | Mundo
Una familia cruza un puente rudimentario para ir a Tebe-Zinho, Burkina-Fasso donde sus hijos serán vacunados y recibirán tratamiento médico.

Debido al fuerte impacto que está causando en los niños de todo el mundo tanto la crisis económica como las medidas de ajuste impulsadas por decenas de países, UNICEF insta a poner en marcha “una recuperación con rostro humano.”

La experiencia acumulada por UNICEF a lo largo de las tres últimas décadas, mediante análisis de situación y propuestas políticas para afrontar las sucesivas crisis económicas que han afectado a países de América Latina, Asia y África, le permite aportar un sólido conjunto de lecciones aprendidas, basadas en evidencias contrastadas y en recomendaciones políticas viables. 

El informe Por una recuperación con rostro humano recomienda garantizar que las necesidades de los niños ocupan el primer lugar a la hora de decidir la asignación de los recursos disponibles; dar prioridad a los indicadores sociales que evalúan el impacto de la crisis en las personas y familias; y promover un amplio diálogo social y político a nivel nacional para encontrar la “fórmula” adecuada para salir de la crisis de una forma equitativa y sostenible. 
 
El documento, realizado por el economista Tomás Jiménez y basado en contribuciones de expertos de todo el mundo coordinadas por UNICEF, destaca que las políticas de control presupuestario que tienen en cuenta de forma explícita las necesidades en materia de salud, nutrición, educación, empleo y vivienda dignos para los grupos de población más vulnerables, serán más adecuadas para proteger y promover el bienestar humano que aquellos planes que ignoran o consideran de forma secundaria o residual estas necesidades básicas. Esto significa que las políticas de ajuste y austeridad no sólo tienen que considerar si consiguen sus objetivos económicos sino también cómo los consiguen.
 

MILLONES DE NIÑOS Y FAMILIAS CADA VEZ COMEN MENOS Y PEOR

Tras analizar las tendencias de empleo y salarios, el precio de los alimentos y las medidas puestas en marcha contra la crisis en países de todo el mundo, UNICEF subraya que, una vez más, los niños y las familias más vulnerables son los más afectados por la crisis económica global
 
Millones de niños y familias en todo el mundo cada vez comen menos y peor. A principios de 2012, las familias de 55 países analizados en el informe estaban pagando un 80% más por los alimentos básicos en comparación con la situación anterior a la crisis de 2007-2008. El desempleo y subempleo masivos también están haciendo estragos y constituyen el rasgo común más significativo de la crisis global, que afecta tanto a los países desarrollados como en desarrollo. En 2012, 197 millones de personas, en una gran proporción jóvenes, no tenían trabajo
 
Muchas familias gastan cada vez menos en salud y se ven obligadas a aumentar las jornadas de trabajo, abandonar o dejar solos a los niños, e incluso a involucrarles en trabajos domésticos o fuera del hogar, lo que disminuye la asistencia de los niños a las escuelas. 
 

HAY FAMILIAS QUE PIDEN PRESTAMOS PARA COMER 

También está creciendo el endeudamiento. Hay familias en India que han llegado a pedir préstamos para poder comer o pagar la electricidad y que han llegado a vender hasta los utensilios de cocina. Estas tendencias se están observando sobre todo en las zonas más desfavorecidas del planeta, aunque comienzan cada vez más a darse también en las familias de las economías más ricas del mundo, con distintos niveles de intensidad. En algunos hogares europeos, el desayuno y la merienda ya han empezado a desaparecer
 
Todas estas señales evidencian que la capacidad de resistencia de las familias frente a la crisis cada vez es menor, lo cual hace que la inversión pública sea más necesaria que nunca.
 
La protección de los niños y de sus familias es una cuestión de principios, porque la inversión en la infancia más vulnerable es un imperativo moral y un medio esencial para lograr los objetivos de desarrollo acordados internacionalmente, entre ellos los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Pero es también una buena política económica, porque la inversión en la infancia y los grupos de población más desfavorecidos es necesaria para mejorar el capital humano e incrementar la productividad, así como para ampliar los mercados internos y generar un crecimiento económico inclusivo y sostenible.
 
La crisis económica actual y sus consecuencias sociales hacen necesario repensar las políticas y el actual modelo socio-económico a escala global. Hay alternativas para promover una recuperación económica socialmente responsable que no genere más desigualdad, que dé respuesta a las amenazas más inmediatas, como la inseguridad alimentaria y el desempleo juvenil, y que garantice una protección adecuada de la infancia y  sus familias, verdadero epicentro de los impactos de esta crisis global. 
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