Siria: cruzando la frontera a Irak

18/09/2013 | Actualizada a las 13:48h |
Selwa,la segunda por la derecha, espera a entrar en Irak.

Post de Wendy Bruere, Especialista en Comunicación de UNICEF.

Recientemente conocí a una madre de 19 años, a su llegada a la frontera en el norte de Irak, después de huir de Siria. Nawroz llegó a pie, bajo la lluvia, con su hija de cuatro meses en brazos. Me habló de un atentado en Damasco y del miedo que había pasado.

 
Para llegar a la frontera desde Domiz, a 60 kilómetros de distancia, viajé con dos coches blindados y un escolta policial. Nawroz abandonó Damasco en coche, pero el tramo final de su viaje fue una caminata de cinco kilómetros a través del desierto, de una montañosa tierra de nadie entre Siria e Irak. Había estado lloviendo durante cuatro días, me contaron.
 
Nawroz temblaba mientras hablaba con ella, su cabello oscuro goteaba y su delgada capa roja estaba empapada. Su marido, en la cola del mostrador de registro, tenía también su camiseta empapada. Pero su hija, Ava, se encontraba cálida y seca. Ella balbuceó, agarrando mis dedos con fuerza, mientras yo jugaba con ella. Milagrosamente, Nawroz había mantenido seca a Ava, envolviendo al bebé en capas y capas de ropa. Un compañero de trabajo me comentó en voz baja lo bien que Nawroz había cuidado de su bebé. "Y ella es sólo una niña".
 
Tenía un jersey conmigo. Se lo ofrecí a Nawroz, pero ella se negó, tomó mi mano y me sonrió. Su mano estaba helada y seguía temblando. Miré a mi compañero (un árabe parlante) en busca de ayuda. No quería avergonzar a Nawroz insistiendo -tampoco quería asumir que alguien tendría necesariamente que desear mi desaliñado jersey de segunda mano- pero odiaba tener que verla pasar tanto frío, pudiendo hacer algo al respecto.
 

UNA SITUACIÓN QUE NO DEJA DE REPETIRSE

Trabajando en respuestas de emergencia, especialmente en comunicación, veo una gran cantidad de dolor y sólo puedo ayudar de una manera indirecta ("Está bien, voy a escribir la historia, para dar a conocer lo necesaria que es la financiación que debe llegar, y así UNICEF pueda suministrar mejor X, Y o Z "), por lo que es fácil emocionarse cuando creo que hay algo inmediato que pueda hacer, por pequeño que sea. 
Ver video
 
Otras personas que conocí en la frontera hacían trayectos similares. Una niña de 10 años, también empapada, me dijo que había estado caminando durante dos horas y sufría cansancio y frío. Lina, de 22 años, llevaba a su bebé de 11 meses, y me contó que ella y su marido sólo tuvieron tiempo para coger unas bolsas de ropa de Siria. Selwa, embarazada de ocho meses, me narró, mientras esperaba bajo la lluvia para registrarse en el campamento de Domiz, que su viaje había sido "difícil".
 
Desde que me marché al puesto fronterizo, UNICEF ha terminado de construir allí un área cubierta, junto con las letrinas y las fuentes, para que los recién llegados tengan un techo y acceso a servicios básicos mientras esperan -a menudo durante muchas horas- para registrarse en Irak.
 
Con la enorme cantidad de ciudadanos sirios que llega a Irak y un incremento aún mayor del número de refugiados -en tan sólo los últimos seis meses, el número de refugiados en Irak se ha triplicado, pasando de 50.000 el pasado noviembre a más de 150.000, estos servicios básicos deben contribuir a que los recién llegados tengan un recibimiento algo más digno en Irak.
 
Entre ellos, podrían encontrarse los padres de Nawroz, quienes, según me contó, planeaban seguir sus pasos hasta Irak.

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