Mauritania: la única aspiración de una madre es que sus hijos sobrevivan

25/06/2012 | Actualizada a las 18:02h |
Souweilike con su hija Iunma en la campaña de reparto de alimento suplementario para prevenir la desnutrición llevada a cabo por el Ministerio de Salud y UNICEF. Kiffa, Mauritania. Junio 2012

Por Diana Valcárcel, Coordinadora de Proyectos de Comunicación, UNICEF ESPAÑA

Después de un largo viaje atravesando 600 kilómetros de desierto llegamos ayer a Kiffa, una ciudad al sur del país y la tercera más poblada. Nada más salir de la capital: las dunas, una arena roja preciosa y los primeros camellos. Más adelante la planicie con pequeños arbustos sobre la arena unas veces más rojiza, otras más blanca. 
 
Se supone que la temporada de lluvias es de junio a agosto, pero este año las perspectivas no son buenas. Veo animales muertos al borde de la carretera. Por lo que nos cuentan, no es anormal en esta temporada del año, pero con la sequía ha empeorado la situación y mueren muchos más por la falta de pasto; algunas vacas comen piedras que las matan. Es un panorama desolador. 
 
Comenzamos el día en Boughadoom, una aldea a unos 30 kilómetros de Kiffa en la que se va a llevar a cabo una campaña de prevención contra la desnutrición. Se trata del reparto de alimento suplementario para todos los niños de entre 6 y 24 meses que contiene los micronutrientes y calorías necesarios para que el niño esté sano. Es una pasta calórica de aspecto marrón claro, hecha de pasta de cacahuete y que se reparte en botes de 375 gramos.
 
El reparto se lleva a cabo en una carpa al lado del centro de salud de la aldea. Las madres y los niños aprovechan las sombras de los tres árboles que hay alrededor durante la espera. Me acerco a hablar con una de ellas. Se llama Souweilike y viene con sus tres hijos. La más pequeña, Iunma, tiene un año y es la que recibirá este apoyo nutricional. “Por la sequía me cuesta encontrar comida para mis niños”.
 

El medidor indica verde para Iunma

La operación comienza: se les reparte unos papeles con su turno y hacen cola delante de la carpa. A Souweilike le ha tocado el número 24, así que aprovechamos para hablar durante la espera. Es muy alegre, gesticula mucho.  Le pregunto qué le da de comer a su hija, me dice que pan y leche, y que se gana la vida haciendo cous cous. Ya es su turno y pasa dentro de la carpa. 
 
A la niña le miden el perímetro del brazo que indica su estado nutricional: rojo señala desnutrición aguda grave, amarillo, desnutrición moderada y verde que el niño está bien. El perímetro del brazo de Iunma marca verde, lo que no quiere decir que no esté expuesta a sufrir desnutrición.  Su madre ya nos ha contado el reto diario de encontrar algo que llevar a la boca a sus hijos.
 
Me impresiona ver a los lugares tan remotos a los que UNICEF llega para prevenir que haya más niños que mueran y para apoyar a los más vulnerables. Y no solo me impresiona dónde llega sino el compromiso, el esfuerzo y la enorme profesionalidad con la que lo hace.
 
En Boughadoom se repartirá alimento para 159 niños, pero en toda la región esta campaña alcanzará a 70.000 niños. La campaña está organizada por el Ministerio de Salud, y UNICEF la apoya con la provisión del alimento suplementario y con el trabajo de formación técnica y seguimiento que hace con el personal de salud.
 
El enfermero le da a Souweilike una tarjeta y pasa a la mesa donde anotan los datos de la niña y la entregan el alimento suplementario en 4 botes. Le tendrá que dar una cucharada sopera tres veces al día durante un mes.  Algo que probablemente salve a Iunma de la desnutrición. “Para mis hijos solo pido que estén sanos y que no tengan enfermedades”, dice  antes de despedirse. No pide grandes cosas: solo que sus hijos sobrevivan. 
 

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