Sahel: la información puede salvar vidas

06/04/2012 | Actualizada a las 09:43h |

Un niño es tratado con alimentación terapeútica en un centro terapeútico de Mao (Chad).

Por Dailo Alli, Jefe de Prensa de UNICEF España

Al llegar a cualquiera de los 400 centros de nutrición que UNICEF y sus aliados tienen diseminados por el árido horizonte del Sahel chadiano, lo primero que ven las madres que llegan a tratar a sus hijos es un enorme cartel con varios consejos escritos a mano. El primero de ellos es siempre el mismo: acudir a un centro nutricional, antes de usar la medicina tradicional.

Sin menospreciar el legado cultural conservado por sanadores durante muchos años, este consejo es especialmente crítico en casos graves, como aquellos en los que los niños sufren desnutrición. Algunas madres, desesperadas al advertir una extrema debilidad en sus hijos, los llevan a curanderos que usan prácticas nocivas, que casi siempre empeoran el estado de los niños.

Durante una de las visitas que realizamos varios periodistas hace unas semanas a un centro de desnutrición en Mao, en el noroeste de Chad, el responsable, Mustafa Ali Saboune, nos recibió con rostro compungido porque el padre de uno de los niños que estaban bajo tratamiento decidió llevarse el bebé para que lo viera un curandero.

No quería que su hijo continuara en aquel lugar gestionado por médicos, a pesar de que el niño había mejorado considerablemente. Consideraba que las prácticas tradicionales eran más eficaces, ignorando que con aquel gesto condenaba a muerte a su hijo de apenas unos meses de vida.

Los primeros mil días son fundamentales

Por esta razón no es de extrañar que, además de suministrar tratamiento terapéutico y realizar muchas otras intervenciones de emergencia, los profesionales de UNICEF que trabajan en estos centros dediquen parte de su tiempo a sensibilizar a madres y padres.

A contarles lo beneficiosa que es la lactancia materna exclusiva durante los primeros meses de vida o cómo evitar el contagio de enfermedades diarreicas con prácticas sencillas como lavarse las manos con jabón, un gesto con el que se podrían salvar las vidas de más de 3,5 millones de niños al año en todo el mundo.

O algo tan importante como saber detectar que un niño sufre desnutrición mediante exploraciones muy sencillas en la piel que pueden hacer los propios padres y que puede ayudarles a llevar a tiempo a sus hijos a los profesionales adecuados.

Prácticas que resultan fundamentales en los mil primeros días que transcurren desde el embarazo hasta que el bebé cumple dos años. Un periodo en el que se produce el desarrollo básico del niño, como hemos contado en la campaña Dona 1 día desde hace meses.

La falta de una alimentación y atención adecuadas durante esta etapa produce daños físicos y cognitivos irreversibles que afectarán a la salud y al desarrollo intelectual del niño durante el resto de su vida.

Y eso también se enseña en estos centro, en los que los médicos van de un lugar a otro llevando materiales médicos para hacer controles, administrar vacunas o tratamientos a los niños más vulnerables.

Ejemplos muy concretos que demuestran la enorme importancia de la sensibilización en la lucha contra la desnutrición infantil y otras enfermedades prevenibles. Porque  transmitiendo conocimiento y compartiendo esa valiosa información por cada pueblo o comunidad, se está evitando que los niños enfermen o mueran.


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